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Reseña: Disforia, de David Jasso

disforia¡¡¡Bravo!!! ¡¡¡ Lo ha vuelto a hacer!!!

Y eso que, a estas alturas de la película, ya no debería sorprenderme. David Jasso es a día de hoy el autor nacional que más me sigue sorprendiendo. Si te gusta el terror psicológico y aún no has leído nada suyo, no sabes lo que te estás perdiendo. El escritor zaragozano escribe novelas donde el peligro y la emoción se reparten por igual y tiene, además, la capacidad de provocar que tu ritmo cardiaco aumente hasta unas peligrosas 180 pulsaciones por minuto. El placer que provoca leer cualquiera de las pesadillas con las que nos deleita no tiene límites. Describe a la perfección situaciones comunes y les da una y otra vuelta de tuerca. Es, como digo, un perfeccionista de la descripción, se toma su tiempo en narrar un pasaje hasta que te retuerces en tu sillón, inquieto, deseando llegar al desenlace. Sus obras son como unas vacaciones nocturnas en un lugar que crees conocer. Piensas que te encuentras a salvo y… ¡zas!, te atraparon.  Desearás despertar. Suplicarás estar sedado, incluso ansiarás no pertenecer a este mundo.

Esa es, precisamente, su intención: asustarte. ¡Y lo consigue! ¡Y de qué manera! Con situaciones que podrían pasarte en la vida real. Sudas la gota gorda con cada párrafo. Un temblor aquí, un grito allá. No hay un solo minuto de respiro. La adrenalina se dispara conforme avanzas en la lectura… Esto solo está a la altura de unos pocos: de los más grandes.

La novela Disforia está dividida en dos partes. En la primera de ellas, una misteriosa llamada al timbre de la puerta de un alejado apartamento mantendrá al lector en vilo durante más de cien páginas. ¿Cómo puede una situación tan simple provocar tanto pavor? No lo sé. No tengo la respuesta, pero lo hace, créeme. Y en la segunda, la angustia se traslada al habitáculo de un coche accidentado, donde se encuentran un hombre maniatado, una mujer atrapada de cintura para abajo entre amasijos de hierros y una niña pequeña de dos años y medio. Todo esto en un clima nevado. Una imagen desoladora que destrozaría la moral a cualquiera. Los nervios a flor de piel… ¡una vez más! Y entre toda esta angustia, el autor nos narra breves intermedios, como si de una película se tratara. Pequeños flashbacks que nos ayudarán a comprender mejor la historia y por los que iremos atando cabos.

En una entrevista que David Jasso me concedió para una conocida revista literaria, el autor afirmaba que “…apenas surgirán autores nuevos de repercusión y solo habrá chispazos de fenómenos puntuales”. Por su originalidad, él debería pasar a formar parte de esa lista de fenómenos. No es cumplido, es lo que siento. Siento cierta tristeza al saber que muchos lectores optarán por la lectura de un escritor internacional y omita a este pedazo de autor (con mayúsculas). Insisto: no sabéis lo que os perdéis.

Un último apunte, antes de dar por concluida esta reseña. Me alegra saber que la editorial Valdemar haya sido la encargada de la publicación de Disforia. Ojalá que todo vaya bien y se acuerden de otras novelas de este mismo autor que ya están descatalogadas. La portada, por obra del genial ilustrador, Daniel Expósito, es un plus extra para esta maravilla de libro.

Hace apenas unos minutos que he concluido la novela y, al igual que me ha pasado con otras obras del autor como La silla, Día de perros, Abismos y Vidas infinitas, Disforia tendrá más de una lectura.

Gracias, maestro. Permíteme mandarte un aplauso virtual. ¡¡¡Bravo!!! ¡¡¡Lo volviste a hacer!!!

Reseña: El Rito, de Laird Barron

el-rito-laird-barronUna colección como la que mantiene en el mercado Editorial Valdemar, la denominada Valdemar Insomnia, es algo que esperaban muchos fans del género de Terror desde hace tiempo. Desde las inmemoriales colecciones de Martínez Roca, no teníamos en nuestras librerías títulos tan actualizados de este nuestro querido género. Todo esto sin contar, claro está, el sello de la misma editorial Valdemar Gótica, que eso ya son palabras mayores.

