Entrevista a Darío Vilas

Hoy, en Crónicas Literarias, tenemos el placer de entrevistar a Darío Vilas, administrador del portal H-Horror, autor de la antología Piezas desequilibradas, coordinador de la nueva colección Pulp Ficción de 23 escalones y mucho más. Ahora, su novela Instinto de superviviente verá la luz en la editorial Dolmen. Charlemos con él para saber su teoría literaria y qué opina sobre la temática zombi en la literatura…

Darío, como en los principios de todas mis entrevistas, háblanos un poco sobre ti. Cuéntanos cuáles son tus aficiones, a qué te dedicas cuando no escribes…

Cuando no escribo paso la mayor parte del tiempo con mi mujer y mi hijo. Con mi hijo incluso mientras escribo, porque le encanta interrumpirme (y a mí que lo haga, no puedo negarlo). Me gusta el cine, leer, la música… Aficiones comunes, vaya. Pero sobre todo pasar tiempo con mi familia.

¿Naciste con un libro bajo el brazo en lugar de con un pan?

Yo creo que ni lo uno, ni lo otro. Vamos, que no aporté de inicio nada más que desvelos y deposiciones, como cualquier bebé.

¿Qué pensaba la gente de tu alrededor cuando tú leías? ¿Siempre te has sentido apoyado?

No tengo ni idea de lo que pensaban, supongo que depende de cada persona en cuestión que me viera leyendo. Apoyado sí, siempre. Quizás en algunas épocas puntuales de mi vida a mis padres les hubiera gustado que saliera más, en lugar de quedarme en casa leyendo, pero se solucionó por sí mismo y luego tuvieron el problema contrario. Lo habitual en la adolescencia. Pero para ellos era una afición sana que nunca coartaron.

¿Recuerdas cuál fue tu primera palabra? Con forma literaria, claro está…

Recuerdo el inicio de un cuento: “Un día soñé…”

¿Escribiste alguna novela de juventud, de estas que después te avergüenzas al releerlas?

No. Escribí muchas cosas que podrían resultarle vergonzosas a mi yo actual, sobre todo poemas, pero no una novela.

Si fuese el fin del mundo y te dijesen que solo unos pocos podrán salvarse, y entre ellos tú, pero con la condición de escribir una continuación de Crepúsculo… ¿Qué harías? ¿Crees que habría alguien que preferiría morir antes que dedicarse a escribir algo así?

Joder, la escribiría. Quién sabe, a lo mejor hasta se me ocurre algo de lo que me sienta orgulloso y me acaba gustando. Si alguien prefiere morir antes que escribir una continuación de Crepúsculo es que no valora nada su vida.

Me gustaría hablar ahora sobre el fandom, pues últimamente se comentan muchas cosas sobre este tema. ¿Tú te consideras dentro de ese mundillo? ¿Crees que al escribir sobre zombis y ser publicado en  una editorial como Dolmen te has “vendido”? Ya sabes, por todo lo que comentan sobre la moda de los zombis…

Es una etiqueta como cualquier otra, y nos encantan las etiquetas. Pero no entiendo demasiado bien el concepto de fandom, no sé lo que es exactamente, ni qué implica pertenecer a él. Claro que conozco la definición, uso google tan bien como cualquier otro, e incluso puede que en algún momento haya pasado a formar parte, porque está claro que si no lo puedo distinguir tampoco soy consciente de si estoy dentro. Pero es que hace un año ni lo había oído mencionar, porque no frecuentaba foros ni visitaba habitualmente páginas o blogs especializados, solamente aquellos que actualizan noticias a diario sobre los temas que me interesan. Y a esto vamos, que me interesan muchísimos temas además del terror. He leído tanto a Bukowski, Miller o Sábato, como a Poe, Maupaussant o Richard Matheson; he visto más películas de Julio Medem, Lynch o Haneke, que de Carpenter, Argento o Tobe Hooper. También me gustan, pero no son mis favoritos. Que no soy un entendido, vaya.

¿Se me puede considerar fandomita? Pues supongo que sí, por lo que escribo y por administrar una página especializada en el género,  pero tengo clara una cosa: yo escribo para que me lea el mayor número de personas posible, y actualmente estoy escribiendo terror, pero las personas que van a las librerías a comprar no tienen, en su mayoría, ni idea de lo que es el fandom. Ni les importa.

