Hoy, en Crónicas Literarias, tenemos el placer de entrevistar a Juan Ángel Laguna Edroso, creador de Saco de Huesos y administrador de la página Ociozero. Como escritor, ha publicado un gran número de relatos y de novelas, entre ellas Caín Encadenado, La casa de las sombras o El niño que bailaba bajo la luna. Ahora, ha salido a la luz Adraga, su novela de fantasía oscura y, con motivo de ello, hemos decidido charlar con él.
Antes de nada, Juan, ¿puedes hablarnos un poco sobre ti? Tus aficiones, a qué te dedicas, qué haces en tu tiempo libre…
Quizás el personaje más difícil de retratar sea uno mismo… Nací en 1979 en Zaragoza y después de haber pasado un año en Italia, de Erasmus, donde conocí a mi mujer, he terminado viviendo en Francia (París, Tours y ahora Metz). Ahora me dedico principalmente a criar a mis hijos (espero el cuarto para dentro de doce días), escribir, ocuparme de Saco de huesos y dirigir la web OcioZero.com. Me gusta practicar esgrima, jugar a todo tipo de juegos (incluso diseñarlos) y, sobre todo, leer.
¿Cómo surgió tu interés por la literatura? ¿Y por la escritura?
Según cuentan nuestros padres, ya desde bebés los tres hermanos mostramos una atracción manifiesta por los libros y los cómics. Creo que son cosas que se maman en casa. Sin duda, la magnífica biblioteca del Cesáreo Alierta terminó de afianzar esta afición por la lectura: en ella descubrí autores, como John Christopher, que me marcaron profundamente.
También me mostré bastante cuentista desde niño. Me gustaba contar historias a mis compañeros de clase, a mis primos, a los chicos del pueblo… También diseñaba mis aventuras para el HeroQuest. Con diez años intenté por primera vez escribir un libro, supongo que buscando otro modo de dar salida a todas las fantasías que llevaba en la cabeza, pero no fue hasta los dieciséis que empecé a disciplinarme lo suficiente para empezar a terminar cosas legibles.
¿Cuáles son tus maestros literarios, tal y como aconsejaba Horacio Quiroga?
Hay autores, como el mencionado John Christopher, que me marcaron profundamente. Sin embargo, no creo haber tenido maestros literarios propiamente dichos. Sí claros referentes: Bécquer y su interés por el folclore que nos rodea, Stevenson y su gusto por el imaginario siniestro, Balzac y su tratamiento de los personajes, Eximeno y su afán por buscar nuevos senderos… Por suerte, sigo encontrando nuevos referentes entre los que seguir navegando. Uno de los últimos fue Tim Powers. Ando fascinado con la imaginación de este hombre.
¿Hay algún autor que leerías una y otra vez? ¿Por qué?
John Christopher, por una mezcla de nostalgia y placer. También hay autores a los que les sigo la pista y corro a hacerme con sus libros, como Ismael Martínez Biurrun. Sabes que sus obras no te van a decepcionar.
Lo cierto es que en tu nómina hay ya un elevado número de premios y menciones. ¿Cómo te sientes desde aquel primero que ganaste…? ¿Sigue en ti esa ilusión al recibir una nueva mención?
Sí, sigue. Y creo que no podré desterrarla nunca. Aunque padezco la soberbia propia y necesaria de los autores (esa que nos impulsa a creer que lo que escribimos merece la pena ser leído), también soy una persona bastante insegura. Creo que sin los reconocimientos que se va encontrando uno por el camino esto sería todavía más duro de lo que es (porque escribir, aunque nos guste, es duro: es desnudarse ante quien tenga el valor de mirar). Los premios y las menciones tienen una ventaja adicional: quienes te los dan no te conocen, por lo que la satisfacción como autor es aún mayor.
Pero no sólo tocas los relatos, sino que también te atreves con las novelas. ¿Consideras alguna de las dos formas más difícil que la otra? ¿En qué se diferencian?
A pesar de lo que cree mucha gente, la principal diferencia entre un relato y una novela es estructural, no de extensión. Por ello, no se puede decir que una sea más difícil que otra per se: depende del propio autor y del lector al que quiera llegar.
Las novelas y los relatos tienen ejes distintos sobre los que se mueven, y eso mediatiza el modo en el que utilizas los personajes, el escenario, la voz narrativa, etc. Hay días en los que me es mucho más fácil abordar un relato que continuar con una novela (y viceversa), y no solo como autor: también como lector.
En cuanto a tus novelas, se mueven entre la fantasía, la fantasía oscura y el terror… ¿Hay una estrecha línea entre estos géneros o, por el contrario, son totalmente diferentes para ti?
Todos los géneros están ligados entre sí, desde la novela rosa a la fantasía épica. Lo que marca la diferencia es qué ingredientes, qué melodías, son la que van a llevar la voz cantante en la historia. “Adraga”, mi última novela, es un claro ejemplo (creo) de espada y brujería, pero tiene pasajes que son claramente de terror y otros más propios de las novelas costumbristas. Creo que todos los enfoques literarios pueden aportarse cosas entre sí, aunque luego las cabras tiremos hacia nuestros respectivos montes.