La cuestión es que ahora sí título tras título vamos teniendo obras actuales nada desdeñables con la idea de mantener al lector inquieto, aún más inquieto, en su querido sofá junto al calor dulce, artificial o natural, del invierno.

Con gran éxito entre ciertos círculos, y con una vida casi nómada digna del dios del Terror marítimo W. H. Hodgson, Laird Barron, autor natural de Alaska, ha gastado más de una década de su vida contribuyendo con cuentos a una serie de revistas y antologías. Muchos de sus más notables esfuerzos se han reimpreso en grandes colecciones al otro lado del charco. Las cuatro ediciones del año de The Best Horror of the Year, editado por Ellen Datlow, es un ejemplo de ello. Laird Samuel Barron (1970) es un premiado autor y poeta, cuya gran parte de su obra se inscribe en los géneros de horror, noir, y fantasía oscura. También ha sido jefe de redacción de la revista literaria online Melic Revisión. Ahora vive en New York.

Sus esperada novela por estos lares El Rito (The Croning), cumple con creces las expectativas. Por delante, el horror en la lectura. Aunque catalogaría esta obra como una deliciosa fantasía oscura, delicada y en muchas ocasiones, devastadora. Una visión muy personal del venerable cuento de hadas de la hija del molinero y el enano.

Se abre la trama con un primer capítulo situado en algún momento de un extraño pasado, en un lugar perdido de la Europa medieval. Un suceso raro que deja con las piernas colgando a más de uno. Para llevarnos después al México de los 50s, donde Don Miller y su esposa están disfrutando de unas vacaciones remuneradas. Su esposa es antropóloga, él geólogo. De pronto, Michelle es requerida para una inesperada conferencia sobre unas ruinas que acaban de descubrir. Pero no regresa. Don, pasadas unas horas, empieza a preocuparse y emprende entonces un viaje, una aventura hacia el… Abismo.

Con un comienzo muy al estilo pulp, todo el relato empieza a retorcerse de forma preocupante. Tanto que entras de lleno en el suspense y sientes que no puedes escapar con facilidad. Se establece en ocasiones un tono enfermizo, y nada de lo que supones que pasará, ocurre. Se van sucediendo entonces más capítulos con saltos temporales que aclaran ciertas partes de la narración. Una conversación de antropología más que sugerente con Bronson Ford, dos federales certeros sobre la sombra de Don, ciertas ideas de su abuelo que no conocía… O sí. Estaba en su sangre, ¿no? Una zona de acampada propuesta donde el espeso follaje no dejaba ver “el bosque”. La mansión Wolverton junto al precipicio. Don Miller, adentrado en el horror de una búsqueda angustiosa, resulta que ya vivió ciertas escenas de ese pasado. Pasado del que nada recuerda. Tuvo que abandonar esa vida aburrida de despacho y legajos para mantener su posición como asesor de una importante compañía. Para “descansar eternamente” en una gran casa heredada. Una enorme mansión donde nada es lo que parece. Nunca lo fue, ahora que su memoria vuelve a recargarse… Hay algo en ella que se muestra solo a medias.

El Rito es en ocasiones, un libro de acción, en otras, un relato detectivesco, y por encima de todo, una novela que recuerda a la mejor esencia escrita de los títulos de Lovecraft. Un argumento de los mejores que he leído en mucho tiempo. Lo mejor de la trama es lo que vamos descubriendo poco a poco. Esa segunda interpretación de los hechos que se inyecta en tus venas como un veneno, cuya realidad es muy difícil dejar de lado en tu día a día. Es decir, mientras no lees.

Una enorme criatura para un buen libro de Terror. Influencias de los mejores: Lovecraft, Howard, Stoker o incluso Stephen King en aquel relato La guarida del Gusano Blanco. El Rito es una novela indescriptiblemente íntima de horror cósmico también. Desde el oscuro fantástico cuento de hadas con el que se abre, the-croning-laird-barron-01hasta el mismísimo y apoteósico final con un creciente clímax, y cantidad de incertidumbres para tu corazón.

