Reseña: Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, de Jesús Hernández

cien-mejores-anecdotasEn las páginas interiores de uno de los  periódicos de mayor tirada nacional, no hace mucho tiempo, leí un artículo sobre cómo era la vida de los pocos parientes que quedaban con vida del dictador alemán Adolf Hitler. Eran, si la memoria no me falla, tres personas cuyo delito fue llevar marcado el apellido maldito y que fueron trasladados desde su Alemania natal hasta Estados Unidos por temor a que los ciudadanos tomaran represalias contra ellos. A cambio de esta “libertad”, los sujetos debían de acatar la orden de no casarse ni la de tener descendencia, algo que han cumplido hasta el día de hoy.

Estos tres hombres viven por separado, tan solo se reúnen en ocasiones especiales y siempre con permiso y bajo la atenta supervisión de los americanos, más por seguridad que por temer a que tomen represalias, pues todos y cada uno de ellos ya dejaron bien claro que reniegan de su antepasado, razón por la que aceptaron, sin tan siquiera un atisbo de duda, el no tener descendientes.

Los tres “parias” viven en una casa lujosa y ni siquiera tienen que salir de ella para hacer ningún tipo de tarea, debido a que están subvencionados por el estado. Tan solo tienen que pedir algo que deseen (algo dentro de lo normal, se entiende) y lo tienen en sus hogares en menos que canta un gallo.

Muchos pensarán que viven una vida a todo lujo; otros dirán que son injustamente tratados y el resto, simplemente, se abstiene de hacer comentarios. La razón por la que lleven esta vida (buena o mala, según opiniones) es el temor a que el ser humano tomara represalias contra ellos después de haber finalizado la terrible y odiosa Segunda Guerra Mundial.

Este es un suceso que no viene recogido en Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, novela histórica publicada por Rocaeditorial. He considerado conveniente publicarla en esta reseña por el simple hecho de añadir una anécdota más a esta excelente obra que supuso el debut editorial del escritor catalán, Jesús Hernández. Tal vez emulando al propio autor quien, de manera acertada, decide escribir un nuevo prólogo para esta edición aparecida una década después de su primera publicación. Imperdibles ambos, tanto el nuevo, como el viejo.

¿Qué encontrará el lector en Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial? Tal como ha podido comprobar, hallará una fuente inagotable de sucesos anecdóticos que han pasado a la posteridad no solo por sus hazañas, además por sus frases, gestos, decisiones de última hora… todo narrado desde un punto de vista neutral, contando los hechos tal y como sucedieron sin inclinar la balanza hacia ningún lado en concreto. Esto, al margen de la gran cantidad de noticias que vas a aprender, es el gran acierto de esta novela. Después de todo, en una guerra no hay vencedores ni vencidos, solo familias destruidas,  víctimas de ideológicas extravagantes. Todos coincidimos en que la Segunda Guerra Mundial ha sido la mayor pifia del ser humano en la Edad Moderna y que nunca debió de pasar. Todos esperamos/deseamos que la Humanidad no repita esta historia.

Odio las guerras, es una sinrazón, estará de acuerdo conmigo; sin embargo, he disfrutado de esta novela por el mero hecho de su riqueza histórica: además de todas las anécdotas, el lector encontrará un espacio dedicado a coincidencias asombrosas y otro a los récords. Admiro con un profundo respeto el trabajo de documentación de Jesús Hernández, quien nos obsequia con este anecdotario digno de estar en las mejores estanterías de bibliotecas y hogares de todo el mundo. Eso sí, para aprender, no para caer nuevamente en el mismo error de nuestros antepasados.

Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial es una obra que pellizcará bastante a menudo.

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