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Reseña: La Curación, de Miguel Córdoba

lacuracionPrimero elogiar el prólogo que hizo el escritor Darío Vilas. Tiene razón en su escrito cuando te advierte sobre la historia: mucha parte quedará dentro de ti.

¿Puede Jeremi Heinz crear una rata con sus pensamientos para justificar su miserable vida? En la historia que vais a leer sí, porque se basara en el absurdo, describiendo situaciones demenciales y fuera de lo común. Magie nació con un hilo negro atado al dedo anular de su mano izquierda, solo ella y “gente especial” puede verlo. También tiene visones premonitorias, ve muertos, ángeles y demonios. Al igual que Jeremi, aprenderá que su mente es poderosa. De entre todos los muertos, con quien más amistad tendrá es con un fantasma que se escondió dentro de una lavadora. Mientras tanto en una base secreta en Nebraska, Dios es una niña de nueve años con una grave depresión. Este sería un resumen sencillo del libro que vais a leer, pero a Magie (su nombre francés significa magia) la veremos nacer y llegar a una edad adulta…

Lo dislocado toma posesión de la realidad, como si no pasara nada. Nuestra protagonista tiene familia, madre, padre, hermana, y con algunos de ellos entenderemos la forma de vivir americana, buscándose la vida de estado en estado. Cualquier empleo por miserable que sea, es bueno. Un simple dólar en la mano es comida. Vale, ella hablará con muertos, incluso con un árbol llamado Gryfino, pero también sufrirá las burlas en el colegio por ser una niña obesa y diferente. Conocerá el racismo hacia su único amigo de raza negra, entenderá muy pronto que la vida es una putada continua. Pero que a veces las cosas salen bien y son esos momentos los que hay que aprovechar. No hay que rendirse, total el final ya nos lo sabemos. Tenemos en sí dos historias que seguir: la de Magie según va creciendo y lo que el destino le tiene preparado y Dios que desea ponerle fin a todo.

Esta parte de Dios es muy interesante, al menos para mí como cristiana. Los dioses siempre han sido creados por los hombres, cuando no nos interesaban más, los dejábamos en el olvido. Si los creábamos a ellos, ¿quién nos ha creado a nosotros? ¿Qué pasaría si ese Dios de repente se cansara y quisiera olvidarnos? ¿Dónde van los muertos si Dios no los recuerda? Hay máscaras que son más sinceras que los rostros que ocultan. Magie eso lo sabrá muy pronto, muchos en sí ya hemos pasado por eso en alguna ocasión. Por que esta novela por muy disparatada que sea, por mucha locura que contenga, por tanta magia que la envuelva, nunca abandona lo real. Sentimientos, miedos, soledad y sobre todo, sueños. Una amalgama increíble escrita de forma inmejorable con un vocabulario que hacía años no leía. Palabras cultivadas buscando enriquecer una historia ya de por sí maravillosa. Siempre con ese terror surrealista, con referencias a libros, películas, canciones para dejarnos siempre en el suelo que pisamos y que sea su protagonista la que cree mundos, cosas, animales, que se vuelvan reales para ella continuar su camino. Algo que en cierto modo hacemos muchos para seguir viviendo.

Todas sus visiones serán hechos que han ocurrido en realidad, será una manera de viajar en el tiempo con ella para tal vez comprender lo que no queremos entender. Coches de segunda mano donde dormir, hormigas gigantes que le indican el camino a seguir, oportunidades que pasan de largo, momentos que se pierden para siempre. Una historia que sé que os emocionará, un autor que quiso, entre mundos mágicos y horrores, que vierais lo vulnerable que es la vida. Pero Dios es una niña de nueve años que quiere poner fin a todo. También un niño imaginario que de vez en cuando advierte a Magie: Cuando Dios olvide a sus hijos, debes de ir a Nebraska a recoger los trozos de tus sueños rotos.

Así que poneos cómodos tenéis algo muy hermoso que leer. Una historia llena de esperanza donde a los olvidados todavía nos queda una oportunidad.