Laird Barron es un hábil novelista y profesa mi género favorito. Un autor ganador del glorioso Premio Shirley Jackson. Nominado al Sturgeon, el Internacional Horror Guild, World Fantasy y Locus. Barron propone un título ideal, muy recomendable, para esos lectores inquietos que se aburren con las historias (de las que hoy se publican muchas) que en realidad, cuando las desglosas, no dicen nada. De las que nada queda.

Las mejores historias son las que siguen pensando en ellas, mucho tiempo después de ser leídas. El Rito, por ejemplo.

Reseña: Extraños eones, de Emilio Bueso

Extraños-eonesEXTRAÑOS EONES: Los Goonies conocen a Azathoth.

Ojo: esta reseña no se titula “Lovecraft escribe juvenil” ni nada parecido. Esto es puro Bueso 100% con denominación de origen. Y sí, digo Los Goonies, pero al estilo de El Cairo: niños de la calle, que viven en un mausoleo abandonado en mitad de una ciudad-cementerio, que trabajan escalando montañas de basura, robando a turistas, poniendo el culo (literalmente) ante los adultos, que se fuman porros como tu brazo, que esnifan pegamento para dormir. Niños invisibles, repudiados por sus padres, peor que huérfanos, pero que solo quiere seguir vivos un día más. Chavales que ríen, que se asustan, que le echan cojones si es necesario, que van a conocer los horrores cósmicos creados por el de Providence.

Niños que existen pero no salen en el telediario. Porque, aunque no se trate de un libro denuncia, si tiene mucho de moraleja. Emilio Bueso describe las penurias con un prisma de cotidianidad que consigue transmitirte frío mientras lees el libro. “Esto es así”, parece que subyace tras cada párrafo. Y si no quieres enterarte, deja de leer.

Luego salen por ahí polillas, cazadores con un solo ala, personas que no son personas, posesiones, dioses primigenios que bostezan: una puesta al día de los mitos de Lovecraft, actualizados al siglo XXI, que más que el terror buscan el asombro.

Ahí radica el punto fuerte de Extraños eones, en la capacidad para dejarte con la boca abierta. El libro está salpicado de varios párrafos donde describe lo imposible. Todo un ejercicio de estilo en el que tratar de transmitir con palabras corrientes el concepto de locura, un cuadro de Dalí de múltiples perspectivas, elementos arquitectónicos que no pueden existir pero son. Bueso logra un acercamiento a la pesadilla de forma brillante, jugando con la fascinación de las imágenes, con el concepto de la maravilla oscura.

Muchos escritores del fantástico piensan que por sacar a un zombi en sus novelas estas son de terror. Bueso tiene claro que, a pesar de jugar con elementos fantásticos, los sobrepasa por la derecha y los transforma en una aventura oscura sin límites. La inquietud está presente en cada página, pero no busca el susto fácil. El libro recorre otros caminos, más cercanos a la acción, el suspense y la intriga.

¿He citado ya a los Goonies? Pues cambiad el barco pirata por un coche sin motor, y a Slot por Nyarlathotep. Quizá someramente podáis haceros una idea del libro del que os estoy hablando. Una lectura más que recomendable que no hace sino confirmar la evidencia de que Emilio Bueso es uno de los mejores narradores de su generación.

Reseña: La joven ahogada, de Caitlín R. Kiernan

la joven ahogadaMenuda labor esta haciendo Editorial Valdemar con su nuevo sello Insomnia. Nada menos que recuperar títulos de Terror actuales -cosa tan difícil de encontrar en nuestro mercado como un mísero trabajo-, algunos títulos esenciales y superrecomendados para una digna biblioteca que se precie.

