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Reseña: El Fin del Imperio, de John Scalzi

elfindelimperioCon el paso de los años, desde Robert A. Heinlein e Isaac Asimov hasta Gene Roddenberry y George Lucas (y así sucesivamente), uno descubre que es narrativa básica repetir una y otra vez en la Ciencia Ficción, el deseo humano de alcanzar las estrellas. Mas, si se vuelve y es con calidad bienvenido sea. El Fin del Imperio, de John Scalzi, es una de las narrativas de hiperespacio revisionistas más importantes que se han presentado en la actualidad. Vio la luz en 2017 y se alzó con el Premio Locus a Mejor Novela el año pasado. John Scalzi, un pedazo de autor que ha llegado para quedarse, perturba en El Fin del Imperio, y con supuestos fáciles, el tema del hiperespacio del que tanto se habló en la Edad de Oro de la CF.

Las primeras historias publicadas de John Scalzi fueron sus novelas denominadas La Vieja Guardia. Historias donde se reclutaban a ciudadanos de setenta años o más de la Tierra para unirse a las fuerzas de defensa de colonias humanas en el espacio exterior. Se marchaban para nunca volver, pero eso les alargaba la vida. Mucha gente observó en dichos libros similitudes intencionadas sobre el gran clásico Starship Troopers, pero con un toque original que lo volvia factible. Estoy de acuerdo. Nada de plagio, más bien homenaje, ¡y qué homenaje! Por que dichas novelas son joyas en sí mismas, indispensables para todo aficionado a la buena CF.

John Scalzi nació en 1969 y es un escritor estadounidense, escritor online y expresidente de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de América. Es sobre todo conocido, por las novelas que os comentaba antes: La Vieja Guardia, una trilogía, cuyos títulos de forma independiente han sido todas nominadas a los Premios Hugo. El autor ya había ganado el Hugo al Mejor Fanwriter en 2008 basado predominantemente en su blog. Además uno de los últimos libros que leí suyo, Redshirts, una comedia hilarante, se llevó el Premio Hugo 2013 a mejor novela del año.

¿Y por qué os cuento todo esto? Para qué veáis la poderosa predisposición y ansia que siento cada vez que una nueva obra de Scalzi llega aquí. Y como siento el deseo de contarlo cada vez que disfruto tanto. Y bueno, ¿qué encontramos en El Fin del Imperio? Aunque ediciones Minotauro da una sinopsis bastante extensa y acertada, yo empezaré diciendo que sobre todo, es una novela basada en una premisa singularmente intrigante. En un futuro muy lejano, en la humanidad existe un imperio interplanetario llamado la Interdependencia, sus puestos avanzados conectados por el Flujo: una serie de corrientes espacio-temporales naturales que facilitan el viaje rápido entre diferentes partes del Universo. Como el Flujo existe sin preocuparse por las preferencias planetarias humanas, y como la ruta del Flujo a la Tierra se perdió hace siglos, la mayoría de la gente vive bajo suelo en ciertos hábitats planetarios o en estaciones espaciales a lo largo de estas rutas que el Flujo mantiene conectadas. Hay comercio, viajes controlados por el gremio aristocrático y las familias solo existen en mundos verdaderamente  habitables. Pero hay un planeta llamado Fin, llamado así porque es el reino más distante de la Interdependencia, al que solo se puede acceder mediante un solo par de flujos. Y ahora el Flujo ha comenzado a moverse. Durante mucho tiempo fue estable. Pero se acabó, está colapsado y sin él, la supervivencia de toda la Interdependencia, de los planetas aislados y las vidas que ocupan, en definitiva, de la raza humana; todo-todito-todo llegará a su fin. Tres individuos. Un científico, el capitán de una nave espacial y la emperox de la Interdependencia tienen en sus manos salvar la raza.

