Os quiero hacer una pregunta: ¿Iríais a una barbacoa con todos vuestros vecinos sabiendo que en cualquier momento, por muy protegidos que estéis, podéis ser atacados por zombis? Sí, ya sé que es una pregunta rara, pero os hago otra: ¿Esperaríais solos en vuestra casa a ser atacados? ¿A que lo de la barbacoa ya no suena tan mal?
Seguir adelante. Así de simple. No perder del todo la rutina y sentir que no estás sólo. No perder nuestra identidad. Para mí, esta historia habla sobre eso. Un grupo de personas que de repente ven como su vida da un giro total hacía una feroz lucha por la supervivencia.
SUPERVIVENCIA.
Ni esperanza, ni fe, ni amor, ni odio, ni miedo, aunque esos sentimientos nunca lleguemos a perderlos. Es el principio del fin. Sobrevivir está por encima de todo. ¿Y seríamos capaces de cualquier cosa por sobrevivir? También esta historia habla de ello, de hasta dónde seríamos capaces de llegar. Pero también nos habla de muchas cosas más: de seguir buscando el amor, de qué ocurre cuando perdemos la fe, de sacrificarse por los demás, del miedo… Miedo a los zombis, a esa muerte en vida, a no encontrar el descanso eterno, a ser devorado por alguien que has querido. Creo que este es el libro, al que más “le he hablado”.
“¡Ni se te ocurra salir del coche, Sara!”
“No te acerques a ella Terens. ¿Serás tonto?”
“¿Será capullo el Brian este?”
“¡JODERRRRRRRRRRRRRRRR!”. (Capitulo de la caravana)
Cómo si los personajes fueran a escucharme y hacerme caso, ¿verdad? Una historia contada a través de unos personajes que en muy poco tiempo, conectarán con el lector. Y sobre todo, el personaje más extraño de la novela, Susanah. Un precioso bebé que tiene una conexión muy especial con los zombis. ¿Qué irónico no? Lo inocente unido tan íntimamente al horror.
Rotten es un pequeño pueblo cercado para protegerse del ataque de los zombis. En él, un grupo de personas lucha para sobrevivir. El padre Mile, un sacerdote que ha perdido la fe y que ha decidido proteger a la pequeña Susanah con su vida. Candi, una mujer que ha huido de su marido maltratador y que a pesar del horror intenta empezar de nuevo. Nelson, un joven que tiene el don de comunicarse con los muertos y por lo tanto, con los zombis… Brian, un chico que vive en el centro comercial del pueblo y que lo defiende de los habitantes del pueblo como si fuera su castillo. Samuel Day, un antiguo policía que se ha convertido en una autoridad y que encuentra a su hija muerta Eva en el salón de su casa. Mitch, un capitán del ejército que llega al pueblo pero cuya única obsesión es encontrar a su mujer y sus hijas sea como sea. Drew Cassy, miembro del comité formado en el pueblo y que, a pesar de todo, sigue buscando el amor. Susanah, un precioso bebé que sin saber el motivo, alerta con sus llantos de la llegada de los zombis.
Estos y otros personajes que solo piensan en seguir con sus vidas aunque pronto descubran que el pueblo no es refugio seguro frente a los muertos. Una lucha a muerte donde los hombres y los zombis al final buscan la misma cosa: sobrevivir. Cuando algo se hace con mucha pasión, y esta es lo suficientemente intensa, creo que queda plasmada bien en lo que se hace. Y es el caso de este libro. Se siente cuando recorres la historia, una historia que aparte de terror desprende ternura. Suena un poco contradictorio, ¿verdad? Pero no penséis encontrar solo una novela de sangre y zombis. Esa es solo una parte. Hay mucho más.
¿Comparar esta historia con otras? No digo que no tenga influencias, pero en este caso el autor ha sabido narrar una historia lo suficientemente original para no necesitar hablar de ellas. Y para terminar un par de cosas: memorable el capítulo de la caravana, es de esas escenas que se quedan grabadas para toda la vida.
Y la portada, me mata.