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Reseña: La tierra cambiante, de Roger Zelazny

La fantasía afortunadamente está de moda, aunque la ciencia ficción en estos momentos esté un poco de capa caída. Es interesante decir esto al hablar de un autor, hoy día un clásico, Roger Zelazny (1937-1995), que empezó escribiendo ciencia ficción y que terminó, más que escribiendo fantasía ya que tocó varios géneros (véase Nuestra señora de las tinieblas), creando un estilo propio distinto de cualquier otro autor.

Comentando con un familiar el nuevo auge de las novelas de fantasía, coincidíamos en apreciar la moda actual consistente en escribir grandes tochos de tropecientas páginas que forman parte de sagas, con o sin final claro dependiendo del éxito entre el público, con multitud de personajes y subtramas… Son novelas que requieren gran cantidad de esfuerzo y sobre todo tiempo en leer, por lo que nos sorprendíamos cómo tanta gente era capaz de engullirlas una tras otra. Lo único que sacamos en claro es que si venden tanto es porque permiten una lectura rápida, sin una concentración importante, salvo la de saber en cada momento quién es cada personaje. Lo único que hacemos y que nos entretiene es leer como máquinas párrafo tras párrafo asimilándolos con una prosa sencilla, diálogos claros y personajes más o menos clichés. En definitiva, el folletín de siempre pero con espadas y dragones.

Zelazny no va de eso, es más, es todo lo contrario. No he leído la serie de Los príncipes de Ámbar, pero sí El señor de la luz (muy recomendable y delirante mezcla de fantasía, cf y mitología hindú) y el libro anterior (aunque publicado originalmente un año después) ya reseñado Dilvish el maldito. Mientras leía La tierra cambiante volvía a mí el estilo peculiar de este autor. Zelazny no es un escritor que puedas leer con el piloto automático puesto, es un escritor que exige un esfuerzo de imaginación y comprensión al lector, el cual si no entra en el juego, estará totalmente perdido entre páginas, invocaciones y hechizos. El protagonista de La tierra cambiante es Dilvish el maldito, un mago guerrero elfo cuyo único objetivo en su existencia es vengarse de Jelerak, otro mago muy poderoso que lo convirtió en piedra y lanzó su alma al infierno. Tras una serie de vicisitudes, consigue escapar, y con su caballo de metal Black, van en pos de aventuras contadas éstas a modo de relatos en el libro de próxima publicación (y demasiado tiempo descatalogado), Dilvish el maldito. El libro que tenemos entre manos una continuación de nuestro personaje en el ansia de culminar su venganza.

En La tierra cambiante, Dilvish descubre que Jelerak tiene una fortaleza repleta a su alrededor de monstruos, demonios y peligrosos hechizos defensivos, en la cual reside Tualua, una especie de dios primigenio en decadencia a lo Lovecraft que se encuentra atrapado y que Jelerak aprovechará para absorber su poder y convertirse en el mago más poderoso sobre la tierra. Dentro del castillo se alojan, por una parte, varios magos encarcelados que intentaron antes conquistar el castillo; y por otra, dos especie de secuaces de Jelerak que igualmente maquinan subterfugios para sus propios intereses. Dilvish y su caballo Black deberán atravesar la tierra cambiante, que no es sino una  gigantesca alteración espacio-temporal  a modo de poderoso hechizo que rodea a la fortaleza ancestral con multitud de trampas.

A diferencia de Dilvish el maldito, el verdadero protagonista del relato es el ambiente. Zelazny dedica gran parte de la trama en describir el castillo y el maremagnum de hechizos y alteraciones mágicas que rodean a unos personajes lanzados en un escenario en el que el lector se le hace difícil diferenciar qué es real o que es fantástico. Así se mantiene durante todo el libro una sensación onírica llena de irreales sonidos, colores y formas. Por si fuera poco, Zelazny no se molesta en explicar el trasfondo o el porqué o el quién es quién de cada uno de los actores que aparecen y desaparecen, simplemente los deja desarrollar sus diálogos, llenos de ironía, madurez y sutilidad, a través de los cuales deberemos descubrir quienes son y que intereses tiene u ocultan.

