Magnífico cómic que retrata desde una perspectiva humana la clásica resurrección de los muertos vivientes, lo que el entorno de desasosiego nos afectaría y la lucha por la supervivencia.
A los lápices tenemos a Charlie Adlard, con un potente uso del blanco y negro, y una cruda y desgarradora forma de dibujar a los seres insurrectos.
Las cubiertas corren a cargo de Tony Moore, con un estilo que encaja entre serie llena de acción y película de Romero.
Y como no Kirkman que, asentado en la industria, aumenta de forma inclasificable su exponencial legión de seguidores por todo el mundo.
Este volumen de Los Muertos Vivientes (Tomo 4: Lo que más anhelas), tiene un impactante comienzo. Un nuevo personaje hace las delicias de los gustosos de la acción. Número que se completaría con una gran banda sonora, por supuesto. Uno de los presos encontrados en el Centro Penitenciario desvelará porqué está recluido allí y eso liberará la ira de los protagonistas.
El argumento que tenemos entre manos es un número revoltoso.
Situaciones extremas y páginas livianas. La búsqueda del eterno generador de corriente, el hallazgo de una biblioteca, la creación de un huerto en uno de los patios por parte del granjero padre. Pero también ruptura de parejas, sexo a escondidas, suicidios amorosos, la fuerte pelea entre Rick y Tyresse. Larga y real hasta la extenuación…
Sorprendente final con palabras desoladoras de Rick Grimes.
Ya hemos hablado en ocasiones anteriores de la facilidad de Kirkman para sorprender al lector y es que la historia mejora con cada número. Cada personaje tiene algo que aportar, algo escondido y la esperanza de un futuro saludable. Al final, siempre acabamos entendiendo a los personajes.
Y por eso, Los Muertos Vivientes fluye.

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