Reseña: Disforia, de David Jasso

disforia¡¡¡Bravo!!! ¡¡¡ Lo ha vuelto a hacer!!!

Y eso que, a estas alturas de la película, ya no debería sorprenderme. David Jasso es a día de hoy el autor nacional que más me sigue sorprendiendo. Si te gusta el terror psicológico y aún no has leído nada suyo, no sabes lo que te estás perdiendo. El escritor zaragozano escribe novelas donde el peligro y la emoción se reparten por igual y tiene, además, la capacidad de provocar que tu ritmo cardiaco aumente hasta unas peligrosas 180 pulsaciones por minuto. El placer que provoca leer cualquiera de las pesadillas con las que nos deleita no tiene límites. Describe a la perfección situaciones comunes y les da una y otra vuelta de tuerca. Es, como digo, un perfeccionista de la descripción, se toma su tiempo en narrar un pasaje hasta que te retuerces en tu sillón, inquieto, deseando llegar al desenlace. Sus obras son como unas vacaciones nocturnas en un lugar que crees conocer. Piensas que te encuentras a salvo y… ¡zas!, te atraparon.  Desearás despertar. Suplicarás estar sedado, incluso ansiarás no pertenecer a este mundo.

Esa es, precisamente, su intención: asustarte. ¡Y lo consigue! ¡Y de qué manera! Con situaciones que podrían pasarte en la vida real. Sudas la gota gorda con cada párrafo. Un temblor aquí, un grito allá. No hay un solo minuto de respiro. La adrenalina se dispara conforme avanzas en la lectura… Esto solo está a la altura de unos pocos: de los más grandes.

La novela Disforia está dividida en dos partes. En la primera de ellas, una misteriosa llamada al timbre de la puerta de un alejado apartamento mantendrá al lector en vilo durante más de cien páginas. ¿Cómo puede una situación tan simple provocar tanto pavor? No lo sé. No tengo la respuesta, pero lo hace, créeme. Y en la segunda, la angustia se traslada al habitáculo de un coche accidentado, donde se encuentran un hombre maniatado, una mujer atrapada de cintura para abajo entre amasijos de hierros y una niña pequeña de dos años y medio. Todo esto en un clima nevado. Una imagen desoladora que destrozaría la moral a cualquiera. Los nervios a flor de piel… ¡una vez más! Y entre toda esta angustia, el autor nos narra breves intermedios, como si de una película se tratara. Pequeños flashbacks que nos ayudarán a comprender mejor la historia y por los que iremos atando cabos.

En una entrevista que David Jasso me concedió para una conocida revista literaria, el autor afirmaba que “…apenas surgirán autores nuevos de repercusión y solo habrá chispazos de fenómenos puntuales”. Por su originalidad, él debería pasar a formar parte de esa lista de fenómenos. No es cumplido, es lo que siento. Siento cierta tristeza al saber que muchos lectores optarán por la lectura de un escritor internacional y omita a este pedazo de autor (con mayúsculas). Insisto: no sabéis lo que os perdéis.

Un último apunte, antes de dar por concluida esta reseña. Me alegra saber que la editorial Valdemar haya sido la encargada de la publicación de Disforia. Ojalá que todo vaya bien y se acuerden de otras novelas de este mismo autor que ya están descatalogadas. La portada, por obra del genial ilustrador, Daniel Expósito, es un plus extra para esta maravilla de libro.

Hace apenas unos minutos que he concluido la novela y, al igual que me ha pasado con otras obras del autor como La silla, Día de perros, Abismos y Vidas infinitas, Disforia tendrá más de una lectura.

Gracias, maestro. Permíteme mandarte un aplauso virtual. ¡¡¡Bravo!!! ¡¡¡Lo volviste a hacer!!!

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