¿Hay mucha disparidad entre El niño que bailaba bajo la luna y Lección de miedo? Me refiero en cuanto a personajes, técnicas narrativas…
Mucha, y eso que son textos que escribí más o menos por la misma época. “El niño que bailaba bajo la luna” tiene estructura de cuento y reposa completamente en la atmósfera. Es una historia con un fuerte componente estético y ambiental. Por el contrario, “Lección de miedo” es una novela de teens que juega a combinar memorias de adolescencia con clichés de las películas de terror como Sé lo que hicisteis el último verano. Tendrán, seguramente, rasgos que las hagan emparentar, pero creo que son obras muy distintas en muchos aspectos.
Y este año has publicado Adraga, una extensa novela de Fantasía oscura. ¿Cómo surgió la idea?
La idea de “Adraga” me vino a la cabeza tras ver “Seven”. Me pareció interesante trabajar con los pecados capitales y pensé que el escenario de una Edad Media ucrónica donde el fin del mundo predicho para el año 1000 hubiera llegado parcialmente sería ideal. ¿Qué mejor que unos personajes maltratados y sometidos a una presión tal para hablar de las debilidades humanas?
¿Encontraremos referencias bíblicas en la novela?
Bastantes, desde los nombres de un buen puñado de los personajes a las reflexiones morales de los protagonistas. De todas formas, no es una obra bíblica, sino que, más bien, toma como referencia un mundo que estaba muy marcado, directa e indirectamente, por la Biblia. Después de todo, el mundo de “Adraga” es una Edad Media alternativa.
En la novela hablas del Dios Verdadero… ¿Cómo surgieron las ideas para su creación?
En la novela tenía la necesidad de resaltar el sentimiento religioso de los personajes. En ella, el mundo ha sido sacudido por cataclismos inimaginables, los hombres han visto a las huestes celestiales batirse con demonios delante de sus narices. Su postura espiritual, por lo tanto, es todavía más extrema de lo que fue la de nuestros antepasados reales. Para ellos Dios es un término demasiado suave: están en una cruzada continua y para ellos no es solo Dios: es el Dios Verdadero.
Algunas obras de fantasía épica descuidan el lado existencial de sus escenarios. No creo que la mentalidad de la gente pudiera ser la misma en un mundo por el que has visto campar demonios físicos (o dragones, o seres inteligentes de especies completamente distintas a la humana). Quería que esto se reflejase en su modo de hablar, en sus términos, en el modo en el que actúan. No es una novela de caballeros peleando contra dragones: es una novela de un mundo en el que la ira de Dios ha estado a punto de mandarlos a todos a una piscina de azufre.
En el mundo de Adraga sólo hay desesperanza y terror, sentimientos que has transmitido muy bien a lo largo de la novela. Pero también has aunado un discurso épico. ¿Te resultó difícil, teniendo en cuenta lo que se está publicando ahora en cuanto a fantasía épica?
La verdad es que, al escribirlo, no me planteé mucho lo que se está publicando de fantasía épica. La sombra de “Juego de tronos” se cernió sobre muchas respuestas de editores (y terminaré por leerme el libro, lo juro), pero por lo menos en Grupo Ajec no me pusieron ninguna pega.
Adraga es mucho más extensa que tus otras novelas. ¿Qué cambios y evolución has notado mientras la escribías?
Buf, muchos. Si no me fallan los cálculos han sido once años a calzas revueltas con esta historia (que en realidad está compuesta por dos novelas). En este tiempo he evolucionado mucho tanto en mis competencias como escritor como en mis inquietudes. A día de hoy no sería capaz de empezar desde cero este mismo proyecto. Eso sí, sigo totalmente fascinado con el mundo que, poco a poco, se fue creando en torno a la historia durante estos años.
Actualmente, ¿estás enfrascado en algún otro proyecto?
Acabo de terminar una novela de fantasía épica que me ha dejado exhausto. Los próximos meses me conformo con escribir algunos relatos y revisar algunos trabajos terminados antes de volcarme de nuevo en algo de más extensión. Algo que será, salvo cambios de última hora, una novela ambientada en el Pirineo aragonés con algunos toques sobrenaturales.
Para finalizar, Juan, ¿podrías dar algún consejo a quienes intentan subirse al tren de la literatura?
Creo que el más acertado y necesario lo dio King hace tiempo: si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo para escribir.
Para que tenga valor lo que escribimos, para que tenga un interés, tenemos que intentar ser ese enano que se sube a los hombros de los gigantes que le precedieron para poder ver un poquito más lejos. Los nuevos autores deberíamos tener menos prisa y, sobre todo, muy poco miedo al trabajo.
Muchas gracias, Juan, esperamos que te vaya bien en todos los terrenos, especialmente en el literario.