Charles Robert Maturin (1782-1824) es conocido sobre todo por su gran novela Melmoth el Errabundo, una soberbia historia gótica que trata de un joven que descubre la historia de un antepasado suyo que lleva doscientos años en el mundo, apareciéndose a la gente y que está en momentos críticos para tentarlos con oscuras proposiciones… Maturin fue un predicador protestante anglo-irlandés (ordenado por la Iglesia de Irlanda), dramaturgo y escritor. Uno de los grandes de la novela gótica.
Empecé a leer Venganza fatal o la familia de Montorio incitado por dos hechos bastantes notables: mi amor hacia Melmoth el Errabundo (creo que la mejor novela gótica que he leído), una de las novelas largas que más recomiendo; pero también por el fervor o la insistencia de un amigo y su devoción compartida por leer algo más de ese autor perdido que ahora yace en el confín de los tiempos.
¿Y a qué editorial hay que recurrir para poder leer joyitas como ésta? Obviamente, todos sabemos que Editorial Valdemar es la madre nodriza del Terror en este país, la más rica en textos de horror de alta calidad, diamantes en bruto del género gótico.
Lo bueno de esta literatura es que en apenas 50 hojas ya te encuentras perdido entre sus páginas y el ansia por saber, crece como un liquen en el margen de un riachuelo perdido en el Bosque Negro. Sinceramente, me esperaba de Venganza fatal o la familia de Montorio una historia mal llevada, ya que fue la primera novela de Maturin, y jamás la había visto nombrada en ningún debate, foro, ni nadie me la había comentado antes.
Pero las secuelas son enormes o como se suele decir, la sorpresa ha sido mayúscula, pues os puedo asegurar que el libro tiene la misma fuerza que la historia de Melmoth, y su lenguaje exquisito es mantenido de principio a fin. Descripciones perfectas, nada extensas, más bien precisas, y encima, un trasfondo que atrae mucho más; tentaciones hacia la oscuridad, un castillo enorme y lúgubre, la perdición de una familia y la incesante lucha por una vida que nunca se recupera… Como os decía, en apenas cincuenta páginas ya alucinaba, pero cuando la terminé, me quedé sin palabras. Todos los halagos son pocos.
Fruto de la pasión por las literaturas clásicas, nació su primera novela, Venganza fatal o la familia de Montorio, Maturin la publica en 1807 con el seudónimo de Dennis Jasper Murphy. El mismísimo Walter Scott, autor de Ivanhoe, no escatimaría en elogios hacia el texto y quedaría maravillado para siempre con el autor.
Venganza fatal o la familia de Montorio es un relato oscuro, una maraña de historias, donde Maturin va contando a tiempo parcial, las zozobras de Ippolito y de Annibal, los hermanos Montorio, con los que viajamos a pie y a caballo por buena parte de la región de Nápoles. Sobre ellos se cierne la influencia de un personaje siniestro, “el desconocido” para Ippolito y “el confesor” para Annibal. Una fatalidad personificada que traba las vidas de los moradores del castillo de Muralto –formidable, ennegrecido y silencioso–, residencia de la familia Montorio, y donde sus destinos se deslizan de forma inexorable hacia una inevitable catástrofe final.
«Me agarré por una influencia que me heló. La mano fría y huesuda estaba sobre mí; la sangre en mis venas emocionó y se arrastró como el movimiento en frío de un gusano… Yo sabía que estaba entre los muertos… ».
Escrito con el expreso deseo de contrarrestar la cómoda familiaridad con la que las historias de fantasmas se estaban escribiendo, Venganza fatal o la familia de Montorio comienza con una introducción a cargo de un oficial italiano anónimo en el sitio de Barcelona en 1697. A partir de este principio la dramática historia de los Montorios -familia distinguida, aunque reconocida su maldad por un pasado turbio-, va tomando forma. Tanto que a ratos formas parte de ella. Alucinas presenciando como el actual conde Montorio, “oscuro, silencioso y solitario”, ha alcanzado la riqueza y la posición a través de la prematura muerte del conde anterior y toda su familia, en circunstancias sospechosas. Vives un romance desgarrador en la más pura tradición gótica. Una narración poblada de personajes decadentes, extravagantes, y a menudo, atractivos como el padre Schemoli, un pájaro agorero muy amigo el conde.
Es un libro del que no gusta revelar nada. Un entorno donde se masca la tragedia constante. Quinientas páginas que devoras como alma que lleva el diablo. El propio autor la denominó como una historia para “devotos de la pasión hacia el miedo sobrenatural”. Todo en ella mola. Incluso en ocasiones, te sientes “cómodo” presenciando los horrores o apariciones que castigan a la familia Montorio…
Por ello, destaco mi asombro por la poca aceptación en ventas que tuvo este libro en su día. ¿Poca publicidad? ¿Desconocimiento del lector constante? Quizás la portada no le hace justicia al excepcionalmente escrito, y traducido, que lleva dentro.
Una historia que promete y no decepciona. A eso añádele Terror del bueno, y unas páginas finales absolutamente soberbias. Solo me queda hacer, una vez más, otra genuflexión a Editorial Valdemar por traernos a nuestro idioma estos títulos.
¡Y que paren! ¡Qué me duelen las rodillas!
Yo fui quien recomendó fervientemente esta impresionable obra a el amigo Nacho.
Me alegro que te haya gustado tanto y que coincidamos en su grandeza.