Nathaniel Drinkwater ha obtenido, tras largos años de duro servicio, el mando de un navío. La cañonera Virago no es precisamente el barco que hubiese elegido, pero tiene el convencimiento de que puede lograr grandes cosas a bordo del mismo. La oportunidad de llevar a buen término sus ambiciones llegará cuando una flota británica se dirija a lanzar un ataque contra los daneses. Sin embargo, tendrá que hacer frente a algo mucho más peligroso que el fuego enemigo y la furia de los elementos: su hermano reaparecerá en su vida solicitándole ayuda para eludir la horca tras haber cometido un crimen pasional. A riesgo de perder lo que tanto esfuerzo le ha costado lograr, el joven teniente dará asilo al fugitivo en su nuevo buque, enrolándole como un marino voluntario con nombre falso. Y ese gesto noble hará que Drinkwater descubra entre su tripulación tanto a un elemento miserable que tratará de chantajearle, como a algún inesperado aliado que le ofrecerá su apoyo incondicional.
Las novelas históricas de corte naval conforman un subgénero que se ha ido nutriendo con un buen número de obras de lo más interesante a lo largo de los años. Entre los abundantes libros que se adscriben a esta corriente narrativa, destacan sagas tan conocidas como las de Horatio Hornblower (de Cecil Scott Forester), la de Jack Aubrey (de Patrick O’Brien) o la de Nathaniel Drinkwater, creada por Richard Woodman y de la cual Cañones de guerra (publicada por Pàmies) es la cuarta entrega. Las tres novelas precedentes, El vigía de la flota, El navío del rey y Un bergantín de guerra también aparecieron en su día en la colección histórica de la editorial madrileña (siempre con unas magníficas ilustraciones de portada, por cierto).
Richard Woodman, marino con más de cincuenta años de experiencia surcando mares y océanos, recrea en Cañones de Guerra un hecho histórico poco conocido: el ataque al que sometió la flota inglesa a Copenhague. El autor londinense consigue con su estilo ágil y tremendamente visual que nos veamos inmersos en las diversas escaramuzas, hasta sentirnos saturados por el olor de la pólvora y salpicados por la sangre que solía acabar cubriendo las cubiertas de los navíos de guerra. En el cumplimiento de su misión, Drinkwater compartirá momentos con personajes reales tan importantes como el mismísimo almirante Nelson, e intentará destacar en sus cometidos con la esperanza de conseguir, al fin, el tan merecido ascenso a capitán.
El tipo de narración que aguarda entre las páginas de un libro como el que nos ocupa no es apto para todo tipo de lector. Hay que superar el importante escollo que representa la terminología marítima, especialmente toda la relacionada con las partes de un navío y las acciones que los marineros llevan a cabo en el mismo. Pero si uno cuenta con unos mínimos conocimientos sobre el tema (o, en su defecto, tiene acceso a algún diccionario de términos náuticos), y se siente cómodo entre gavias, imbornales y trinquetes, le aguarda una experiencia aventurera inolvidable. Una experiencia que confío en repetir cuando la editorial publique la siguiente entrega de la serie.