Tampoco tengo nada en contra, no me malinterpretes. Me parece maravilloso que un grupo indefinido de personas, con inquietudes y gustos en común, intercambien opiniones y se recomienden obras. Pero no me siento identificado con  ningún grupo concreto.

Sobre lo de venderse, creo que eso es absurdo. Uno vende sus posesiones, su cuerpo o su alma al Diablo. Escribir es un oficio, al fin y al cabo, y si los zombis no me inspirasen nada no escribiría un libro de esta temática. Es una suerte cuando la moda coincide con tus gustos, ojalá me pasara más a menudo.

¿Qué es lo que te apasiona a ti del zombi? ¿Ves acaso el terror de la otredad en ellos? Porque yo sí…

Se me ocurrió una historia (de hecho, tres) y los zombis eran una excusa perfecta para contarla. Quizás habría funcionado también con vampiros, pero son seres mucho más profundos, un personaje más que tendría que desarrollar, así que me venía muy bien lo de utilizar criaturas despojadas de voluntad.

¿El terror de la otredad? Sí, claro, eso es evidente, pero tiene muchas más lecturas e implicaciones a las que se puede sacar partido, como demostraron Brussolo, en Mi vida entre los muertos, o Ajvide Lindqvist, en Descansa en paz.

En esta entrevista no quiero hablar de tus otros triunfos, porque ya sabemos todos que son muchos y muy merecidos. Quiero hablar sobre la novela que sale este mes: Instinto de superviviente. ¿En esta novela vamos a seguir leyendo al Darío de Imperfecta Simetría y de Piezas desequilibradas o ha cambiado tu estilo narrativo y tu forma de contar historias?

Ha cambiado mi forma de narrar, por necesidad y aprendizaje, pero soy la misma persona, así que creo que sí, que los lectores que conozcan mi trayectoria sabrán encontrarán lugares comunes.

Se está hablando mucho últimamente de que los escritores debemos cuidar nuestro trabajo (como en cualquier otro oficio), ofrecer a los lectores obras depuradas, utilizando una amplia gama de recursos narrativos, en lugar de limitarnos a contar historias como lo haríamos en el bar, cuando compartimos las anécdotas del día a día. Puede sonar algo tremendista, pero es cierto, y estoy de acuerdo en que hay que dar alternativas a esta literatura de bazar que impera.

Con respecto a Instinto de superviviente, habrá quien opine que es una novela sencilla, con prosa eficaz y sin florituras. No le faltará razón, pero esto no significa que no esté muy trabajada a nivel narrativo y con una trama elaborada.

Para mi primera novela me puse un traje que no estaba hecho a mi medida, obligándome a hacerle arreglos constantemente para que me sentara bien. Escribo casi siempre en primera persona, con un tono muy introspectivo (no hay más que echar un vistazo a los libros que mencionas). La trama de Instinto me exigía hacerlo en tercera si no quería poner las cartas boca arriba desde el capítulo uno. Esto para mí ya supone un esfuerzo. También he tenido que contener los pasajes más introspectivos, dividirlos y ofrecérselos al lector repartidos a lo largo de todo el libro, para agilizar el desarrollo. Es ahí donde doy un poco de rienda suelta a cierto lirismo (concebido a mi modo, como siempre).

También está el tema de la acción, que no es un terreno en el que me prodigara anteriormente, y me apetecía mucho. Como me resultó divertido, esto no fue un gran esfuerzo.

Así pues, considero que, como decía antes, la prosa de mi novela está muy trabajada, aunque no haya tirado de recursos estilísticos más complejos como puedan ser la prosa poética,  metáforas elaboradas o quiasmo. Antes de meterme en camisas de once varas tengo que aprender a dominar a la perfección los recursos que presupongo como inherentes a mi estilo natural, que todavía no he llegado a eso, y después seguir aprendiendo y experimentando. Resulta muy ridículo cuando te encuentras en un libro con que el autor se ha lanzado a utilizar técnicas que no domina, y teniendo en cuenta que ahora estoy moviéndome en el terror, esto es si cabe más delicado. El terror está separado de la comedia absurda por una línea muy fina, que traspasamos constantemente. Mi primer reto era evitar eso.

