Archive for enero 2012

Reseña: La paciencia de los huesos, de Charlaine Harris

Aproximadamente un año después del final de Unos asesinatos muy reales, la vida de Aurora Teagarden ha cambiado radicalmente. A nivel afectivo, tras salir durante una temporada con el detective Arthur Smith, la relación acabó no demasiado bien. Por otra parte, su otro pretendiente, el escritor Robin Crusoe, cambió de ciudad por motivos laborales.

Pero el mayor cambio experimentado en la normalmente apacible existencia de Aurora es la inesperada herencia que recibe tras la muerte de Jane Engle, miembro del disuelto club Real Murders al que también pertenecía la joven bibliotecaria. De la noche a la mañana, nuestra protagonista pasa a ser dueña de la casa de la fallecida, de una importante cantidad de dinero y de una gata que le deparará más de una sorpresa. Ah, y también pasará a ser propietaria de una calavera que la difunta Jane escondió concienzudamente en su hogar, y que alguien parece dispuesto a recuperar a toda costa.

La paciencia de los huesos, segunda entrega de la serie protagonizada por Aurora “Roa” Teagarden, es una novela muy distinta a su predecesora. Si en Unos asesinatos muy reales asistíamos a una serie de muertes brutales y a la consiguiente investigación para esclarecer quién las había cometido, en el libro que nos ocupa el misterio a resolver (la identidad del cadáver cuyo cráneo encuentra Aurora, así como la de su asesino) es de mucha menor entidad. Cobran aquí mucha más importancia los personajes secundarios que rodean a la protagonista, su nuevo interés amoroso (un atractivo sacerdote), las decisiones que decide tomar tras saberse rica de la noche a la mañana, o su interacción con la gata que, involuntariamente, también hereda de Jane Engle.

La cotidianeidad se apodera de la trama y, curiosamente, lo hace sin que la lectura se haga monótona ni aburrida. Charlaine Harris convierte sus descripciones del día a día de Aurora Teagarden en una pequeña delicia, consiguiendo dotar a su personaje de vida de un modo encantador. Así, por una vez, una novela de misterio deja a un lado la resolución de dicho misterio y deviene en una semblanza biográfica de una joven cuyos pensamientos e inquietudes personales se enseñorean de la narración.

Evidentemente, nos encontramos ante un libro que, con toda probabilidad, no atraerá a los seguidores más “hard” de la narrativa detectivesca. Sin embargo, quien aparque sus prejuicios y desee simplemente gozar de una lectura ligera y agradable, encontrará con creces lo que busca en La paciencia de los huesos.

Una vez más, me quedo con ganas de saber qué le depara el futuro a la buena de Aurora. A ver si, con un poco de suerte, no tardo demasiado en salir de dudas.

El Páramo

Un comando de 9 soldados de las fuerzas armadas, entrenados especialmente para la lucha contra la droga, es enviado a una base militar situada en un desolado páramo de Colombia. Se cree que la falta de respuesta, por parte de la base, es debido a un ataque de la guerrilla.

Tras su llegada, la única persona que encuentran se trata de una campesina que está fuertemente encadenada. Gradualmente, la soledad y la incapacidad para comunicarse con el exterior, mina la cordura de los soldados, haciéndoles perder la certeza sobre la verdadera identidad del enemigo y, sobre todo, causándoles una profunda paranoia sobre la naturaleza de la extraña y silenciosa mujer. Prisioneros del miedo, la desconfianza y del oscuro secreto que portan, comienzan a enfrentarse el uno contra el otro, como si de animales luchando por la supervivencia se tratase.

La cinta se estrenó en cines de toda Colombia el pasado siete de octubre de 2011. Pero la idea es presentaros noticias sobre la ópera prima de Jaime Osorio, una coproducción entre Argentina, España y, como país director, Colombia. El Páramo (The Squad para su distribución anglosajona) se trata de una cuidada cinta, sobre todo poseedora de una espectacular fotografía, que mezcla cine bélico con thriller y horror. Mucho horror.

Reseña: La casa de la seda, de Anthony Horowitz

Si tuviera que elegir un único personaje literario como mi favorito de todos los tiempos, ese sería sin duda Sherlock Holmes. No solo he leído en numerosas ocasiones todo lo que Sir Arthur Conan Doyle escribió en su día sobre el gran detective, sino que en mis estanterías se acumulan docenas de pastiches de la más diversa procedencia y, por supuesto, de calidad dispar.

No es de extrañar, entonces, que me sintiera entusiasmado al conocer de la existencia de una nueva novela protagonizada por Holmes y su colega el Doctor Watson. Novela que, por primera vez en la historia, cuenta con la autorización expresa de los herederos de Conan Doyle.

Pues bien: tras leer La casa de la seda comprendo perfectamente las razones por las cuales se ha equiparado (salvando las distancias, por supuesto) la obra de Anthony Horowitz con la del creador del detective más famoso de todos los tiempos. Y es que Horotwitz ha conseguido reproducir el estilo literario de Doyle (¿o debería decir de Watson?) con una fidelidad asombrosa, al tiempo que nos ofrece una historia que atrapa desde la primera línea.

Todo lo que cabría esperar se encuentra entre las páginas de esta magnífica novela: las sorprendentes deducciones de Holmes, un misterio sencillo en apariencia que se acaba convirtiendo en la canónica madeja enmarañada, Lestrade, Mycroft Holmes y el Club Diógenes, la señora Hudson, los Irregulares de Baker Street… Y más de una sorpresa que no cabe desvelar aquí, pero que todo conocedor del Canon holmesiano saboreará con verdadero deleite.

La trama, narrada por un anciano Watson y confiada (debido a la escabrosa naturaleza de la misma) a la mítica caja guardada a buen recaudo en la cámara acorazada de Cox & Co. (de la que tantas aventuras no canónicas han ido surgiendo año tras año) se inicia con la visita de un atribulado marchante de arte al 221B de Baker Street. Edmund Castairs se cree perseguido por un peligroso criminal que busca venganza por la muerte de su hermano en los Estados Unidos, muerte en la que Castairs tuvo algo que ver de manera tangencial.

No obstante, según avance la investigación, descubriremos que lo que parecía un caso de lo más rutinario acabará por tener ramificaciones insospechadas, sobre todo cuando aparezca en el desarrollo del mismo el nombre de la misteriosa Casa de la Seda. Lo que se esconde tras dicha denominación es algo que Holmes jamás habría imaginado, algo que llegará a suponer una amenaza para su propia vida.

La casa de la seda es, pues, una extraordinaria narración detectivesca que agradará a cualquier aficionado al género. Y si dicho aficionado es además un holmesiano de pro, puedo garantizarle que disfrutará de cada página de la novela como si se encontrase ante una obra surgida de la prodigiosa pluma del maestro Doyle. O casi, vaya. Que no es poco.