La historia comienza con un prólogo, y dios sabe que Scalzi es bueno en eso. El capitán Arullos Gineos, ya lidiando con un motín… Los homenajes son evidentes, pero repito, mientas sean a obras gloriosas y estén bien hechos, es decir, que paseen por distinta acera a la del plagio, para mí son bienvenidos Y eso lo hace muy bien Scalzi. Así que me percaté de como El Fin del Imperio combina elementos de la Fundación de Asimov con el Dune de Herbert, o la serie Culture (La Cultura, no sé si aquí se tradujo así), de Ian Banks. Un buen sandwich mixto de tres pisos. Una manera que me pareció encantadora como fanático del género. Me gustaron las referencias a El Colapso; Scalzi describe muy bien “Ese viejo futuro de la Edad de Oro” en unos ocho puntos. Además, la versión del hiperespacio que encontramos aquí (llamada Flujo) no es simplemente una “velocidad fantástica sino una especie de extraña formación físico-ontológica que se esconde bajo el espacio tridimensional. ¡¿Cómo?! No os preocupéis, Scalzi no es de los que rallan. Lo describe muy bien. Dadle una oportunidad y lo veréis.

El Fin del Imperio gusta, deleita y está llena de buenos momentos. Ciencia Ficción que mola.

Reseña: Cara Corazón, Un Umbral, de Seanan McGuire

cada-corazon-un-umbralTampoco pedíamos tanto… Gloriosa la época de buenas publicaciones que estamos viviendo, y por ello no me canso de decirlo: ¿era mucho pedir como lectores tener a mano los más recientes Premios Stoker, Hugo, Locus, Nebula en español? Y si es posible, a poco de su publicación, el más reciente, ¿no? Nos lo merecemos. Y tanto. Como lectores y siendo el fantástico el tipo de lectura que más vende en nuestro país pese a lo que digan; nos merecemos tener disponible lo mejor de lo mejor.  Y algunas editoriales por fin se van dando cuenta y hacen ese esfuerzo.

Con un trabajo estupendo, en formato económico y con una genial calidad en tapa dura, vamos encontrando de esto que tanto pedimos en editoriales y sellos tan recomendables como la Colección Runas de la eterna Alianza Editorial. La cual va trayéndonos poco a poco joyitas del otro lado del charco como La Balada de Tom el Negro, Agentes de Dreamland o Cada Corazón, Un Umbral, la novela de Seanan McGuire que se llevó nada más y nada menos que el Hugo, Locus y Nebula en 2017.

Cada Corazón, Un Umbral es un alejamiento en realidad, de lo que suele propinar Seanan McGuire con sus escritos. Eso me dijeron. Un giro agridulce de la fantasía convencional que mora vecina en ese vecindario oscuro que llamamos Terror. Narra la historia de un lugar, de una extensión de terreno donde existe un internado para niños inusuales… La escuela que dirige Eleanor West cuenta con pequeñas almas de corazón roto. De niños expulsados del paraíso. Algunos de ellos, traumatizados por lo que experimentaron en el doloroso exterior. La mayoría de ellos esperan regresar a esos mundos individuales, de alguna manera, pero encontrando cada uno su “puerta”. Y esa puerta llega a muchos con la llegada de Nancy. Una joven que ha conseguido superar el gram trauma, el peor que existe: regresar de la tierra de los muertos. Sin embargo, poco después de su llegada, un alumno es encontrado muerto en la mansión. Y Nancy (junto a sus nuevos amigos), decide encontrar al asesino antes de que la escuela cierre o se conviertan en próximas víctimas…

Bellamente diseñado y escrito de forma muy inteligente, me sorprendió gratamente como McGuire compone la estructura de esta historia. Un cuento fantástico genialmente disfrazado de aventura recubierta de thriller, intriga y mundos fantásticos. Con personajes diversos y prosa que llega, mejor dicho, goza de esos momentos lectores en los que siente uno verdadera emoción por la lectura que tienes entre manos.

Me encantan las historias sobre portales a otros mundos. Me encanta la idea de abrir una puerta y encontrar algo inesperado en el otro lado. Pero sobre todo me motiva mucho leer e inmiscuirme en historias sobre personas o personitas sin complejos. Lo que me ha llevado a descubrir que hay más. Que hay serie, o mejor dicho, una trilogía denominada Wayward Children en la que se cuenta más de estos niños, de sus identidades, de sus anhelos y pertenencias. Bueno saberlo después de degustar los que se cuenta en Cada Corazón, Un Umbral donde el eje principal va de encontrar el lugar perfecto…

Y luego perderlo.

Bien por estas novedades. Bien por la Colección Runas una vez más. Y bien por el fantástico SIEMPRE. Evadirse motiva. Te hace diferente. Una buena lectura te pone en su sitio un hombro dislocado. Así de fuerte. Y así de placentero después de acabar el trabajo.