Reseña: Nueva York: Hora Z, de Craig Dilouie

Un virus terrible, semejante al de la rabia, se ha cebado en la población de los Estados Unidos, hasta el punto que los numerosos soldados norteamericanos destinados en el extranjero son repatriados con urgencia en un intento de mantener el orden en unas ciudades cada vez más repletas de víctimas de la epidemia. El teniente Todd Bowman y sus hombres tendrán que enfrentarse en Nueva York a miles de “perros rabiosos” (el nombre que reciben los infectados que, tras morir, regresan a la vida como bestias sedientas de sangre) mientras el mundo que conocían se va precipitando velozmente hacia un abismo del que parece imposible que pueda salir. Ahora, las personas que juraron defender son el enemigo: un enemigo numeroso e implacable, que no conoce el miedo y que no se detendrá ante nada.

Como ya he comentado en alguna ocasión, la literatura sobre zombis (o infectados), a pesar de contar con un número cada vez mayor de libros amenazando con saturar las estanterías de las librerías de todo el mundo (y, en consecuencia, abarrotando las del aficionado completista) parece todavía muy lejos de alcanzar el cenit previo al consabido declive. A la inmensa cantidad de historias que pueden narrarse con los muertos vivientes como excusa o hilo conductor, hay que añadir la creciente cantidad de modos distintos en los que una historia, en teoría más que manida, puede sernos narrada de un modo fresco y original.

Aunque imagino que habrá obras similares en el mercado, la novela de Craig Dilouie ha supuesto mi primera lectura de una historia de zombis/infectados en la que la narración presenta un alto componente de terminología militar. Al leer Nueva York: Hora Z me he encontrado con unas descripciones minuciosas del modo de actuar de los que, a juicio de muchos, son los mejores soldados del planeta, y tanto el detallismo como la meticulosidad del autor sorprenden gratamente. Dilouie consigue que nos veamos inmersos en las numerosas (y sangrientas) escaramuzas que tienen lugar en el libro con un realismo abrumador, hasta el punto de que uno casi siente como si de las páginas emanara un penetrante olor a cordita.

Por extraño que parezca, el escritor ni ha sido militar ni procede de un entorno relacionado con el ejército. Según comenta en una entrevista, todos los conocimientos vertidos en Nueva York: Hora Z los obtuvo tras una larga y exhaustiva documentación, en busca de ese realismo que queda claro que ha logrado obtener sobradamente.

Si al magnífico estilo narrativo sumamos un tempo brioso (con momentos de gran tensión) y un buen número de personajes que enseguida se ganan la simpatía (o antipatía, en algún que otro caso) del lector, obtenemos una novela altamente disfrutable que se lee de un tirón. Además, tanto por extensión como por lo cinematográfico (en el mejor sentido) de la forma de narrar del autor, no me sorprendería nada ver una adaptación fílmica del libro cualquier día de estos.

Dilouie retornó al subgénero con The Infection, que tuvo una acogida tan buena como la novela que nos ocupa, y en breve publicará The Killing Floor, secuela de la anterior. Si Nueva York: Hora Z funciona tan bien como preveo en el mercado español, estoy convencido de que no tardaremos mucho en poder disfrutar con una de sus otras obras.

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