Como bizcocho cociéndose en el horno, todo irá adquiriendo forma y sentido a medida que vayamos avanzando, aunque el lector deberá por una parte dejarse llevar por la imaginación descriptiva, y por otra concentrarse en un conjunto de seres con intereses desconocidos o contrapuestos. No es, en definitiva, un libro de caballeros y dragones, sino un libro de magia, con magos, demonios y gente de la misma calaña. Recomiendo antes de meterse con este libro, haber leído Dilvish el maldito, para no ir tan descolocado en los primeros capítulos, aunque no es obligatorio.

En definitiva, La tierra cambiante es un libro de fantasía pura, que requiere un compromiso con el lector, que se verá recompensado con una atrapante historia, un mundo caótico de una imaginación desbordante y unos personajes extraños y peculiares. Es un libro de magos para los que le gustan los magos, entre tanto espadazo y garrotazo de 1000 páginas que puebla hoy día las librerías.

Reseña: El lamento de las sirenas, de Michael Koryta

El lamento de las sirenas es la segunda novela que publicó Michael Koryta, un joven autor estadounidense de género negro, y este libro lo escribió con 24 años, ni más ni menos. Digo esto por varias razones, para empezar, estoy siempre atento a todas las novedades que publica la colección Roja & Negra de Rodrigo Fresán, a la búsqueda de alguna joyita en forma de autor innovador y de calidad; en este sentido Koryta viene pegando muy fuerte, respaldado por varios premios de ámbito nacional, y pese a su juventud sus libros están siendo un éxito de crítica y público. El libro en cuestión es el segundo de la serie del detective Lincoln Perry, (el primero es Esta noche digo adiós), un ex policía que se asocia con otro de mayor experiencia para resolver misterios en un esquema clásico de novela negra.

El lamento de las sirenas comienza con la muerte de una mujer en el incendio de una casa. Todas las pistas conducen irremediablemente a Ed Gradduk, amigo de la infancia y ex compañero de profesión de Lincoln. Éste intenta ayudarlo en cierta forma por una deuda del pasado que hizo que Gradduk fuese a la cárcel. El desencadenante del argumento comenzará cuando Gradduk muera al ser arrollado por un coche de patrulla mientras que se le persigue por sospechoso de asesinato. Lincoln comenzará entonces una investigación paralela a la policial con el objetivo de demostrar la inocencia de su amigo y descubrir quién estuvo detrás del incendio. En este periplo, cuyo ámbito geográfico se circunscribe las calles  de su infancia, volverá a ver a viejos amigos (y enemigos), y descubrirá, como toda buena novela negra, que nadie es lo que parece ser y que detrás de la ley, el orden y los intereses sociales hay intereses de poder y económicos tan oscuros como los restos después de un incendio.

Para empezar, en relación a los comentarios que se leen sobre el parecido a Raymond Chandler o Ross McDonald, decir que Koryta plasma fielmente género en su vertiente, tanto en estilo como en temática, más clásica. Esto lo matizo, porque tener tiene una prosa competente; el ambiente es como los bares con paredes de ladrillo visto y cuadros de boxeadores: muy americano, muy clásico y muy de barrio. La lectura de verdad engancha, los personajes y los diálogos son creíbles, dosifica la información para dar a la trama el ritmo correcto; Koryta conoce sus limitaciones y no se adentra en un detallismo del funcionamiento y vericuetos del sistema o del comportamiento humano como lo harían otros escritores con más recorrido, sencillamente va como una furgoneta  por la autovía, velocidad de crucero para disfrute del paisaje, sin prisas ni pausas, ni excesivas vueltas.

Es una novela que se lee del tirón, ágil y sencilla sin perder un ápice la esencia del género y con un final sorprendente que deja satisfecho. Huele tan clásica que hasta te extraña que salga un móvil. Koryta es un autor sin duda a seguir. Si te gusta la novela negra éste es un libro perfecto para llevarte de vacaciones una semana, apunta más que maneras y no me sorprende que lo cataloguen como “la gran esperanza blanca” del género policíaco. Pero la verdad, me gustaría saber que será capaz de escribir dentro de 10 años, cuando experiencia y madurez apoyen la creatividad y talento literarios que ya tiene.

