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Reseña: Bajo la misma estrella, de John Green

Bajo-la-misma-estrellaHay libros que puedes leer y encariñarte con los personajes para luego tener un recuerdo vago de ellos. Bajo la misma estrella, no es uno de esos. Aquí encontrarás personajes con los que te encariñarás, reirás y llorarás y después de leerlo los recordarás de la misma manera, pues estos están tan vivos que te parecerá que existen.

Bajo la misma estrella, nos cuenta la historia de Hazel Graze Lancaster, una chica de dieciséis años que sufre desde los trece un cáncer de tiroides en fase IV extendido a los pulmones y es tratada con un medicamento experimental. Su vida consiste en dormir mucho, porque su médico le dice que es bueno, ver realitys, leer una y otra vez su libro favorito “Un dolor imperial” y asistir, en ocasiones, a un grupo de apoyo para jóvenes con cáncer. Allí conocerá a Augustus Waters que va de acompañante de su amigo Isaac que padece un cáncer ocular. Aquí empezará una historia de amistad juvenil, algo azucarada en ocasiones que destilará risas y llanto, mucho llanto. Porque, por si no ha quedado claro, por encima de todo, esta es una historia sobre el cáncer.

Para ser una novela juvenil tiene partes muy duras. Una de las frases que se pueden encontrar, es al principio de la novela. Personalmente, quedé marcado, porque la encuentras en la primera página, ya en el segundo párrafo.

“Cuando leemos un folleto sobre el cáncer […] vemos que sistemáticamente incluyen la depresión entre los efectos colaterales […]. Pero en realidad la depresión no es un efecto colateral del cáncer. La depresión es un efecto colateral de estar muriéndose.”

Aunque también se pueden encontrar frases dichas por los protagonistas, que parecen salir de la boca de un niño de diez años (aquí pondría un fragmento pero la más relevante está tan al final que conllevaría un spoiler). Pero siempre con ese halo de humor lacrimógeno con escenas o frases de humor negro, lo que se consideraría, políticamente incorrecto. Pero cuando es el mismo personaje el que se mofa de su propia condición y destino hace que la risa sea tierna y que te encariñes más con él.

Por otro lado la manera de escribir del autor hace que la lectura sea amena y rápida (en una noche se termina), aún con sus partes filosóficas que te harán parar de leer y preguntarte qué es lo que quiere decir John Green y qué tiene que ver con el personaje en cuestión frente a la novela en su conjunto. La caracterización, aunque mejorable, destaca por estar bastante conseguida. Es imposible no encariñarte con los protagonistas.

Un posible punto en contra sería la evidencia de los eventos, pues antes de que ocurran sabes que van a pasar. Aún así el conocimiento previo no evita el sentimiento posterior.

El libro en cuestión cuenta con trescientas páginas, de las cuales ten por seguro, que si eres de lágrima fácil soltarás alguna durante toda la novela, pero las últimas cien páginas… Las últimas cien páginas no dan tregua. Prepara los kleenex porque tus ojos parecerán una fuente. Cuando me enfrenté a la lectura pensé que sería algo equiparable a “Un puente hacia Terabithia” o “Las ventajas de ser un marginado”, pero va muchísimo más allá que, incluso, las dos juntas.

Esta es una novela que si bien está más indicado para un público joven, puede ser leída por personas más adultas, es posible que sea comprendida mejor, dada la madurez y complejidad que destilan algunas partes.

Como datos adicionales:

El personaje protagonista Hazel Grace, narradora de la historia, está basado en una amiga de John Green llamada Esther Earl que sufrió la misma enfermedad que se describe en el libro.

La novela tiene una adaptación cinematográfica que si bien le hace justicia, no es tan fiel como esperaba, faltando datos importantes y haciendo necesaria la lectura para su comprensión.

Así que sin dudarlo, joven o adulto, esta es una buena novela con la que sin duda disfrutarás y que sirve también para desobstruir los lacrimales.

¿Vale?

Vale.