Reseña: Todas las mujeres son peligrosas, de Julián Ibáñez

Todas_las_mujeres_son_peligrosasPara los buenos aficionados a la novela negra, el tiempo se detiene cuando Julián Ibáñez saca nueva novela. Por eso, Todas las mujeres son peligrosas (Cuadernos del Laberinto, 2015) se hizo un hueco en mi mesita de noche según salió a la venta. Porque, como dice Carlos Zanón en la contraportada, Ibáñez es el mejor.

A sus 75 años sigue demostrando que está en plena forma y pocos escritores vivos le igualan. Además, vuelve con un personaje hipnótico, Bellón, quien ya nos deslumbró en El viejo muere, la niña vive (Cuadernos del Laberinto, 2014).

En esta ocasión, el buscavidas de Bellón trabaja de encargado de seguridad de un club de postín, “donde los jugadores piden cartas y empujan los billetes acariciando la cabeza de una chica debajo de la mesa”. El problema surge cuando agreden a una prostituta y Bellón pierde su puesto. A partir de ahí comenzará una búsqueda callejera por el extrarradio de un Madrid deprimido e inclemente. Al igual que en su anterior novela, acompañaremos a Bellón mientras intenta resolver el misterio, al mismo tiempo que trata de obtener un par de billetes con los que tomarse una cerveza en el Menta y Canela, su bar de siempre. Porque a Bellón lo han echado de casa y ahora duerme en un Renault prestado que algún día tendrá que devolver.

Así, lo veremos robar perros para entrenar a pitbulls en peleas clandestinas, o proporcionar protección a chaperos, o acompañar a putas borrachas a casa cuidando de que no le meen encima y, por supuesto, actuar de chivato para Azucena, la policía que se traga todas las mentiras que le suelta Bellón cuando no tiene nada que contarle. Sin embargo, quizá esta vez se haya topado con un problema que le viene grande ya que “la muerte sigue esperando que la saquen a bailar”.

La prosa de Ibáñez nos sumerge en la mente de Bellón, un tipo gris que se mimetiza con el asfalto, solo una cara más en la que nadie se fija y que solo quiere un par de billetes al día, solo eso, para poder seguir soñando con Saritos, la inalcanzable propietaria del burdel Queen´s.

“Era guapa. Solo guapa, no bella, de rasgos un poco duros sin maquillar, podía traducirse por entereza, por saber estar, una mujer de una pieza, con un carácter rocoso formando una gruesa capa debajo de la cual, sin ninguna razón, yo adivinaba ternura”.

Un autor imprescindible y un personaje inolvidable. No se puede pedir más a una novela. Una vez leída, solo nos queda esperar a que Ibáñez nos regale más historias de Bellón en su deambular sin rumbo por un mundo que poco le importa.

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