Situado algunos siglos más allá del actual, Warren Ellis y Darick Robertson nos presentaron una obra del cómic emblemática con Transmetropolitan. Un titulo tan original como apabullador. Una obra que pone nuevamente en las librerías ECC Ediciones, avalada con el sello Vértigo, una editorial a la cual el mundo del cómic en nuestro país debe mucho hoy en día.
Este cuarto volumen casi viene al pelo para con nuestras fechas de próximas elecciones generales.
Así, en la estela de un asesinato impactante, en el camino que teje la araña condicionada a tejer sus ramales del infierno que atraparán y liquidarán a mordiscos a sus objetivos; ha de enganchar a los dos candidatos que tiene esta USA del futuro abocada a un mundo peor. Dos engendros de candidatos a cual más odioso, la Bestia y el Sonrisas, los cuales no temen a hacer lo que sea por ganar. Como periodista más leído con millones de seguidores, Spider debe hacer algo para acabar con ellos porque…, sí, porque son o manejan la nueva escoria. Esa misma que los votamos, los mismos que los ponemos en los altares.
En este cuarto volumen de la serie La Nueva Escoria, el arco argumental gira al completo sobre política y elecciones en su fase final. Candidatos deleznables como La Bestia y El Sonrisas promoviendo una entrevista con Spider Jerusalem para ganarse su respeto…, o al menos intentar no perder votos con lo que el calvo de gafas de colores pueda publicar de aquí al día de las urnas.
Un Spider Jeresulamen recorre las calles melancólico. Triste por ver como la gente, el rebaño que camina bajo los edificios, no somos más que almas predecibles, ovejas de ojos tapados, mulos de carga sin solución… Cada entrevista será un momentazo grande de la serie. Está claro: LA NUEVA ESCORIA es terriblemente previsible, nada original y con el paso de los siglos,
apenas luchadora. ¿Los derechos? ¿Qué es eso?
Un mundillo que (como yo) Spider Jeresulem odia a muerte por la falsedad continua. Un tema que ya hizo que Spider tuviera que dejar la ciudad tiempo atrás. ¿El universo se expande y se contrae provocando que volvamos a pisar la misma cola del mismo perro mutante acostado en la acera?
Warren Ellis ha sido siempre un guionista impresionante (salvo quizás en Los Vengadores: La Guerra Interminable), pero tened muy claro que con Transmetropolitan, Ellis tocó el Cielo de las mejores guionistas del noveno arte. Cuando número engancha de tal manera, a pesar de sus desvaríos, que se vuelve súper genial al recordarlo.
La tela de araña se convierte en alfombra roja por la que transitar. No me canso de recomendar Transmetropolitan a todo el que conozco. Me da que con cada número pasara lo mismo. ¿Soy aburrido? ¿Repetitivo? ¿Pertenezco o estoy muy ligado a
la vieja o nueva escoria? Posiblemente.
El momento más importante de todo el volumen para mí es cuando Spider se comporta (después de cuatro tomos) como un ser humano compasivo con una niña perdida triste (y más tarde, su madre). Mucha metáfora, mucho trasfondo, para un tomito dedicado a un tema que odio con toda mi alma por lo fatal que lo hacen los representantes de este país.
Un fuerte volumen a ciencia cierta, no para los débiles de corazón… Un guión que se mueve en un mundo cyberpunk pero tan cerca de esta nuestra actualidad que asusta.