Reseña: Un lugar incierto, de Fred Vargas

Si eres seguidor/a de Fred Vargas esta reseña quizás no te interese, más que nada por que este libro o lo habrás leído o lo tendrás pendiente de leer, por lo que sólo puedo decirte lo mismo que te decía tu madre, cuando en tu cumpleaños, te cocinaba tu plato preferido y te avisaba a la mesa para comer… Si no sabes nada de Fred Vargas o no has leído nada de ella, porque es un seudónimo que utiliza una mujer que es zooarqueóloga, historiadora, ecologista y francesa, (es decir, todo lo contrario de lo que se supone que debería ser un escritor de género negro), quizás deberías seguir leyendo esta reseña.

A estas alturas de la película Fred Vargas es lo que se dice un best seller, una líder en ventas en varios países, incluida España. Y lo mejor es que lo es por su calidad literaria, porque, aparte de escribir muy bien, tiene un estilo propio dentro del difícil género -en cuestión de innovación-, que es el género negro. Pero decir sólo que Fred Vargas escribe novela policíaca es como echarle un dedo de Borgoña a una lata de refresco de limón, es decir, ser injusto y muy corto.

En las novelas de Fred Vargas, en concreto en la serie del comisario Adamsberg, no hay muchos disparos (aunque sí mucha sangre) y whisky barato, lo que hay es una agudeza extraordinaria a la hora de describir personajes a través de sus acciones y diálogos, transformándolos de meros arquetipos del género negro a personas reales, con sus virtudes, complejos y defectos. Vargas, a diferencia de otros grandes autores, extrapola la trama y la impregna de la vida interior de los protagonistas que van evolucionando, capítulo tras capítulo y libro tras libro, y de lo que les va ocurriendo a lo largo de la historia. Vargas trata con un cariño femenino que comprende tanto una vista psicológica precisa como un bisturí como un vocabulario lleno de referencias culturales, forenses, gastronómicas (hay mucho vino francés) e históricas que no hace más que enganchar al lector, un lector al que le exige una suma atención en los detalles, tanto para comprender la trama como para entender a los protagonistas de la misma, con los que acaba familiarizándose tanto que pasan a ser como de la familia, tanto si son malos como buenos.

Reconozco que me topé con esta autora curiosamente buscando, aparte de novelas policíacas, como siempre hago, libros de temática gótica o de terror, y descubrí la serie del comisario Adamsberg por más de un comentario que se refería a esta serie con que en cada libro trataba sobre fantasmas, hombres lobo, vampiros, la peste… Explicar en este sentido que Vargas utiliza estos temas como transfondo que atrapa al lector y que sirve de ambiente para luego desarrollar los mecanismos de la historia, como dije antes, un aroma tétrico que envuelve una trama compleja llena de referencias de historia medieval y cultura francesas.

En Un lugar incierto, todo esto está magistralmente plasmado, el gancho no podría ser más bizarro, una colección de zapatos alienados en la puerta del cementerio londinense de Highgate, con la peculiaridad que dentro de ellos están sus respectivos pies cercenados. Con este comienzo surge para Adamsberg una aventura que le hará viajar a un pueblo perdido de Serbia y así investigar una maldición relacionada con un asesino inmortal y, paralelamente en Francia, encargarse del truculento asesinato de un ricachón cuyo cuerpo ha sido reducido a sangre y trozitos. El comisario se debanará los sesos y se jugará el tipo descubriendo en sus andanzas algo que determinará su vida a partir de ese momento.

No quiero desvelar nada más de la trama, todo lo demás son  personajes extraordinarios y mil detalles a tomar en cuenta, y por supuesto con un final lógico que, otra proeza de Vargas, ensambla la leyenda y lo sobrenatural con el razonamiento deductivo y la mecánica forense como una buena novela policíaca.

Un lugar incierto es una novela muy buena, De esas que cuando la terminas te deja feliz y satisfecho; como novela de intriga excelente, tanto por una prosa de altura, como una trama adictiva como el hecho de haber conocido a un personaje como Adamsberg que seguro que en adelante hará que te enganches a la serie.

