Reseña: El gran desierto, de James Ellroy

elgrandesiertoBienvenido a Los Ángeles, el día de Año Nuevo, primer día de 1950, la madrugada que marca la mitad del siglo y con un descubrimiento macabro en West Hollywood: un cadáver masculino, los ojos arrancados, el cuerpo plagado de extrañas marcas de mordiscos, los genitales mutilados. El adjunto Danny Upshaw, aún no tiene treinta años, pero ya vive con ganas de demostrar su habilidad y talento como detective de la LAPD. Así que soborna a un juez de instrucción para que pueda examinar el cuerpo por sí mismo…, y comienza un caso que le abrirá la mente a un amplio mundo de depravación, corrupción, venganza y muerte.

Muertes por doquier.

Feliz Año Nuevo y Bienvenidos al Infierno. Oh sí, esta es la novela que más veces me ha recomendado cierto amigo mío. Una novela de James Ellroy. Del maestro. Aunque sin haber leído mucho de él, casi me atrevo a asegurar que es «la novela», para mucha gente.

Este es El gran desierto. No puedo imaginar a alguien familiarizado con la literatura policíaca contemporánea o novela negra, que no conozca a James Ellroy. Un autor que comenzó en el misterio en la década de los 80s y sigue asombrando con su trabajo a día de hoy. Y como gusta su afición por la jerga recortada, la prosa vívida, la violencia extrema (e incluso el gore), y como crea tramas complicadas, largas y docenas y docenas de personajes.

En El gran desierto, junto a Upshaw, está Mal Considine, un ayudante del fiscal, al que torturan por el hecho de que la mujer que amó era una puta nazi; y por ello su hijo significa más para él que cualquier otra cosa. Aun así, une sus fuerzas con hombres violentos, paranoicos por reventar a los comunistas que se ocultan en la gran casa Hollywood. Una de las escenas más desgarradoras de la novela es cuando él y el irlandés, el teniente Dudley Smith (el villano Dudley Smith, que aparece en más de una novela de Ellroy) interroga a un guionista y, al final, le obligan a nombrar a sus amigos como conspiradores comunistas. Ellroy demuestra en escenas como ésta, que no hay tono falso de blanco y negro, que el ambiente es tan real que casi se palpa.

Luego está Buzz Meeks, un ex-policía proxeneta de niñas menores, comprador de jueces, y mano dura de un mafioso judío llamado Mickey Cohen. Sin embargo, Buzz es el héroe de la novela. Y finalmente trabaja con Considine y Smith, tratando de arrancar de raíz a esos comunistas perversos de la industria del cine.

Sólo lo hace por dinero, está claro.

En el último tercio del libro, la narración se vuelve algo compleja y confusa, y en ocasiones me encontré a la deriva. Es un libro depurable en algunas partes. Aunque todo se arregla de forma perfecta con la explicación que viene en las páginas finales, y que por cierto, no esperaba.

Aunque no es una novela tan apasionante como Jazz Blanco, ni tan magistral como L.A. Confidential, esta novela se las arregla para asombrar y satisfacer al lector serio. Con su recreación, da en el clavo y te mete de lleno en plena década de los 50s en el profundo Hollywood. Ellroy ofrece así una visión única de los males, de un período que imaginábamos de forma inocente. Ellroy no escatima en gastos, da una patada en el culo a todo el revisionismo histórico, lugares, el lenguaje, el carácter y los hechos.

Ellroy es todo un maestro creando clímax. Entiendo que para mucha gente El gran desierto sea una de las mejores novelas que ha leído en su vida. Dicen que es la típica novela atípica de autor. Que El gran desierto no es necesariamente Ellroy, que Ellroy es bastante mejor, y yo pienso: ¿pero si aun así está a millas por delante de casi todos los otros escritores de crimen actuales?

Seguiré picoteando.

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