Es difícil encontrar palabras para un libro tan bueno como extraño. La rareza la provoca saber que estamos más cerca de la protagonista que de nuestra puta realidad. Es uno de esos libros que te hacen olvidar que debes dormir, de los que evitan ese rún-rún que te avisa que son las tres de la mañana y todavía estás leyendo. La voz de Imp, la protagonista, te atrae y te confunde en cuanto empiezas a leer. Empecé fascinado y no podría decir que era lo que me mantenía leyendo con tanto afán. Traté de llegar sano y salvo al final de la historia de fantasmas de Imp. Traté de averiguar qué pasó realmente…, curioseando todos los recuerdos imperfectos de Imp. Este libro era la mejor película de suspense que había visto en mucho tiempo. Pero fallé al final. ¿Y eso me gustó? Ya lo creo.

India Morgan Phelps, Imp para sus amigos, es esquizofrénica. Lucha contra las percepciones que le acechan en la realidad. Imp debe descubrir la verdad sobre sus encuentros con criaturas, o de algo muy, muy extraño… Imp proviene de una línea de mujeres dementes. Tanto su abuela como su madre terminaron suicidándose e Imp ahora ha empezado a tomar medicación para su esquizofrenia. En un intento de dar sentido a los acontecimientos que le sucedieron hace más de dos años, ella escribe su “historia de fantasmas”, y nos deja entrar en su inquietante mente. Algo en mi opinión, demasiado personal.

La relación de Imp con Abalyn me interesaba bastante, por lo menos tanto como lo hacía con Eva Canning. De los pensamientos simples, pasé a diferentes teorías e ideas. Me encanta como la autora encadena los capítulos a lo largo del libro. No necesitas saber tanta información de una historia para disfrutar de ella. No es como dicen por ahí. Adivinar y propulsar tus propias teorías es más divertido y te provocan una leve sonrisa cuando tienes razón. Éste es sin duda el fuerte de La Joven Ahogada. No me gustar descubrir mucho más de las historias que merecen tanto la pena leer. Sí friends, me refiero a esas que se convierten en clásicos al poco tiempo de ser publicadas. Os recuerdo que La Joven Ahogada se publicó sorprendentemente en 2012.

Caitlin R. Kiernan parece ser una de esas autoras que permiten a sus lectores formar parte de la obra. Ella nos sirve una descripción y la información suficiente para alimentar nuestra propia imaginación. Las descripciones de los lienzos Los ahogamientos de la muchacha o de Eva Canning: «sus ojos eran brillantes», son simplemente evocadores. Sólo lo insinuado se convierte en verdaderamente aterrador. Y a veces lo aterrador es hermoso.

Caitlín R. Kiernan es autora de diez novelas, entre las que se incluyen Daughter of Hounds (2007), The Red Tree (2009) y La Joven Ahogada (2012). Sus cuentos han sido recopilados en varios volúmenes, entre los cuales cabe destacar: Tales of Pain and Wonder (2000), The Ammonite Violin & Others (2010) y The Ape´s Wife and Other Tales (2013). También es la guionista de Alabaster, una aclamada serie de novelas gráficas para Dark Horse Comics que ha recibido magníficas críticas. Ha sido nominada cuatro veces al World Fantasy Award y dos veces al Shirley Jackson Award. Ha recibido el International Horror GuildAward a la mejor primera novela por Silk (1998). En 2012, La Joven Ahogada ganó el Bram Stoker Award y el James Tiptree, Jr. Award. Ahí es poco. Friends, no estamos hablando de una autora novel.

¿Qué es lo que pienso? Ya se imaginaran. La Joven Ahogada es una joya de novela. Aterradora e inquietante, llena de magia, mitos y una magnífica prosa que rivaliza con cualquiera de las historias de fantasmas de góticos clásicos. La narración como tal, es tan intrigante que en ciertos capítulos agobia. La sensación de Terror es fuerte. Una novela que me recuerda mucho a otra que me hizo pasarlo muy mal, La habitación de Naomí, de Jonathan Aycliffe.

La Joven Ahogada roza la perfección.

Reseña: El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante, de Graham Masterton

El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexoLa literatura de Terror siempre ha estado emparentada con el sexo y el erotismo, Eros y Tanatos. Gran parte de los míticos monstruos que han poblado nuestras pesadillas desde la infancia, sin ánimo de entrar en disquisiciones freudianas, no dejan de ser símbolos de perversiones tanto pasionales como sexuales, y desde décadas e incluso siglos, nos han creado tanto pasión como pavor. Desde aquella fuerza perversa, insaciable y carnal que chupaba los cuellos de jóvenes burguesas victorianas, hasta películas como Hard Candy, en la que una inocente niña podía llevar a cabo el peor de los sufrimientos para el lívido masculino.

