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Reseña: Afilado como un blues a medianoche, de Javier Márquez Sánchez

Afilado-como-un-Blues-a-MedianocheA Javier Márquez Sánchez le deberían dar el premio al mejor traductor. Y no, no es algo malo. Todo lo contrario: acercarse a su última novela Afilado como un blues a medianoche (Salto de Página, 2013) es todo un placer para los lectores de género negro clásico.

Por un lado, Márquez tiene un estilo asombrosamente americano, pulido y sin fisuras, repleto de diálogos cínicos y geniales. Pero no solo eso, sino que además es capaz de recrear una época, los años sesenta, y a muchos de los célebres habitantes de aquellos convulsos tiempos.

La novela arranca como un tiro: Marilyn Monroe yace muerta en su habitación. Allí acude Eddie Bennett, alias Siete Vidas, para resolver el problema. Porque es un pedazo de problema que no os podéis imaginar que salpica al mismísmo JFK. Desvelar más de la trama es hacerle un flaco favor al lector que se encontrará con grandes sorpresas en cada capítulo.

Uno de los mayores problemas que puede tener acercarse a una obra como esta es la cantidad de datos, nombres y fechas que maneja Javier Márquez. Aquellos que no conozcan la historia americana se pueden perder al principio: referencias al FBI, la CIA, Hoovert, los Kennedy, Frank Sinatra, Marilyn, Sammy Davis Jr, así como un gran número de mafiosos, todos los cuales tienen grandes apariciones durante toda la novela. Y son solo unos cuantos ejemplos.

A Bennett ya lo conocimos en la anterior obra, Letal como un solo de Charlie Parker, también publicada en Salto de Página y por la que obtuvo el Premio Novelpol 2013. Se trata de un tipo que le soluciona problemas a mafiosos y gente de la farándula. De ahí que recurran a él cuando hay que sacar la basura.

Eddie Bennett se convierte en el protagonista absoluto de esta historia, contándolo todo en primera persona, describiendo cada paso que da en los dos años que abarca la trama. Un personaje capaz de callarle la boca al Fiscal Bobby Kennedy, de tutearse con estrellas del cine como Dean Martin o de mantenerse firme ante Momo Giancana, uno de los mafiosos más poderosos de aquellos años.

La novela es absolutamente independiente de la anterior, por lo que no hay problema para acercarse a Afilado como un blues a medianoche. De hecho, esta segunda entrega es mucho más ambiciosa en todos los aspectos, y me atrevería a decir que más redonda.

Como decía al principio, Afilado como un blues a medianoche roza la brillantez. Si me dijeran que es la traducción de una novela póstuma de Raymond Chandler, contestaría: ya me lo imaginaba.

Reseña: Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso

esta-noche-ardera-el-cieloHay novelas que te atrapan desde la primera página, que se leen de una sentada y, aunque no te llevan demasiado tiempo, piensas en ellas días y semanas después. Eso es lo que nos ofrece Emilio Bueso con su última novela titulada Esta noche arderá el cielo (Salto de Página, 2013): un recorrido vertiginoso por literatura adictiva y no por ello menos cargado de mensaje.

Mac arregla motos. No tiene nada que hacer salvo pasar el tiempo, y reparar carburadores se le da bien. Tuvo un rollo con Perla hace años que lo dejó marcado, y ahora Perla ha regresado. Al intentar revivir el viaje iniciático que terminó en polvo años atrás, comenzará su particular pesadilla. Indios narcotraficantes, mercancía peligrosa, astrónomos aficionados, agentes del gobierno y hasta Dios se dan cita en la Transtaiga, la carretera más remota del mundo que transita los confines de Canadá entre taiga, árboles y auroras boreales.

Emilio Bueso nos regala otra historia sin bozal, dura, a ratos emotiva, de acción sin tregua y suspense constante. Su prosa cortante nos lleva desde las marcas en la cara de Mac hasta las estrellas más lejanas, comparando aspectos incomparables, jugando con las palabras y retorciéndolas a su gusto para crear dobles sentidos : “Siguió confiando en todo cuanto hizo e hizo cuanto todo había que hacer en confianza” o “se jubiló cargado de júbilo”. Son solo dos ejemplos, pero que van mucho más allá en la mano de un Bueso que construye metáforas perfectas.

Porque esta novela es una metáfora. Tiene forma de western, transita por el terror, la acción, la Ci-Fi y hasta el costumbrismo, pero no deja de ser la historia de un tipo que va en línea recta hacia ninguna parte, tratando de huir de una vida vacía en pos de un recuerdo que hace tiempo se diluyó en su memoria. A los lados, vegetación y peligro. Aquí lo importante es el viaje, mirar las estrellas, acelerar con la moto y disfrutar del camino, sobre todo disfrutar del camino.  Después, que cada cual lo interprete como quiera.

El autor hace virguerías en este libro. Se da el lujo, por ejemplo, de prescindir casi de diálogos, de hacer desaparecer al protagonista durante cien páginas, de borrar la línea entre hombres y monstruos, o de convertir el amor verdadero en desprecio absoluto. Es muy complejo hacer cosas así y salir airoso, y Bueso lo consigue con creces.

No hay nadie que entienda la fantasía-terror-acción como Emilio Bueso. Deslumbró con Diástole y se disparó con Cenital. Cada novela suya es una magnífica obra que no debéis perderos.