Reseña: Anoche soñé con Glenn Gould, de Nieves Abarca

¿Un libro de poemas de una autora que ha tratado en sus otras obras su interés por lo criminal? Eso me llamó mucho la atención. Luego el nombre de uno de los grandes pianistas del siglo XX. Glenn Gould, sobre todo se centró en la obra de Bach. Sus versiones de las Variaciones Goldberg o las Suites son muy conocidas. Era una persona extraña, tocaba sentado en una silla vieja con el rostro a la altura del teclado mientras tarareaba la pieza que estaba ejecutando. Fue uno de los grandes del piano.

El título del libro sale del principio de este poema:

Quiero recordar que soñé con Glenn Gould.

Creo que soñé,

no me acuerdo demasiado bien, lo siento.

Soñé que jamás había existido.

Que sus grabaciones eran falsas,

sus murmullos, su locura.

Esa singularidad la tendrá también nuestra autora en su corto libro de poemas. Nieves Abarca no tiene temor de explorar los recovecos del miedo. Ella lo estudia como un científico, fijando las muestras bajo un cristal para su visualización. Toma nota de la información, la viscosidad de la sangre, la intensidad del sufrimiento, la soledad, la venganza y al hacerlo, se lleva el elemento del miedo de ellos. El lector lo visualiza todo de otra manera. La muerte y el sufrimiento no son nada que temer más que meros elementos de la condición humana. Es en nuestra aceptación donde la poeta nos da una nueva profundidad de la experiencia. Estos poemas llegan a la oscuridad horrible que tememos en nuestro interior. Con ellos captamos mejor el sufrimiento reflejando en muchos de ellos estados de ánimo. Nos damos cuenta de que los monstruos han estado con nosotros todo el tiempo. Ellos permanecen en el interior de nuestra mente.

Es un simple libro de poemas. No tiene otro objetivo. Su autora en sí no parece buscar nada, solo escribir unos hermosos y tétricos poemas envueltos entre referencias musicales y del mundo del cine. En algunos versos usa un tono bíblico que recuerda a las profecías apocalípticas. También guiños al sexo y cuentos populares, pero siempre con ese fondo tan melancólico y siniestro. Dentro de esa oscuridad se puede admirar la belleza narrativa, hay versos que parecen no encajar, pero es lo que los hace especiales. Con un vocabulario culto os irá atrapando en lo que es verdaderamente importante: que sintáis la misma emoción que siente ella.

Mis manos,

El color. Es rojo.

Rojo bermellón. Rojo escarlata,

Rojo Carmesí.

Es rojo Chanel.

¿No es hermoso?

Me ha gustado, me ha gustado mucho. Y sí, lo encontré bello, elegante. Cuando un autor tiene algo que contarnos da igual en qué forma lo haga. Verso,prosa, poema, relato, fábula…

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