El género de horror, en concreto el del cuento corto, -las fábulas oscuras que moralizan acerca de  hasta donde pueden acabar algunos (o algunas) si no ponen ningún control a sus ansias lúbricas-, ha evolucionado de la misma forma que los lectores y mentalidades a través del tiempo. Escritores actuales como Clive Barker exploran fantasiosas facetas de la psique sexual plasmándolas en sórdidas y tenebrosas monstruosidades símbolo del sentimiento de dolor, culpa, sadismo y lujuria por igual.

No es fácil encontrar autores (Philip J. Farmer) que hoy día escriban de manera competente sobre los terrores del hombre moderno y los sazonen de manera atractiva con el sexo y la pornografía sin que resulte la combinación de una calidad paupérrima (o ridícula, o simplemente de serie Z).

Del señor Graham Masterton confieso que leí hace unos años La pesadilla, novela que empieza fuerte y acaba igual de fuerte, en el sentido sádico y sangriento del término. Reconozco que me entretuvo aunque sentí que adolecía de una serie de carencias narrativas que quizás, si se manejase en el cuento corto, sacaría mucho más partido de lo que quería contar. En este sentido hay temas o ideas que si son contadas en cincuenta páginas dejan bastante mejor sabor de boca que si las explayan en trescientas páginas: es como un cortejo sexual o una operación quirúrgica, el primero puede dar lugar al desinterés y la segunda acabar en desastre si se alargan ambos demasiado.

Editorial Valdemar vuelve a la carga en su nueva colección Insomnia, dirigida por José María Nebreda, con material altamente explosivo, tan desenfadado y entretenido en la propuesta como altamente inflamable en su lectura. Es bastante encomiable que El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante (más valdemariano no puede ser el título) sea ciertamente un giro de volante ante la hipotética línea editorial que muchos suponíamos erróneamente que adoptaría Valdemar tras la novela de Jack Cady. De ahí que anunciasen públicamente ambos libros en señal de que en Insomnia, como colección de terror contemporáneo, primaría el eclecticismo, tanto en temáticas como autores. ¿Significa pues que este libro de relatos debemos considerarlo como una obra prescindible de consumo rápido para lectores no seguidores de la línea Valdemar? Para nada.

El hijo de la bestia… es una antología de relatos cortos cuyo nexo en común y motor de la trama es el sexo, pero el sexo transformado en perversión. Éstos los adorna con un argumento fantástico o terrorífico que nos mantiene enganchados al sofá hasta el retorcido desenlace. Si algo me recuerdan estos cuentos es a aquellas series de los noventa que ponían a altas horas de la noche en las que se contaban historias picantes con una trama de suspense u horror. Los protagonistas son gente atractiva, de clase media alta y con buenos trabajos, que de manera fortuita caen en un vicio o conocen a alguien que les adentra en una dimensión tan desconocida como truculenta y tórrida. Los personajes te deleitan en sus detalladas experiencias carnales y  horrorizan con sus traumados y terribles finales. Son como aquellos relatos a triple columna que se publicaban en los ochenta en revistas eróticas y que se leían en un viaje y tras orar a Onán gracias a las secciones de  fotografías más o menos estilizadas según la revista en cuestión.

