Vaya por delante que Víctimas forma parte de una serie de novelas protagonizadas por los personajes Milo Sturgis y Alex Delaware escritas por el autor Jonathan Kellerman.
¿Es esto algo importante para el disfrute de la novela? Pues mirad, yo me enteré de ese detalle una vez empezada la lectura, no he leído nunca ningún libro de los personajes y, que yo haya visto, apenas hay una o dos referencias a casos pasados, pero nunca como algo importante o trascendente para la trama. Son, de hecho, acotaciones que podrían estar en cualquier otro libro también porque apenas dan a entender que la relación entre ambos personajes viene de lejos y han trabajado en muchas cosas juntos.
Así que sí, se puede disfrutar de Víctimas sin necesidad de haber leído el resto de libros de la saga.
Jonathan Kellerman, para el que no le conozca, tiene un estilo de escribir muy directo. Va al grano el noventa por ciento del tiempo, le interesa avanzar en la acción y es poco dado a descripciones de lugares o personajes. Apenas le dedica unas líneas a los edificios que aparecen en la trama, otro par de líneas a los personajes secundarios, todo muy casual, muy “las cosas en las que te fijarías tú mismo al mirar hacia algún sitio o a otra persona”.
Por tanto, el ritmo es acelerado. Le gustan los diálogos, le gusta mostrar cómo avanzan las investigaciones a través de los pensamientos del policía y el psicólogo protagonistas, de los interrogatorios, de las conversaciones con otros colegas. Y va desgranando el caso poco a poco pero sin pausa, porque en ningún momento hay una pausa, nunca un descanso, la trama avanza en todo momento, el tiempo trancurre y esa es la impresión principal que da leer Víctimas.
No es un libro que pretenda sorprender al desvelar la identidad del asesino, no se trata de eso. La historia empieza con un crimen, una víctima tirada en el suelo de su apartamento, y a partir de ahí la investigación, los interrogatorios y el rastro de muerte que va dejando el asesino. Descubrirle no es un punto de giro en la trama, sino la conclusión lógica del trabajo policial. Es eso lo que cuenta el libro, y lo cierto es que lo hace muy bien. En todo momento te sientes compañero de los agentes que llevan el caso, del psicólogo que les hace de analista, y procuras estar atento a cada pista, a cada palabra de los testigos, con el deseo de adelantarte y descubrir alguna cosa antes de que te la digan claramente.
Buen libro, y buena edición la que ha hecho Navona Editorial.
Y sí, ahora tengo ganas de buscar otros libros de estos personajes.