Reseña: Colisión, de M. Gambin

colisionUna de cal y una de arena.

Pero vayamos por partes. ¿De qué va Colisión? La trama no tiene demasiado misterio: un grupo de terroristas chechenos quiere recordarle al mundo que su guerra contra los invasores rusos sigue presente y para ello planean un atentado salvaje que implica estrellar un barco cargado con una poderosa bomba contra el mayor petrolero del mundo.

Es evidente que en nuestro país este libro tiene un pequeño valor añadido al estar ambientado en las Islas Canarias. Gambin demuestra que conoce las islas y que, en su mayor parte, también sabe cómo funcionan los cuerpos de seguridad y políticos de nuestro país. En ese sentido, muy bien, aunque también se le cuela algún americanismo cuando habla de la forma en que la periodista Sandra Clavijo escaló puestos en la redacción del periódico en el que trabajo. Una minucia que no enturbia la labor de localización del libro.

Pero he dicho al principio que hay una de cal y una de arena. Bien, a la hora de ambientar la novela en nuestro país, el autor ha elegido unos nombres para los personajes un tanto… peculiares. Desconozco si Ariosto y Olegario son nombres recurrentes en la isla, pero desde luego, como héroes de acción…  que sí, que en una situación límite ya puedes llamarte Bruce Willis o Agapito De La Serena, que si hace falta liarse a puñetazos ambos lo van a hacer. Pero a mí lo de estar leyendo una novela de acción trepidante y que el tipo que ha de salvar la situación se llame Olegario me sacaba un poco de la historia.

No contribuye positivamente que alguien en el proceso editorial de esta novela sea compatriota de Ned Flanders. Elenita, el marinerito, etc. No sé si esto era así en el original, si es cosa del traductor o de quién, pero esos diminutivos te sacan un poco de la intensidad que quiere transmitir la trama. Es cierto que el ambiente del que proceden varios de los personajes (una especie de alta élite cultural… repija, por decir algo) hace que resulten creíbles los diminutivos, pero creo que la mezcla no acaba de cuajar.

Respecto a la trama, en positivo hay que decir que es trepidante. El grueso de la historia, desde que empieza el secuestro hasta su final, transcurre en unos tres cuartos de hora, y en ese tiempo pasan tantas cosas (algo más de 300 páginas), que la acción es constante y llena de pequeños clifhungers. Gambin es de esos autores que gusta de dejar en alto cada capítulo para que empieces el siguiente con avidez. ¿Cuál es la contrapartida? Que el inicio, por necesidades de la propia trama, se hace ligeramente enrevesado por la necesidad de presentarte no solo a todos los personajes implicados (y son unos cuantos), de cara a que en cuanto arranque el secuestro les pongas “cara” a todos ellos, sino también los barcos (tres de ellos se ven envueltos en la trama, junto con una patrullera del ejército y un caza F18) y las circunstancias especiales del entorno. Es mucha información que el autor dosifica en las páginas iniciales, llegando a hacerse pesado cuando describe las peculiaridades de cada barco, pero que no está hecho sin motivo. Ese es otro detalle que al autor hay que reconocerle: cada cosa que menciona va a tener su papel en la trama. Y a la hora de dosificar esa información, además, el autor no recurre a un único medio. En algunos momentos usa al narrador, en otros da la información en boca de un personaje, etc.

Si nos centramos en los personajes, lo cierto es que a Gambin le da bastante igual dibujar a ninguno de ellos. La trama ocurre en tan poco tiempo, y el libro es tan “película de acción”, que poco importa quién sea cada uno de ellos. Son gente atrapada en un secuestro y algunos de ellos se convierten en inesperados héroes de acción. Apenas hay dibujo de personajes, no existe ningún trasfondo (apenas pinceladas en algunos de ellos; curiosamente las mejores descripciones de personajes, que ayudan a entenderles por completo, son de dos personajes secundarios como la periodista Sandra Clavijo o el alcalde de la ciudad). En ningún momento te explican por qué Ariosto de repente se lanza a luchar contra los terroristas, de dónde le viene esa llama, por qué tiene esa capacidad de innovación. Con Olegario, al menos, queda más claro. Sabemos que tuvo un pasado donde las peleas y el manejo de armas estaba a la orden del día, así que al menos con él, comprendemos su necesidad de hacer algo para enfrentar a los secuestradores. El resto de personajes, como digo, son intercambiables unos con otros. Están al servicio del ritmo sin pausa, de la acción, que es lo único que importa en esta novela. Y que, dicho sea de paso, es lo mejor que tiene. Su trama es ágil, rápida y te mantiene en tensión desde que los terroristas deciden sacar sus armas de las bolsas hasta el desenlace. Queda claro, desde casi el principio, que el objetivo de Gambin es ese, crear un disfrute de los que permiten no poner los cinco sentidos. Aquí no hace falta pensar en quién era quién, por qué o cómo. Las cosas ocurren, tienen sentido y es todo tan rápido que si parpadeas, te lo pierdes.

Amantes de los thrillers sin pausa, Colisión es vuestro libro.

2 comments

  1. Ana dice:

    Es evidente que quien hace la reseña, no conoce ni las Islas Canarias, ni al autor del libro, sus nombres son comunes y usados por aquí, aparte de esa menudez, que no enturbia la reseña, los protagonistas de la misma, pertenecen a una serie de personajes de otras novelas del mismo autor.
    Coincidimos en lo trepidante de la trama y en lo amena de la misma, ya que quienes vivimos aquí conocemos de propia mano las explicaciones de los barcos y demás requisitos, cosas de vivir entre islas.
    Estamos de acuerdo también, en que a quienes nos gusten los thriller, Gambin en nuestro escritor.

    • Víctor dice:

      Al autor del libro no lo conocía cuando leí Colisión, y de hecho, fue más tarde que descubrí que es español (cuando leí la novela estaba plenamente convencido de que era americano, vete a saber por qué mi cerebro hizo esa conexión). He buscado algún libro suyo porque Colisión me gustó mucho, así que probablemente me ponga con la saga Ira Dei.
      Por tanto, es obvio que no conocía la relación de los personajes con otras novelas. De todos modos, lo que comento sobre los nombres es una tontería, algo personal (a mí me chirriaba que el héroe de acción se llamara Olegario, pero vamos, que ni eso es bueno ni es malo y no enturbia para nada el resultado).

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