Los cuentos de Masterton tienen todos en común que una vez terminas uno, estas deseando empezar el siguiente, la verdad es que enganchan. Quizás sea por lo bizarro de sus conclusiones, o por su talento a la hora de describir escenas de sexo explícito, o también por  ser un escritor que claramente se maneja de manera fluida y competente en el relato corto, y qué duda cabe por ser un tipo con una mente muy enferma. Son narraciones cortas e intensas, un “aquí te pillo aquí te mato”, se leen con mucha facilidad y mantienen en todo momento el interés. En ese sentido Masterton es un narrador tremendamente visual, sensorial y sintético a la hora de emplazarnos a los escenarios y acontecimientos. Por otra parte, y es algo que muchos bestsellers actuales no saben hacer, crea un ambiente a través la escritura según la historia que quiera explicar, un ambiente histórico y temático según el cuento, en el que el lector se siente cómodo y se deja embriagar por los sentidos. Esto da lugar a que en el relato de suspense las escenas de sexo entren tan bien y que cuando se retuercen las consecuencias en monstruosas figuras de un resultado no sólo no ridículo sino truculento en el fondo y en la forma, y te deje un sabor  entre delicioso e insano como sólo puede dártelo un placer culpable.

En El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante veremos un mosaico de horrorosas y atrayentes aberraciones: canibalismo, orgasmos de ultratumba, pijas con delirios asesinos, vampiros sexualmente insaciables, usurpadores de cuerpos,  monstruos de todo tipo, sadomasoquismo, necrofilia, asfixia autoerótica, violaciones brutales, perversiones con embarazadas…y mucho más.

Destaco entre los que más me han gustado, y doy fe que son buenos casi todos y eso en un recopilatorio de un sólo autor actual no es nada fácil, (siempre y cuando aceptes la propuesta inicial):

“Lolicia”, por su retorcido y redondo final y porque los cuentos de venganza siempre molan.

“El escarabajo de Jajouka”, por el escenario arabesco y por lo brutal y descojonante de su conclusión.

“Camelot”, por la sensación de sueño surrealista y húmedo.

“Picnic en el Lac Du Sang”, es un excelente relato fantástico de terror a la vez de una fuerte y elegante carga erótica, uno de los que mejor escritos están.

“El Shih tan secreto”, el cuento favorito de Lecter.

“Sufre Kate”, muy enfermo y divertido retrato de un colgado del sexo.

“El hijo de la bestia”, con toques detectivescos que derivan en una adictiva ida de olla con sanguijuelas, mutantes y embarazadas asesinadas.

En definitiva, podemos decir que estamos ante un libro para lectores ávidos de estímulos fuertes y en momentos de necesitar una lectura amena, adictiva, sencilla y muy estimulante en el buen y en el peor de los sentidos. Destacar dos cosas, por una parte las geniales ilustraciones que de cada relato hace Rick Melton (la portada del libro está a la altura de lo que contiene), y por otra la estupenda labor de traducción de Marta Lila Murillo, que favorece el que veamos a Masterton no sólo como un escritor de cuentos cortos competente sino incluso con talento.

Para todo seguidor de Valdemar, que entre taza de té victoriano con fantasma incluido y aventuras y desventuras pulp le apetezca una obra para saciar fácilmente tanto su mente como sus partes más bajas sin tener la sensación de haber leído algo mediocre o intrascendente, sin lugar a dudas debe darle una oportunidad a este recopilatorio porque no sólo no le decepcionará sino que gritará “quiero más”. Y sobre todo, tenga cuidado si alguna vez una rubia potente y de grandes pechos, sudorosa y semidesnuda le atiende en una gasolinera en mitad del campo.

Reseña: La guardia de Jonás, de Jack Cady

laguardiadejonasJack Cady (1932-2004) sería un perfecto desconocido en nuestro país si no llega ser por dos relatos: La noche que enterramos al Perro Rutero, ganador del premio Nébula, y Una deuda de marinero la cual forma parte de la antología Mares tenebrosos cuyo responsable es José María Nebreda, el mismo que traduce y nos vuelve a presenta a este interesante autor con el primer título de la nueva y esperemos fructífera colección de literatura de terror contemporáneo llamada Insomnia, dentro de la editorial Valdemar. La guardia de Jonás es un libro atado, como un fuerte nudo marinero, a una experiencia vital que suponemos marcó de manera brutal al autor, el cual estuvo trabajando como guarda costero en su juventud y cuyas vivencias son de clara inspiración en esta obra. El propio Cady nos dice que durante largos años tuvo en su mente la idea de terminar esta novela y que no lo hizo hasta que  no se consideró lo suficientemente conocedor del mundo de los barcos, puertos y marineros como para hacer el merecedor homenaje en forma de historia sobresaliente.

