Hoy, en Crónicas Literarias, tenemos el placer de entrevistar a un autor que estamos seguros que va a dar de qué hablar. Él es Javier Pellicer Moscardó y acaba de salir en el mercado su primera novela: El espíritu del lince. Iberia contra Cartago. Hemos querido acercarnos un poco a él con una tanda de preguntas. Antes de nada, háblanos un poco sobre ti, Javier. A qué te dedicas, qué haces en tu tiempo libre, cuáles son tus aficiones…
Pues trabajo, como todo el mundo, para pagar las facturas. Soy ebanista, y en mi tiempo libre me gusta… escribir (risas). Normalmente la mayoría de autores, incluso los que ya hemos publicado, seguimos dedicándole el tiempo libre a nuestra gran afición, escribir. Muy pocos son los autores que pueden decir que viven de esto.
Me parece inevitable hacerte esta pregunta: ¿en qué momento, y cómo, te diste cuenta de que querías ser escritor?
Creo que fue algo progresivo. Siempre sentí admiración por el oficio de escritor, especialmente a raíz de leer por primera vez “El Señor de los Anillos”. Todas esas lecturas acabaron por llevarme a un interrogante: ¿podría yo hacer lo mismo, crear una historia en mi cabeza y plasmarla en papel? Así surgieron los primeros intentos, hace ya más diez años, pero que no fueron nada serio hasta hará seis, más o menos, cuando empecé a tomármelo más en serio.
¿Has tenido algún maestro?
En el sentido estricto no. Jamás he asistido a un taller literario ni he tomado clases de ningún tipo. Pero he recibido muchos consejos de autores amigos que han sido vitales para aprender y progresar. En el plano de influencias, obviamente Tolkien me marcó y aún sigue siendo mi autor favorito.
Has participado en concursos, en diversas antologías… Haznos un resumen, por favor. Y dinos cuál fue el inicio de tu carrera. ¿Qué sentiste?
La verdad es que he participado en tantas antologías (algunas más profesionales que otras), que sería muy largo enumerarlas todas. Las que más me han marcado fueron “Su universo a través”, donde se trataba de convertir las canciones del músico Shuarma en relatos; y por supuesto la serie de “Crónicas de la Marca del Este” (por ahora dos volúmenes). La primera con la que publiqué, si no recuerdo mal, fue en la antología “Cryptonomikon”, que aglutinaba los relatos finalistas del certamen Cryptshow Festival, donde fui ganador en la categoría de relato fantástico. Aunque se trataba de un concurso muy humilde, fue una inyección de moral impresionante, que me vino muy bien para darme cuenta de que iba por buen camino. La sonrisa me duró varios días (risas).
Acaba de salir a la luz tu primera novela, El espíritu del lince. Iberia contra Cartago. ¿Ha sido muy difícil llegar hasta aquí?
Sí, mucho. Algunos autores tienen la suerte y el talento para lograr publicar su primera novela escrita, pero yo, como tantos otros, he tenido que luchar durante mucho tiempo. “El espíritu del lince” no es mi primera novela escrita. Antes que esta historia han habido como poco ocho, aunque obviamente algunas no tienen la categoría para ser publicadas (a no ser que las reescriba). Hay mucho trabajo detrás de esta primera publicación en solitario, mucho tiempo de aprendizaje. Y el que me queda.
Yo, que he leído otros trabajos tuyos, me sorprendí gratamente al saber que tenías intención de publicar una novela histórica. En mi opinión, es de los géneros más difíciles. Cuéntanos las dificultades con las que te has encontrado a medida que has ido realizando la obra…
El principal problema es la documentación, sobre todo cuando el autor no tiene nociones avanzadas del tema. Fue un proceso de estudio largo pero al mismo tiempo muy satisfactorio, ya que aprendí mucho. Os aseguro que en la escuela jamás estudié con tantas ganas (risas). Una vez acostumbrado a este proceso de documentación, el resto no deja de ser igual que cualquier otro género: se trata de contar una historia, en este caso teniendo un trasfondo real que no puedes modificar a tu antojo, como en la fantasía. Es más restrictivo, pero a la vez un reto más apasionante.
¿Cómo te preparaste? ¿Tuviste que estudiar mucha historia? Je, je…
Muchísimo. En el blog oficial de la novela podéis encontrar la extensa bibliografía que leí. Cuando empecé no podía creer que hubiera tanta información sobre una época y una cultura tan poco conocida por el público en general. Y como podéis ver si visitáis el blog, son un montón de libros y artículos. A eso habría que sumarle las varias visitas al Museo Prehistórico de Valencia. Pero como digo fue tan entretenido que no supuso un sacrificio insalvable. Llegué a disfrutarlo.
Tú que te has movido sobre todo en el género fantástico, ¿son los recursos literarios muy distintos respecto a los que debes utilizar para escribir una novela histórica?
En realidad no. De hecho, los primeros lectores que han leído la novela señalan que precisamente “El espíritu del lince” sigue muchas premisas básicas de la fantasía épica. Como he dicho, se trata de narrar una historia. Lo que cambia es el escenario y la libertad del autor a la hora de crear sucesos (que no pueden contradecirse con lo que se conoce históricamente). Pero el resto puede llegar a ser idéntico. Siempre pongo el ejemplo de Javier Negrete, nuestro mejor autor de género fantástico e histórico: igual es capaz de hacerte una novela de fantasía épica como “La espada de fuego” como una histórica del estilo de “Salamina”.