Reseña: El poder del perro, de Don Winslow

No es fácil escribir una pequeña reseña de un libro que te apasiona. La primera impresión que me dio al leer la sinopsis fue la de un thriller al uso, ambientado en la guerra del narcotráfico en México, sin embargo, esta novela es mucho más que eso. Cuando cada cierto tiempo ves truculentas noticias de una matanza en Ciudad Juárez o Tijuana o de cabezas cortadas de policías en medio de la calzada te preguntas porqué Mexico es desde hace décadas uno de los países más violentos del mundo. Las respuestas que te das son: droga, corrupción, pobreza y desigualdad, los intereses políticos…. pero sobre todo, la droga.

El poder del perro no es la primera novela que trata de este asunto, (Dog soldiers, de Robert Stone o La reina del sur de nuestro Pérez Reverte, por citar dos). Quizás el mérito de Winslow haya sido el de convertir los últimos 30 años de la historia del narcotráfico entre Sudamérica y EEUU en una novela policíaca, tomando personajes reales y cambiando los nombres. A medida que avanza el libro, el autor no deja de dar puñetazos de realidad al lector porque sabe que todo lo que está narrando de la boca de sus protagonistas ha pasado de verdad. Y de hecho está pasando. Son seres que están en el límite entre la vida desenfrenada de coches de lujo, jets privados y mansiones con zoo incluido, o acabar él y toda su familia con un tiro en la cabeza o con una corbata colombiana o algo peor…

Winslow nos zambulle en esta piscina de sangre de la mano del típico personaje de novela negra, Arthur Keller, un policía de la DEA, un americano idealista pero nacido en México y con una tenacidad implacable. Keller quizás sea el único personaje moralmente limpio en la novela, moral que tras décadas de combates, con muchas bajas inocentes, va medrando y va entendiendo que en realidad la miseria y la injusticia existen porque a los que mandan les interesa que exista. Pero lo realmente apasionante de este libro es convertir los cárteles mexicanos en toda una saga a la altura de El padrino. Tres décadas en las que familias y clanes hacen tratos, se traicionan y asesinan, todo por controlar el poder del negocio de la droga. El poder del perro, un perro cuyo amo final, y todos lo sabemos en el fondo, no es más que el Tío Sam y su mano ejecutora, la CIA.

La novela se desarrolla desde la óptica de varios personajes, algunos de ellos con la gran necesidad de redimirse, de salir de ese mundo infecto sanos y salvos (la prostituta, el asesino a sueldo irlandés…), otros auténticos empresarios de la maldad (Adán Barrera, Sal Scachi…) cuyo único fin es la supervivencia en una selva de tigres hambrientos: El poder del perro es una novela coral, con personajes realmente inolvidables. Winslow tiene una prosa ágil y a la vez detallada y muy cinematográfica. Hay escenas y diálogos que recuerdan a Tarantino, a Michael Mann, a Peckinpah o a Scorsese, con algunas frases lapidarias. Veo una influencia entre la meticulosidad de trama de Hammett y el delirio de Barry Gliford. Winslow sabe enganchar, escribe droga pura, nos mete un primer chute fuerte y nos sumerge cogidos por los huevos en un universo tan cruel y salvaje que solo la realidad lo puede igualar, y eso es lo verdaderamente terrorífico. Y advierto que hay escenas crudas y crueles, muy crueles.

Tras este libro he leído todo lo publicado por Winslow (salvo Satori) y pese a que son novelas entretenidas y bien escritas (El invierno de Frankie Machine), ninguna de ellas le llega a la suela de los zapatos a El poder del perro, considerada por algunos críticos como “la gran novela americana del narcotráfico mexicano”. Pero no quiero decir con esto no que no sea un thriller, empieza como un thriller y termina como un thriller, con unos últimos capítulos que me tuvieron con la adrenalina subida, de hecho uno de los grandes méritos de este libro es que el nivel no decae durante sus más de 700 páginas, y eso es muy, pero que  muy difícil de conseguir.

Winslow ha rechazado en más de una ocasión vender los derechos para hacer la película. En mi opinión sería imposible sintetizar todo lo que ofrece el libro en un largometraje, lo ideal sería una serie de la HBO (curiosamente he descubierto en Facebook una página que la reclama), y más después del éxito de la estupenda Breaking Bad. Podría ser una especie de Boardwalk empire del cartel mexicano o una The wire del mundo de la policía corrupta mexicana, la DEA y la mafia de la droga….en fin, seguiremos soñando.

