Cuando comienza la historia conoceremos rápidamente a Simon, un inadaptado social friki de la cultura popular y los ordenadores, que está a punto de presentar una aplicación informática que podría ser revolucionaria a uno de los mayores peces gordos del mundillo. Aunque el que llevará la voz cantante en la presentación es Tom, en principio, el mejor amigo de Simon y mucho más hábil en eso de relacionarse con la gente.
Les veremos firmar un trato que les pondrá contra las cuerdas, dándoles una fecha límite para presentar resultados o lo perderán todo. Y con esa presión encima, y tras una conversación con Tom en la que le queda claro que necesita encontrar una mujer en la vida, a Simon le da por buscar en una página web para encontrar mujeres rusas.
Y así es como Simon encuentra a Irina. Una preciosidad ucraniana de ojos verdes tristes y con una cicatriz debajo del ojo por la que Simon no pregunta. Y ese, como dice la primera frase del libro, fue uno de sus errores.
Después de esa presentación el libro da un salto temporal hacia delante. Varios meses después, con la fecha límite respirando ya en sus nucas y sin encontrar los resultados que necesitan para mantener los derechos sobre la aplicación de Simon. Y encontramos a este en comisaría, a punto de prestar declaración porque Tom ha sido encontrado asesinado y todo apunta a que podría ser el culpable. Y Simon, que ahora vive con Irina, está dispuesto a mentir sobre dónde se encontraba la noche anterior, solo porque ella se lo ha pedido.
Y hasta aquí voy a contar. Seguir hablando de lo que cuenta el libro sería adentrarse en el terreno del spoiler.
Bien, tengo que decir que, si comparamos Cicatriz con la anterior novela de Juan Gómez Jurado, El paciente, lo cierto es que en mi opinión no sale muy bien parada. El paciente mostraba una trama mejor hilada, más intensa… y más larga. Cicatriz, sin embargo, se queda algo corta, uno tiene la sensación de que es “presentación”, “punto de arranque de la trama”, “pasa una cosa”, “pasa otra”, “encuentro final”. Y ya, sin más, trama rápida y sin complicaciones para los personajes, más allá de estar jugándose la vida y tal. Aderezado, eso sí, con unos flashbacks que son de lo mejor del libro…
Ahora bien, si uno ve Cicatriz sin pararse a comparar con otras obras del autor, entonces es innegable que estamos ante un escritor que sabe manejar el thriller y atrapar al lector para que sus libros se beban en un suspiro. En este caso, además, un suspiro rápido porque a pesar del volumen del libro y de su número de páginas, en realidad es una historia bastante corta. Letra grande, márgenes amplios, todo ello para facilitar la lectura y crear esa sensación de avance constante que a la trama le viene al pelo, si me permitís la expresión.
Bien escrita, con una narrativa ágil, va mezclando los capítulos en primera persona (narrados por Simon) y en tercera persona (Irina, sobre todo). La historia de ella la conoceremos mediante flashbacks que nos van a desvelar una historia sórdida y brutal, de caída, redención y ansia de venganza. Una maravilla, sinceramente. Simon es un gran personaje (porque lo es, y resulta sencillo tomarle cariño) pero es Irina la que roba las escenas, a pesar de no ser más que una secundaria realmente, probablemente será el personaje favorito de todos los lectores.
Y de nuevo, como le pasaba con El paciente, este libro sería una buena película. Un thriller de mantenerte pegado al asiento. De los que podría protagonizar Liam Neeson si el personaje principal le pegara físicamente, que no es el caso.
Lo dicho, vais a disfrutar de Cicatriz. Es imposible no hacerlo. Os va a tener pegado a sus páginas y atentos a cada recodo del camino. Porque nunca sabes dónde va a ser donde se tuercen las cosas.