El lamento de las sirenas es la segunda novela que publicó Michael Koryta, un joven autor estadounidense de género negro, y este libro lo escribió con 24 años, ni más ni menos. Digo esto por varias razones, para empezar, estoy siempre atento a todas las novedades que publica la colección Roja & Negra de Rodrigo Fresán, a la búsqueda de alguna joyita en forma de autor innovador y de calidad; en este sentido Koryta viene pegando muy fuerte, respaldado por varios premios de ámbito nacional, y pese a su juventud sus libros están siendo un éxito de crítica y público. El libro en cuestión es el segundo de la serie del detective Lincoln Perry, (el primero es Esta noche digo adiós), un ex policía que se asocia con otro de mayor experiencia para resolver misterios en un esquema clásico de novela negra.
El lamento de las sirenas comienza con la muerte de una mujer en el incendio de una casa. Todas las pistas conducen irremediablemente a Ed Gradduk, amigo de la infancia y ex compañero de profesión de Lincoln. Éste intenta ayudarlo en cierta forma por una deuda del pasado que hizo que Gradduk fuese a la cárcel. El desencadenante del argumento comenzará cuando Gradduk muera al ser arrollado por un coche de patrulla mientras que se le persigue por sospechoso de asesinato. Lincoln comenzará entonces una investigación paralela a la policial con el objetivo de demostrar la inocencia de su amigo y descubrir quién estuvo detrás del incendio. En este periplo, cuyo ámbito geográfico se circunscribe las calles de su infancia, volverá a ver a viejos amigos (y enemigos), y descubrirá, como toda buena novela negra, que nadie es lo que parece ser y que detrás de la ley, el orden y los intereses sociales hay intereses de poder y económicos tan oscuros como los restos después de un incendio.
Para empezar, en relación a los comentarios que se leen sobre el parecido a Raymond Chandler o Ross McDonald, decir que Koryta plasma fielmente género en su vertiente, tanto en estilo como en temática, más clásica. Esto lo matizo, porque tener tiene una prosa competente; el ambiente es como los bares con paredes de ladrillo visto y cuadros de boxeadores: muy americano, muy clásico y muy de barrio. La lectura de verdad engancha, los personajes y los diálogos son creíbles, dosifica la información para dar a la trama el ritmo correcto; Koryta conoce sus limitaciones y no se adentra en un detallismo del funcionamiento y vericuetos del sistema o del comportamiento humano como lo harían otros escritores con más recorrido, sencillamente va como una furgoneta por la autovía, velocidad de crucero para disfrute del paisaje, sin prisas ni pausas, ni excesivas vueltas.
Es una novela que se lee del tirón, ágil y sencilla sin perder un ápice la esencia del género y con un final sorprendente que deja satisfecho. Huele tan clásica que hasta te extraña que salga un móvil. Koryta es un autor sin duda a seguir. Si te gusta la novela negra éste es un libro perfecto para llevarte de vacaciones una semana, apunta más que maneras y no me sorprende que lo cataloguen como “la gran esperanza blanca” del género policíaco. Pero la verdad, me gustaría saber que será capaz de escribir dentro de 10 años, cuando experiencia y madurez apoyen la creatividad y talento literarios que ya tiene.