Si buscas sensaciones fuertes, grandes personajes, saber como funcionan los cárteles de la droga en México y en definitiva leer un libro que te engancha y absorbe, esta es tu novela. Si sólo buscas un buen thriller ardiente como un plato de chile tras tanta nieve policíaca nórdica también. En definitiva, El poder del perro ha sido el mejor thriller que he leído en mucho tiempo. Sin duda, me sigue apasionando. No dejo de pensar en ella.

Reseña: A quemarropa, de Richard Stark

Existen escritores prolíficos (tanto buenos como malos, como muy malos); pero hay otros tan prolíficos en talento y producción que necesitan, ya sea por una excéntrica ocurrencia personal o por la sana recomendación de su editor, de hacerse pasar por otras personas a través de pseudónimos para poder dar vía libre a tan extensa capacidad creadora almacenada en sus mentes.

Donald E. Westlake (1933-2008), es ya un clásico de la novela negra hard boiled  americana, es decir, novela con violencia por doquier, mujeres de mal vivir y tipos tan duros como moralmente despreciables. Este hombre, para haber sido guionista de cine y televisión, ensayista, biógrafo, escritor de relatos y novelas policíacas y de ciencia ficción, necesitó de varios alter ego. El más famoso fue Richard Stark, por el cual creó la saga de Parker, que consta de 21 novelas y que comenzó por The hunter, titulada aquí A quemarropa, la cual ha tenido, que yo conozca, dos versiones fílmicas: Point Blank, de John Boorman, protagonizada por Lee Marvin que no he visto y quiero ver, y Payback, la de Mel Gibson, sofrito de la saga y bastante olvidable.

El protagonista del libro es Parker, un ladrón con mucha experiencia que siempre trabaja sólo y que tras participar en un robo de mucho dinero es traicionado e infructuosamente asesinado, por lo que, sucio y maltrecho, perseguido por la policía, sin un centavo en el bolsillo y con un carnet falso, se dispondrá a cobrarse venganza y sobre todo a recuperar el dinero que le arrebataron.

Parker es el típico antihéroe del hard boiled, un gran trozo de músculo con patas que sólo habla cuando tiene algo que decir, cerebral y frio como el hielo, con una personalidad resolutiva que irá sin prisa pero sin pausa hacia la persona que lo traicionó, aunque con ello tenga que enfrentarse nada más y nada menos que a la cúpula de la mafia en Nueva York. Westlake elabora una novela corta, que se lee en dos tardes (o en una noche de insomnio, según), en la que Parker es el elemento activo y todos los demás los reactivos, y lo hace con un estilo escueto y directo, con diálogos frescos en el que las descripciones son las indispensables para el desarrollo de las acciones y acontecimientos, tal como si fuese el guión de una película; como ejemplo, los flashbacks están milimétricamente colocados para mantener el interés y darle redondez a la historia en la que, mientras leemos, descendemos como si estuviésemos en una canoa rio abajo hacia el fatal desenlace.

A diferencia de Jim Thompson, Westlake no profundiza en la psique del protagonista para que en cierta forma nos sintamos identificados con su oscura alma; de hecho Parker está narrado en tercera persona, lo que apoya el distanciamiento del lector hacia él y su carácter, sin embargo no deja de ser un personaje por el que sentimos cierta comprensión en sus acciones basadas en un mínimo pero respetado código moral, (Parker no es un asesino, sólo roba bancos), y lo podamos asimilar como un superego de nuestro macho humillado. Pero hay que dejar claro que aquí no hay cuestionamientos morales ni una compleja trama llena de pistas, es un hombre que le han jodido y va a ir como una apisonadora a su objetivo. Además tenemos varios ingredientes típicos del género: corrupción, crítica del sistema, violencia física, psíquica y sexual y el dinero como «leit motiv».

La novela se lee del tirón y está claramente planteada desde su final como el inicio de una serie, lo que no significa que no pueda disfrutarse como obra independiente, es más que aconsejable, porque si te gusta la novela negra, Westlake es uno de los indispensables y este libro es una oportunidad para que lo descubras.