La guardia de Jonás narra las distintas andanzas y desventuras de un grupo de marineros en la “Adrián”, una lancha costera encargada del rescate de barcos de todo tipo en las frías aguas del estado de Maine. A lo largo de los meses que van transcurriendo hacia el temible invierno, poco a poco se van presentando a cada uno de los marineros de la embarcación; y como si fuésemos novatos enrolados vamos conociendo, desde nombres, cargos, tareas y responsabilidades, pasando por sus caracteres y personalidades, hasta finalmente la revelación de los más bajos instintos como el miedo o la violencia de cada uno de los compañeros de barco…como las grandes historias o los grandes viajes, en el primer capítulo nos presentan a marineros de un relato, y casi al final descubrimos auténticos personajes perfectamente reales con los que el lector acaba teniendo un alto grado de compromiso, el mismo que se tendría cuando por la tarea que se les encomienda, el error de uno puede dar lugar a la muerte de otros.

La prosa de Jack Cady nos zambulle de una sola vez con el ambiente de la pérfida mar tanto por su vocabulario como por un estilo tan poético como impetuoso a la hora de describir la fuerza de la naturaleza, la tormenta, las olas, el frío, el fuego, el hielo…esa clarísima seña de identidad del que ha vivido los peligros del mar y a su vez se ha sentido parte de él, tanto en su experiencia como por el ánimo de contar un relato, en el más puro estilo hogdsoniano.

No creo que haya una novela que narre mejor la experiencia y modo de vida de un guardia costero ni tampoco la cantidad de peligros naturales que tiene que afrontar, ni la importancia del trabajo en equipo en mitad de la nada con los efectos de una tormenta, el hielo o un mar impetuoso cuando se intenta rescatar una embarcación desaparecida.

Debo decir que no se trata básicamente de una historia de horror sobrenatural, el elemento fantástico está ahí, hay elementos que lo muestran claramente (Jensen, el “Hester C.”) aunque concretizado en eso que comúnmente llamamos mal de ojo, y que en todas las historias, tanto reales como ficticias, juega un papel fundamental en las desventuras y desgracias de un viaje en el que otros compañeros perdieron la vida.

Jonás no es sólo un fantasma, es una maldición, un estado de ánimo, una puerta hacia lo desconocido que trae funestas consecuencias y que los miembros de la tripulación poco a poco se irán contagiando de él y cada uno responderá al mismo de distinta manera.

Lo primero que resalta al comenzar a pasar páginas es el elaborado, tanto estéticamente como a nivel de vocabulario, lenguaje en la prosa de Cady. No es un libro que se pueda leer en dos tardes, es de aquellos que exigen centrarse en el ambiente que describe. El objetivo, que cumple sobradamente, es la pura inmersión ambiental, fundamental cuando casi toda la novela transcurre en una lancha de unos cuantos metros…se agradece el dibujo al principio del texto del tipo de lancha con cada una de sus partes y las notas del traductor, ni escasas ni pesadas,  respecto a términos que salvo que seas profesional de ese mundo, no se van a conocer.

Cady es un escritor con fuerte influencia de grandes clásicos. Se nota tanto en el estilo muy elaborado y de elevada prosa, a nivel tanto estético como metafórico, (recuerda a Meville o Conrad);  además de tener la maestría de hacernos sentir el mar como un insondable espacio tan ominoso como imprevisible, con una total credibilidad: los personajes nunca dan la impresión de ser creaciones literarias sino nobles y experimentados hombres que alguna vez sacrificaron su trabajo y su vida tan atípico, peligroso y poco cómodo como apasionante

Valdemar vuelve a regalarnos otra joya desconocida, un libro para leer pausadamente y disfrutarlo, con un fuerte aroma a clásico y con una temática o ambiente que nos mantiene a lo largo de sus páginas en ese temor de sobrevivir en mitad de una tormenta marítima y el placer de vivir una vida que nunca tendremos sino es a través de las páginas de un escritor que la vivió.