¿Con qué momento, frase, personaje y escenario te quedas de tu novela?

Para no desvelar nada crucial, me quedo con el momento en que Marga, la madre de Damián, está en su apartamento observando una maleta vacía que debe llenar con “lo imprescindible”.

Como lectora cero de tu novela, voy a decir aquí —a riesgo de quedar como una pelotillera consumada—que Instinto de superviviente no es una novela de zombis más (sí, ya, como siempre se dice…). Tampoco es una típica novela de zombis en la que se puede ver al ser humano en todo su esplendor. Y si digo esto es porque los seres humanos que recorren esta novela ya tenían ese lado oscuro antes de que ocurriese el holocausto zombi… ¿Crees en la teoría freudiana de que todos tenemos un yo oscuro, ese subconsciente, que acaba saliendo?

Creo en ello como verdad absoluta. En momentos concretos de nuestra vida ese yo oscuro termina aflorando, es casi una necesidad vital, ese instante en el cual el “yo” decide no seguir conteniendo al “ello”, y el “superyó” tampoco puede reprimirse. Y puede que sea nuestra única salvación. No solo a efectos de supervivencia, sino como medida del cerebro para evitar perder la cordura de manera definitiva. Y llegado ese caso, solo podemos cruzar los dedos para que nuestra parte oscura no nos condene para siempre. Todo depende de la intensidad, porque podemos albergar toda una escala de grises o el negro más absoluto, y tampoco lo sabremos hasta el preciso instante en que se deje ver.

En tu novela vamos a ver personajes de todo tipo (no quiero mencionarlos aquí para no spoilear). ¿Cómo han ido surgiendo? ¿En qué pensabas mientras creabas a esos personajes? Porque todos tienen sus cosas, incluso el pequeño Damián, a pesar de parecer un alma inocente y cándida…

Bueno, es que los personajes de esta novela no han ido surgiendo sobre la marcha, estaban definidos de antemano. Solamente hay uno que apareció por sorpresa y se quedó por méritos propios.

Cuando creo a los personajes pienso en sus motivaciones y lo que van a aportar a la trama, nunca meto a ninguno como simple relleno. Todos tienen una función, y aunque el lector no llegue a percibirlo por completo, yo siempre tengo claro quiénes son.

Las personas tenemos nuestras cosas, mis personajes no iban a ser menos, sean niños o adultos.

¿Vamos a encontrar algún pequeñuelo cabroncete en las otras partes? (Ya sabes que me encantan)

Vamos a encontrar niños con un peso específico en la trama de las tres novelas que componen este juego de vasos comunicantes imperfecto que estoy creando. Más o menos cabroncetes, como los adultos.

Sí, han leído bien: en las otras partes. Porque Instinto de superviviente es la primera de las tres novelas que tienes en mente. Me consta que la segunda ya está en marcha… ¿Tienes claro cuándo estará acabada, o vas a ir escribiéndola tal y como salga?

Exacto, lo has explicado bien, la primera de tres novelas que tengo en mente, y que giran en torno a un mismo suceso, pero que son independientes y muy diferentes. Esto es bueno aclararlo, para que luego nadie se espere una trilogía o saga al uso, con una continuidad en los hechos.

Ni idea de cuándo estará acabada, eso me resulta muy difícil de aventurar, sobre todo porque aún no está publicada la primera. Te puedo decir que la segunda será una novela muy distinta de Instinto, sin un solo personaje en común, y con un tono y estilo que tienen poco que ver. También será necesariamente más larga. Solo puedo decir que estoy trabajando en ella, y que estoy disfrutando como nunca de cada parte del proceso de creación.

No doy fechas, pero soy de los que opinan que una novela de un mismo autor por año es más que suficiente.

Volvamos a Instinto de superviviente y al tema de los zombis. ¿Crees que los tuyos son como todos? Encontraremos sorpresillas entre sus páginas, ¿no es cierto?

Bueno, las criaturas tal y como se muestran en esta novela son herederas del zombi romeriano, aunque con algunas variantes. También hay una sorpresa, y espero que guste, pero no son los zombis en sí, que responden a un arquetipo bastante clásico. No pienso soltar prenda, solo puedo adelantar que hay un guiño en la cubierta del libro.