Di a los futuros lectores de la novela qué es lo que se van a encontrar en ella.
Mucha épica y emotividad. Grandes batallas y sucesos dramáticos, porque no olvidemos que estamos hablando de un momento muy movido de nuestra historia antigua. La acción transcurre durante un conflicto, la invasión cartaginesa a la península ibérica en el siglo III a.C., que daría a conocer nuestras tierras por primera vez. Hasta el momento, Iberia solo había sido un rincón sin importancia del mundo conocido. A partir de entonces, cobró una relevancia que ya no abandonaría jamás. Ese momento álgido quise que quedara muy reflejado en la trama, incluso a nivel de personajes.
¿Cómo te sentiste cuando supiste que ediciones Pàmies iba a publicar tu novela?
Te lo puedes imaginar. Al principio me costó hacerme la idea, pero la alegría fue enorme, sobre todo porque estamos hablando de una editorial que, aunque joven, ya es referencia en el género (sólo hay que visitar los foros de novela histórica para darse cuenta) gracias a sus ediciones cuidadas y el ojo con el que elige Carlos Alonso Pàmies, el editor. Vamos, que era entrar en la literatura profesional a lo grande.
¿Crees que las editoriales son más reticentes a la hora de publicar novela histórica respecto a otros géneros?
No lo creo. Hay que tener en cuenta que cada editorial tiene sus propias colecciones. Algunas no publican género histórico, pero otras sí. De hecho, la novela histórica siempre suele tener mucha presencia las listas de ventas. Es un género muy demandado por los lectores, solo hay que ver el éxito de autores como Posteguillo, Carlos Auseranz o Blas Malo. ¿Cómo no van a querer las editoriales apostar por un género tan demandado?
Es sabido que, en ocasiones, las novelas históricas se hacen pesadas en cuanto a los hechos contados. ¿Cómo has solucionado tú estos posibles inconvenientes?
Puede llegar a ocurrir cuando el autor se obsesiona por demostrar que sabe mucho de la temática, convirtiendo un texto en más didáctico que literario. Nunca hay que perder de vista que la novela histórica es ficción, y por tanto por encima de cualquier otro aspecto busca el entretenimiento del lector. Yo decidí escribir una historia en primera persona, para que el lector pudiera meterse en la piel del protagonista desde la primera frase. Además, aderecé la narración con el estilo épico típico de la alta fantasía, y busqué que siempre hubiera algún conflicto en la trama, que es lo que hace moverse a cualquier historia. Quise otorgarle un ritmo adecuado intercalando batallas, combates y momentos dramáticos, que cada capítulo contuviera algo significativo para el personaje, la historia y el lector.
Hablando ya en un contexto más general: ¿cómo ves la situación actual para la publicación en España?
Publicar siempre ha sido complicado, no nos engañemos. Pero es cierto que el panorama actual está cambiando gracias al tema de las plataformas digitales como Amazon. Se están abriendo nuevos caminos para todos, lectores, autores y editoriales, con sus ventajas y desventajas. Todavía es pronto para sacar conclusiones, y yo soy un recién llegado que aún tiene una visión muy general del mercado. Eso sí, me da la sensación de que estamos en unos momentos vitales para el futuro de la literatura.
¿Se está perdiendo la afición por la literatura?
No lo creo. Todavía hay mucha masa lectora en este país, y quizás se consigan nuevos lectores gracias a la facilidad de las plataformas digitales. También ayudan fenómenos juveniles como las sagas de “Crepúsculo” y compañía (tengan más o menos calidad, incentivan a nuestros jóvenes a leer). El problema más grave es la crisis económica: la cultura no es una necesidad básica, de ahí que cuando hay escasez sea lo primero en resentirse.
Volviendo a ti, Javier, ¿estás metido en algún otro proyecto?
Siempre. Como bien sabes, estoy, junto con otros autores e ilustradores, en el segundo volumen de “Ilusionaria”, la antología benéfica de cuentos infantiles que organiza Juande Garduño. Es un proyecto muy emocionante por lo que significa. Y en cuanto a proyectos en solitario, estoy revisando una novela con la que me daré una pausa de la novela histórica para volver al fantástico.
Para acabar, Javier, ofrece algún que otro consejillo a los posibles escritores noveles que estén leyendo esta entrevista.
Que escriban y lean mucho, que no dejen de formarse, de aprender, de mejorar. Que no tengan prisa y se tomen su tiempo, que busquen esa historia que convencerá a las editoriales (si es el camino que deciden seguir). Que escuchen (si quieren) a los que ya tienen un trecho recorrido, porque de ellos aprenderán mucho. Y sobre todo, esfuerzo, constancia y mucha paciencia.
Muchas gracias, Javier. Esperamos sinceramente que tengas suerte con tu primera novela publicada, que vendas mucho y llegues a muchos lectores. Esperamos tus futuros trabajos con ilusión.
Elena Montagud para Desde New York, Crónicas Literarias.































