Reseña: Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso

esta-noche-ardera-el-cieloHay novelas que te atrapan desde la primera página, que se leen de una sentada y, aunque no te llevan demasiado tiempo, piensas en ellas días y semanas después. Eso es lo que nos ofrece Emilio Bueso con su última novela titulada Esta noche arderá el cielo (Salto de Página, 2013): un recorrido vertiginoso por literatura adictiva y no por ello menos cargado de mensaje.

Mac arregla motos. No tiene nada que hacer salvo pasar el tiempo, y reparar carburadores se le da bien. Tuvo un rollo con Perla hace años que lo dejó marcado, y ahora Perla ha regresado. Al intentar revivir el viaje iniciático que terminó en polvo años atrás, comenzará su particular pesadilla. Indios narcotraficantes, mercancía peligrosa, astrónomos aficionados, agentes del gobierno y hasta Dios se dan cita en la Transtaiga, la carretera más remota del mundo que transita los confines de Canadá entre taiga, árboles y auroras boreales.

Emilio Bueso nos regala otra historia sin bozal, dura, a ratos emotiva, de acción sin tregua y suspense constante. Su prosa cortante nos lleva desde las marcas en la cara de Mac hasta las estrellas más lejanas, comparando aspectos incomparables, jugando con las palabras y retorciéndolas a su gusto para crear dobles sentidos : “Siguió confiando en todo cuanto hizo e hizo cuanto todo había que hacer en confianza” o “se jubiló cargado de júbilo”. Son solo dos ejemplos, pero que van mucho más allá en la mano de un Bueso que construye metáforas perfectas.

Porque esta novela es una metáfora. Tiene forma de western, transita por el terror, la acción, la Ci-Fi y hasta el costumbrismo, pero no deja de ser la historia de un tipo que va en línea recta hacia ninguna parte, tratando de huir de una vida vacía en pos de un recuerdo que hace tiempo se diluyó en su memoria. A los lados, vegetación y peligro. Aquí lo importante es el viaje, mirar las estrellas, acelerar con la moto y disfrutar del camino, sobre todo disfrutar del camino.  Después, que cada cual lo interprete como quiera.

El autor hace virguerías en este libro. Se da el lujo, por ejemplo, de prescindir casi de diálogos, de hacer desaparecer al protagonista durante cien páginas, de borrar la línea entre hombres y monstruos, o de convertir el amor verdadero en desprecio absoluto. Es muy complejo hacer cosas así y salir airoso, y Bueso lo consigue con creces.

No hay nadie que entienda la fantasía-terror-acción como Emilio Bueso. Deslumbró con Diástole y se disparó con Cenital. Cada novela suya es una magnífica obra que no debéis perderos.

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