¿Qué harías tú si tuvieses que sobrevivir en un holocausto zombi? ¿Cuál sería tu lado oscuro?

No creo que tuviera tiempo para que aflorase mi lado oscuro, porque estoy en tan baja forma que me dejaría devorar solo para no tener que pasar por la angustia de escapar, luchar u ocultarme. Si no voy a poder con ellos, me uno.

¿Crees que aquellos políticamente correctos se te van a echar encima por ciertas insinuaciones (y no tan insinuaciones) que leeremos en un momento dado en tu novela?

No, no creo que mi punto de crítica sea tan descarnado como para eso. O sí, nunca se sabe. Depende de las manos por las que pase el libro y lo que quieran interpretar.

¿Piensas que en la literatura vale todo? Es decir, ¿que debemos mostrar el mundo tal y como es, con sus claros y con sus oscuros?

Creo firmemente en que el escritor (o el creador en general) debe trabajar en completa libertad, sin ataduras morales. Personalmente, más que mostrar el mundo tal y como es, suelo escribir como terapia para intentar comprenderlo. Aunque no lo consigo.

Y he aquí una pregunta que sé que es difícil de contestar: ¿escribes solo por placer, o también por reconocimiento, dinero…?

Si escribiera solo por placer guardaría mis textos en el disco duro o en el cajón de mi escritorio. Creo que eso responde a tu pregunta.

¿Crees que mereces más reconocimiento del que tienes ahora? ¿Piensas que con Instinto de superviviente tal vez lo consigas?

No, no creo que merezca ni más, ni menos. Soy demasiado nuevo en esto como para haberme fijado objetivos en términos de reconocimiento. Y tampoco creo que Instinto sea una novela que me vaya a aportar prestigio. Ni lo pretendo.

Si viniesen a hacerte una fotografía para una revista literaria muy importante, ¿cómo saldrías en la foto?

Pondría un falso fondo de salón con chimenea (vivo en un piso), me vestiría con una bata elegante, de esas con escudo, cogería una enorme copa de brandy y me sentaría en un sillón señorial con un perro enorme a los pies.

Ahora me gustaría que dedicaras unas palabras a aquellos que piensan que escribir sobre zombis es lo peor que un buen escritor puede hacer.

¿De vedad hay quien piensa eso? Pues vaya, yo creo que un buen autor debe tener la capacidad de escribir sobre cualquier tema. Que le apetezca o no, es otra cuestión.

Nunca escuché, o leí, que escribir sobre zombis sea lo peor que un escritor puede hacer, pero sí que estoy más o menos al tanto de las críticas que está recibiendo la temática, y no lo comprendo. El boom de los vampiros renace cada cierto tiempo, bien sea a rebufo de Anne Rice en los 90’s, por ejemplo, o ahora con el fenómeno Crepúsculo, dando lugar a sucedáneos y copias terribles. En comparación, a la moda del vampiro se adhirieron muchas más editoriales (prácticamente todas las especializadas en el género de terror), publicando novelas y sagas enteras que no hay por dónde cogerlas, pero no se critica tan duramente.

 Lo único que se me ocurre es que en el fenómeno zombi ha entrado un elemento nuevo, que es el autor nacional, al que se le ha dado la alternativa (algo por lo que llevábamos suspirando desde siempre, por cierto). Es el síndrome de “Bienvenido Mr. Marshall”: os recibimos, extranjeros con alegría. Pero como lo intente el autor español, vamos a sacarle la piel a tiras. Creía que eso ya estaba superado, pero veo que no.

En cuanto a ti, de nuevo, ¿tienes algún otro proyecto aparte de esta trilogía?

Sí, tengo varios. Ahora mismo estoy embarcado en dos antologías distintas, coordino la colección Pulp Ficción para la editorial 23 Escalones y tengo en mente una novela de corte romántico, aunque oscurilla, claro. Que la escriba o no, ya es otro cantar.

En fin, Darío, deseamos que tu novela goce del éxito que se merece, al igual que su continuación. Y sobre todo, continúa escribiendo sobre lo que te gusta: ya sean zombis, gente loca o vampiros que brillan al sol.

Muchas gracias. Yo espero que los lectores pasen un buen rato leyéndome, porque desde luego disfruto mucho escribiendo. Un placer charlar contigo de nuevo.

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