Aproximadamente un año después del final de Unos asesinatos muy reales, la vida de Aurora Teagarden ha cambiado radicalmente. A nivel afectivo, tras salir durante una temporada con el detective Arthur Smith, la relación acabó no demasiado bien. Por otra parte, su otro pretendiente, el escritor Robin Crusoe, cambió de ciudad por motivos laborales.
Pero el mayor cambio experimentado en la normalmente apacible existencia de Aurora es la inesperada herencia que recibe tras la muerte de Jane Engle, miembro del disuelto club Real Murders al que también pertenecía la joven bibliotecaria. De la noche a la mañana, nuestra protagonista pasa a ser dueña de la casa de la fallecida, de una importante cantidad de dinero y de una gata que le deparará más de una sorpresa. Ah, y también pasará a ser propietaria de una calavera que la difunta Jane escondió concienzudamente en su hogar, y que alguien parece dispuesto a recuperar a toda costa.
La paciencia de los huesos, segunda entrega de la serie protagonizada por Aurora “Roa” Teagarden, es una novela muy distinta a su predecesora. Si en Unos asesinatos muy reales asistíamos a una serie de muertes brutales y a la consiguiente investigación para esclarecer quién las había cometido, en el libro que nos ocupa el misterio a resolver (la identidad del cadáver cuyo cráneo encuentra Aurora, así como la de su asesino) es de mucha menor entidad. Cobran aquí mucha más importancia los personajes secundarios que rodean a la protagonista, su nuevo interés amoroso (un atractivo sacerdote), las decisiones que decide tomar tras saberse rica de la noche a la mañana, o su interacción con la gata que, involuntariamente, también hereda de Jane Engle.
La cotidianeidad se apodera de la trama y, curiosamente, lo hace sin que la lectura se haga monótona ni aburrida. Charlaine Harris convierte sus descripciones del día a día de Aurora Teagarden en una pequeña delicia, consiguiendo dotar a su personaje de vida de un modo encantador. Así, por una vez, una novela de misterio deja a un lado la resolución de dicho misterio y deviene en una semblanza biográfica de una joven cuyos pensamientos e inquietudes personales se enseñorean de la narración.
Evidentemente, nos encontramos ante un libro que, con toda probabilidad, no atraerá a los seguidores más “hard” de la narrativa detectivesca. Sin embargo, quien aparque sus prejuicios y desee simplemente gozar de una lectura ligera y agradable, encontrará con creces lo que busca en La paciencia de los huesos.
Una vez más, me quedo con ganas de saber qué le depara el futuro a la buena de Aurora. A ver si, con un poco de suerte, no tardo demasiado en salir de dudas.

