Ante todo, Guillermo, decirte que estamos encantados de poder entrevistarte. Estamos ante un escritor notorio, con novelas francamente buenas y por ello nos sentimos orgullosos. Autor de La mirada de Saturno, De las cenizas, Llámame Judas y Antes de decirte adiós entre otras.
En primer lugar, ¿puedes hablarnos un poquito sobre quién es Guillermo Galván?
Un señor que desde hace un tiempo tiene el privilegio de poder dedicarse en exclusiva a lo que más le gusta: vivir y contar historias escritas. Hasta que llegó ese momento ejerció el oficio de periodista desde los veinte años, se unió a una mujer con la que lleva treinta y cinco, tuvo dos hijos a los que adora y un nieto precioso. Ha vivido en Madrid desde antes de cumplir los dos añitos, aunque nació en el Grao de Valencia.
¿Qué destacarías de tu labor periodística?
Sin duda, el tiempo dedicado a ella y la intensidad de los muchos proyectos en los que he participado. A lo largo de treinta y cinco años he hecho casi de todo en el mundo periodístico y, excepto televisión, formato que nunca me ha llamado la atención, he tocado todos los palos, desde el reporterismo de calle a la dirección. Mi faceta narrativa le debe mucho al periodismo; he tenido la fortuna de desarrollar la mayor parte de mi carrera en una agencia de noticias, Efe, la mejor escuela de precisión y un verdadero crisol para pulir el ego, porque tu trabajo es siempre anónimo, al menos hasta que se potenció el sector audiovisual.
¿En qué momento de tu vida te sentiste atraído por la literatura? ¿Hubo alguna obra o autor en concreto que despertase en ti la curiosidad?
A los nueve o diez años leí mi primera novela, Los forzadores del bloqueo, una de las obras menores de Julio Verne. Aparte de los tebeos, esa fue mi introducción a la narrativa. No tuve la fortuna de un Bachillerato favorecedor de la lectura, sino todo lo contrario, y sólo la afición lectora de mi padre sostuvo esa llama a través de Salgari, Stevenson y el propio Verne. Después, en época adolescente, descubrí La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, y esa fue mi introducción a la que podríamos llamar literatura adulta.
¿Y la escritura? ¿Cómo comenzó todo? ¿Recuerdas lo primero que escribiste?
Lo primero que escribí, a los ocho o nueve años, fueron tebeos. Un amigo y yo los dibujábamos al alimón y vendíamos a los compañeros de clase. Gustaban mucho, pero como negocio duró poco, porque enseguida descubrimos que hacer a mano ejemplares iguales era sumamente aburrido, de modo que decidimos que, aunque resultase menos rentable, sólo editaríamos ejemplares únicos. Ahí aprendí que me interesaba más la faceta creativa que la industrial. Después, en los años jóvenes, me animé con el teatro, la poesía y la canción, nada que merezca ser recordado.
¿En qué momento decidiste ponerte en marcha en serio y participar en certámenes literarios?
Soy un escritor tardío o, al menos, de tardía decisión. Hasta los cuarenta y ocho años no di ese paso, tal vez porque el periodismo llenaba buena parte de mis aspiraciones y no me creía con la capacidad o el tiempo suficiente como para concluir una novela. Y lo de participar en certámenes parecía el único modo de conseguir publicarla, porque, a pesar de mi profesión, no tenía el menor contacto con el mundo literario; afortunadamente, y aunque no es oro todo lo que reluce, fue una decisión acertada.
¿Cómo te sentiste al recibir el primer galardón?
Fue una inyección de moral. Que un jurado del que formaban parte, por ejemplo, Almudena Grandes y Luis Mateo Díez concediera el premio a un absoluto desconocido como lo era yo, significaba que algo positivo verían en mi novela. Desde luego, fue un acontecimiento decisivo, y, aunque hablar a toro pasado resulte fácil, no imagino cómo habría evolucionado mi carrera narrativa de no haber sucedido de ese modo.
Muchos escritores consideran que una vez que han ganado en algún certamen ya no se sienten tan ilusionados. ¿Qué opinas sobre esta idea?
Una misma experiencia puede ser vivida de forma diferente según qué personas, y ninguna es mejor ni peor que otra. Depende del objetivo que se busque cuando uno decide presentarse. En mi caso, no era tanto la consecución de un premio, sino el único modo que tenía de publicar. Mi sexta y séptima novelas son las primeras que he conseguido publicar sin necesidad de acudir a un premio. El mundo editorial, en general, es poco permeable con los escritores desconocidos, sobre todo si, como yo, carecían de contactos.
