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Reseña: El color del cielo, de Santiago Morata

El color del cieloDos mundos diferentes. El primero lucha por sobrevivir día a día los efectos de un planeta que trata de depurar los excesos que se han cometido a lo largo de los siglos, mientras que en el segundo una nueva semilla comienza a germinar. Dos vidas conectadas entre sí por medio de los sueños. Una fascinante obra futurista que la editorial Nowtilus pone a tu disposición. Santiago Morata, aclamado autor de novela histórica, demuestra su desenvoltura en el terreno de la ciencia ficción, donde serás partícipe de una historia conmovedora y apasionante, donde un mensaje quedará grabado en tu mente: cambiar nuestro modo de vida. Peter vive en el primero de estos mundos, en un futuro no muy lejano al nuestro. En estas tierras baldías aún tiene la esperanza de que los cielos vuelvan a abrirse y la fauna y la flora vuelvan a ser como antaño, antes de que el clima mundial diese un vuelco inesperado, de que los polos se calentaran y diesen lugar a una serie de inundaciones que acabaron con gran parte de la población del planeta.

Poco tiempo después, una sucesión de terremotos hizo mella entre los escasos supervivientes, diezmando considerablemente las metrópolis que habían resistido el primer desastre. La economía ha caído y los cielos son de un misterioso color anaranjado, muy parecido al del óxido, que arroja lluvia ácida a las ciudades que han logrado mantenerse en pie, como Madrid. Allí vive Peter, en una ciudad que ocupa un 10% de su tamaño hace apenas un siglo, junto con su novia Julia, la hija del alcalde…

Por otro lado, Pol vive en el segundo mundo, o lo que es lo mismo: en el pasado. Aquí el cielo es de un azul hermoso, si no fuera porque habita dentro de una cueva donde los sabios ancianos no le permiten salir al exterior.

Pol tiene el presentimiento de que los ancianos lo mantienen con vida porque lo consideran como una especie de visionario que les trasmite sus revelaciones a través de los sueños, aunque no tiene duda de que estos hombres pueden acabar con su vida en cualquier momento, al igual que lo hicieron con la de su padre, el primer explorador que tuvieron en la gruta. Para Pol, la cueva es un lugar oscuro y sus habitantes creen en una cuya deidad que para él no significa nada, todo lo contrario con lo que puede haber más allá de esta insoportable oscuridad llena de rocas, una de las cuales acabó con la vida de su madre. Ahora está preocupado por su último sueño: alguien del futuro ha soñado con él, pero su mundo parece contaminado. El cielo que ha visto en la vida de este individuo no tiene el mismo azul intenso que el que se haya más allá de la gruta donde reside. ¿Qué terrible visión acaba de haberle sido revelada? ¿Tendrán razón los ancianos de que más allá de esta oscuridad solo hay dolor? Pol tendrá que hacer algo para aclarar sus dudas. Y ha de ser pronto… Pues si vivir en un mundo sin futuro no fuera suficiente, Peter ha de sufrir el secuestro de su novia, a la que tendrá que buscar. Las pistas le conducen a Huesca y Zaragoza, lugares hacia donde partirá, junto con su padre, un policía con muy malas pulgas.

El contraste entre los dos principales protagonistas resulta irónico: Peter busca a su novia para esconderse en una cueva donde la oscuridad absoluta le de tranquilidad y le aleje de ese horrible color del cielo, mientras que Pol trata de sacar a su esposa de la gruta donde vive para poder ver la luz del sol.

El color del cielo no es solo una novela de ciencia ficción, sino que además es una obra cuya narración te hará plantearte las cosas en el futuro. Es un grito en contra de la contaminación. El ser humano lleva siglos castigando el medio ambiente de un planeta herido y ahora ha de pagar por ello. Por este motivo, me encantó el pasaje donde Peter y Andrea, en un mundo contaminado, contemplan un pequeño manto de hierba. Pero, ¿se trata de una pequeña esperanza para la especie? ¿O de un pequeño césped que aún no ha sucumbido a tanta desolación? Estas y otras muchas respuestas las encontrará en esta novela: El color del cielo, de Santiago Morata.