Reseña: Sangre fría, de Claudio Cerdán

Sangre-friaLa parte positiva de llegar a una novela como esta lo más libre de spoilers posible es que toda su locura y desenfreno te va a pillar por sorpresa. Hay muchas cosas que se pueden destacar de Sangre fría y lo cierto es que no se me ocurre ninguna que se le pueda achacar. Creo que Claudio Cerdán ha escrito una novela muy completa, en muchos sentidos, y eso, en los tiempos que corren y enmarcándose en el subgénero en el que se enmarca (el siempre denostado género Z), ya es catalogable como brillante.

Empecemos por el principio. O por el final, que es por donde arranca Sangre fría. Porque eso es lo que te vas a encontrar cuando abras este libro, la primera palabra que vas a leer es “epílogo”. Lo que al principio puede desconcertar un poco se entiende un momento después, cuando te das cuenta de que el orden no es algo que importe en esta novela. Entre comillas, quiero decir. Sus capítulos están desordenados, pero Claudio Cerdán, con una rocambolesca habilidad, consigue que cuadren de una manera elogiable, que el sentido de ese desorden sea preciso y hermoso y que los capítulos queden hilados con perfección.

A partir de ahí conoceremos al Perrolobo, el protagonista de esta historia, un gitano que es tan duro como mascar cantos rodaos en lugar de chicle. Un tipo duro al estilo de las mejores películas de serie B, heredero de los bajos fondos y las peleas de bar. Un protagonista al que no le falta carisma y que tarda poco en calar en los lectores. Un hombre con un papel en el bolsillo (oh, ese papel), un hijo al que odia pero ama al mismo tiempo, una banda, un par de archienemigos y un golpe en mente. El gran golpe, el que solucionará todos los problemas.

Solo hay un pequeño contratiempo: se va a desatar el apocalipsis, los muertos volverán a la vida y lo harán con un hambre insaciable. Ya sabéis, esto va de zombies.

Va de muertos vivientes pero tiene alma de thriller. De los chungos, de los que tienen por protagonistas a tipos con pocos escrúpulos y menos modales. Perrolobo y su banda, un grupo que me encantaría ver en una película protagonizando esta o cualquier otra de sus andanzas. Hay una cosa en la que Claudio Cerdán es un especialista (bueno, varias, pero esta es una de ellas y es remarcable): tiene un don innato para crear personajes, dotarlos de personalidad y marcarles a fuego el carácter (a poder ser, que lidie en lo hijoputa).

El lenguaje de Claudio Cerdán es como sus personajes. Escribe a bocajarro, sus frases entran por tus ojos pero se clavan en el cerebro con fuerza. Son cuchillos afilados, navajas de medio metro afiladas hasta poder separar un pelo en dos. Su texto es directo, con descripciones que te hacen sumergirte en el mismo ambiente en el que viven los personajes, siendo soez cuando tiene que serlo y dotando al libro entero de una atmósfera absorbente. Y mención aparte a los diálogos, donde cada personaje tiene su forma de hablar, sus coletillas, su propio estilo.

Muchas cosas que destacar, ya lo mencioné al principio. Así que vamos con la trama. Puede que aquí es donde algún lector pueda levantar la mano y decir eh, porque, a fin de cuentas, lo que vas a leer aquí es una historia de zombies. Supervivientes del apocalipsis intentando mantenerse con vida luchando contra los muertos vivientes y contra otros supervivientes tanto o más hijos de perra que ellos. Esto es así. Y sin embargo, ese carácter tan propio de los personajes y ciertos pasajes de la historia (así como esa decisión final, ese “necesitamos algo que sea más valioso que la comida y el combustible y que podamos intercambiar llegado el caso para abrirnos paso”) hacen que a día de hoy, con más de un centenar de libros de zombies publicados en nuestro país (más de la mitad por la misma línea de la misma editorial que publica Sangre fría), la novela de Claudio Cerdán tenga algo que, en el fondo, hace que sigas leyendo sin tener la sensación en ningún momento de ser más de lo mismo. Y eso, en mi opinión, es un (otro más) acierto.

Dejo para el final un detalle peculiar. Sangre fría es una novela de zombies. Puede que eso la catalogue como terror aunque lo cierto es que ni intenta dar miedo ni lo da en ningún momento. Bebe más del thriller, de ese barriobajerismo del que hacen gala sus personajes, pero aparte de la acción casi sin freno que mueve la historia entera, hay otro detalle más: la comedia. Sí, porque Sangre fría tiene un sentido del humor peculiar que provocará más de una carcajada al lector. Yo al menos me reí en un par de ocasiones con las ocurrencias tanto del autor como de los propios personajes.

Ah, y todo sin olvidar que como novela es un homenaje a toda la vida que el subgénero z ha tenido en nuestro país. Entre sus líneas se encuentran guiños, menciones y homenajes en tono cómico a Romero, 28 días después, Tom Z Stone, Carne Muerta…. Referencias que todo lector asiduo a la Línea Z de Dolmen cazará al vuelo donde, los más sonados, serán los de Apocalipsis Z (lo que me pude descojonar, perdonad la expresión, con el capítulo entero que se le dedica), Los Caminantes (seguro que imagináis qué figura es la que se homenajea) e Y pese a todo, a la que homenajea desde el nombre del protagonista hasta la secuencia más surrealista de la historia, con guiño a la película y su primer título. Brutal. Por hacer, hasta se ríe de sí misma en un momento dado.

Así que sí, saturado como estaba (lo reconozco) del mundo Z, esta novela ha conseguido engatusarme una vez más. Me ha mantenido en vilo, con los ojos pegados al papel, concentrado en la lectura, y además de entretenerme me ha hecho reír en más de una ocasión. Así que sí, creo que es una novela recomendable. Desde luego, es más que disfrutable.

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