Tu primera novela publicada fue La mirada de Saturno. Han pasado diez años desde entonces. ¿Qué cambios has notado en tu narrativa?
Han sido diez años de maduración, y tal vez sea éste el cambio más notable: es una narrativa más madura, tanto en el estilo como en el modo de abordar las historias que deseo contar. Yo mismo soy más maduro respecto al hecho de escribir, sin tanta premura, con más sosiego. Aunque sigo siendo tan exigente y crítico con mi trabajo como lo era entonces; con el trabajo actual, porque someter al tamiz del presente la obra pasada no tiene sentido más allá de un ejercicio de masoquismo.
Hablemos ahora de tu última novela, Sombras de mariposa, que transcurre en el último cuarto del siglo VI, época de los reyes visigodos. Nos consta que la labor de investigación ha sido exhaustiva. ¿Por qué decidiste escribir sobre este tema? ¿Hay algo en concreto que despertase tu curiosidad?
Claro que lo hubo: la historia de Hermenegildo que nos contaban en el colegio, de las pocas cosas que se contaban sobre los visigodos. No me cabía en la cabeza que un padre mandase asesinar a un hijo por haberse hecho católico. Me decidí a investigarlo, en las fuentes de la época, que las hay, hasta llegar a una conclusión muy distinta a la que nos han vendido. Y en esa labor de investigación descubrí la riqueza y las posibilidades narrativas de un mundo que nunca se nos ha enseñado. Así nació Sombras de mariposa, una crónica de los reinados de Leovigildo y Recaredo, contada a través de la historia personal de Wilya, un niño tullido en un accidente. Una época apasionante como pocas, porque significa el fin del arrianismo, el nacimiento de lo que hoy llamamos nacionalcatolicismo. Pero la novela no se queda en Hispania, sino que explica también los intereses e inquietudes de los pueblos de Europa occidental con los que los visigodos tuvieron relación: francos, escotos, suevos…
La mayoría de historiadores opinan que se trata de una época oscura. ¿Cuál es tu opinión sobre los visigodos?
Oscura, porque falta información; aunque si ésta se busca, se encuentra. Pero no tan oscurantista y bárbara como se nos ha querido enseñar. Uno de los inmediatos sucesores de Recaredo, el rey Sisebuto, escribía poemas y discutía epistolarmente nada menos que con Isidoro de Sevilla, la lumbrera cultural de la época. Y no sólo discutía con él, sino que le daba lecciones en un terreno tan erudito como la astronomía. Apelando a los antiguos, Sisebuto defendía la esfericidad de la tierra, mientras que el hispalense creyó durante toda su vida que era un disco plano. Un rey así no se improvisa, no nace del vacío. Es evidente que existía un caldo de cultivo cultural, educativo, que permitía semejantes personajes. Por supuesto que la educación estaba reservada a las élites y al funcionariado, tanto entre visigodos como entre hispanos, pero, al fin y al cabo, esa ha sido la realidad en nuestro país al menos hasta la Ilustración.
Los visigodos vivieron trescientos años en lo que entonces se llamaba Hispania o Spania, según las fuentes. Y en algunas zonas, como al norte del Duero, se asentaron durante más tiempo del que permanecieron los árabes. Su historia, sin embargo, nos ha llegado turbia y escasa, apenas unos cuantos tópicos filtrados por intereses ideológicos, especialmente religiosos.
En líneas generales, ¿te consideras un ecléctico?
No en sentido estricto, vital: no creo que en mis historias se busquen posturas intermedias. Otra cosa es que intente huir del maniqueísmo, porque sus personajes son acartonados, falsos, y la vida no es sólo blanca ni negra; de hecho casi nunca lo es, y son los grises los que predominan. Los colores puros en narrativa no son creíbles, pero tampoco las mezclas forzadamente compensadas.
Si entiendes por eclecticismo mi afición a tocar diferentes temáticas y géneros narrativos, o incluso a mezclarlos, puede ser. Me gusta experimentar nuevos registros, ver cómo me desenvuelvo en ellos. No es extraño que haya escrito novela negra, ciencia-ficción, humorística o histórica, aunque no estoy de acuerdo con el encasillamiento de géneros. Intento no escribir siempre la misma novela, un pecado del que se puede acusar a algunos ilustres nombres del bestseller internacional. Para mí, cada proyecto merece ser considerado como distinto, e intento contar la historia de forma diferente, tanto en el terreno narrativo como estructural. Es un reto, pero merece la pena.
¿Qué consideras esencial en una novela?
La vieja simbiosis forma-fondo. Nada nuevo. Una novela debe engancharte desde las primeras páginas, tanto por la historia que promete como por el modo en que está contada. Una buena historia en sí misma puede ser narrada desde una perspectiva periodística, pero si pretende ser literaria, debe dar un paso adelante y adentrarse en una estructura y un estilo que le son propios a la literatura. Por otra parte, no todo lo novedoso es literatura, ni deja de serlo la vieja escuela narrativa, por manida que se considere. Cervantes y Dostoievski seguirán siendo excelsos pese a quien pese y más allá de modas y proclamas coyunturales.
Respecto al panorama literario español, ¿cómo lo ves actualmente? ¿Te mojarías en decirnos algún autor que consideres fundamental para la literatura del siglo XXI?
No voy a mojarme, pero no por falta de ganas, sino para no ser injusto, para no dejarme en el tintero nombres que merecen ser citados en la larga lista de un panorama muy atractivo. Para el siglo XXI, hay autores y autoras que fueron muy importantes en el XX y todavía lo serán en el presente siglo; otros, ahora en torno a los cuarenta años, van a ver crecer su influencia. Pero hay escritores, y sobre todo escritoras, que apenas acaban de cumplir los treinta y serán decisivos en los próximos veinte años. Creo que el siglo XXI será el del reconocimiento pleno de las autoras, porque son ellas, las más jóvenes, las que vienen empujando con fuerza gracias a una narrativa fresca y original.
Describe en cuatro palabras tu obra literaria.
NO ME SIENTO CAPAZ.
¿Actualmente te hallas trabajando en algún proyecto?
Siempre estoy en algún proyecto. Tengo cuatro o cinco ideas abiertas a las que voy alimentando: cuando una de ellas cobra fuerza sobre las otras, la sigo. En este momento intento acabar una novela que escribí hace diez años, uno de esos proyectos que una vez concluidos no te convencen y dejas más o menos aparcado hasta que lo ves más claro. La he reescrito y reorientado, y espero que en este mes de marzo quede vista para sentencia crítica. Tras ella, me meteré a fondo con una novela juvenil que va bastante avanzada.
Y por último, Guillermo, ¿qué consejo darías a aquellos que desean hacerse un hueco en el mundo literario?
No me considero apto para dar consejos a nadie. En todo caso, diré cuál ha sido mi proceso: trabajar, trabajar y trabajar; sin dejar hueco al desánimo, que bastante actúa él por su cuenta y en tu contra. Una querida crítica literaria me definió como un estajanovista narrativo, y creo que esa es la clave. Por supuesto que el trabajo no lo es todo, porque en el mundo editorial influyen otros factores imponderables para el autor, pero si no te obligas a vivir día a día como escritor, difícilmente llegarás a serlo.
Muchas gracias por tu tiempo, Guillermo. Esperamos que tu carrera continúe tan espléndida como hasta ahora y que nos sigas deleitando con tus novelas.
Gracias a vosotros, y por dedicar vuestro tiempo a la literatura: un esfuerzo que no suele recibir otro premio que la propia satisfacción. Mucha suerte.
He leido dos novelas de Guillermo Galvan, “Antes de decirte adios y Sombras de mariposa”. las dos me han entusiasmado, he buscado en varias librerias más obra suya y en todas me dan la misma respuesta, nada no tienen nada y además no es posible ni encargarla ya que está descatalogada. No lo entiendo, es original, escribe muy bien, engancha desde las primeras frases..¿por que no lo reeditan aunque sea en libros de bolsillo?
Querida María José:
Gracias por tus elogios. Me atrevo a irrumpir en esta página para anunciarte que al menos una, “La Mirada de Saturno”, mi primera novela, acaba de ser reeditada, en formato libro y en e-book.
Puedes pasar, si quieres, por mi página de FB, donde encontrarás todos los datos al respecto:
https://www.facebook.com/guillermo.galvan.14203
Un beso.