Reseña: A quemarropa, de Richard Stark

Existen escritores prolíficos (tanto buenos como malos, como muy malos); pero hay otros tan prolíficos en talento y producción que necesitan, ya sea por una excéntrica ocurrencia personal o por la sana recomendación de su editor, de hacerse pasar por otras personas a través de pseudónimos para poder dar vía libre a tan extensa capacidad creadora almacenada en sus mentes.

Donald E. Westlake (1933-2008), es ya un clásico de la novela negra hard boiled  americana, es decir, novela con violencia por doquier, mujeres de mal vivir y tipos tan duros como moralmente despreciables. Este hombre, para haber sido guionista de cine y televisión, ensayista, biógrafo, escritor de relatos y novelas policíacas y de ciencia ficción, necesitó de varios alter ego. El más famoso fue Richard Stark, por el cual creó la saga de Parker, que consta de 21 novelas y que comenzó por The hunter, titulada aquí A quemarropa, la cual ha tenido, que yo conozca, dos versiones fílmicas: Point Blank, de John Boorman, protagonizada por Lee Marvin que no he visto y quiero ver, y Payback, la de Mel Gibson, sofrito de la saga y bastante olvidable.

El protagonista del libro es Parker, un ladrón con mucha experiencia que siempre trabaja sólo y que tras participar en un robo de mucho dinero es traicionado e infructuosamente asesinado, por lo que, sucio y maltrecho, perseguido por la policía, sin un centavo en el bolsillo y con un carnet falso, se dispondrá a cobrarse venganza y sobre todo a recuperar el dinero que le arrebataron.

Parker es el típico antihéroe del hard boiled, un gran trozo de músculo con patas que sólo habla cuando tiene algo que decir, cerebral y frio como el hielo, con una personalidad resolutiva que irá sin prisa pero sin pausa hacia la persona que lo traicionó, aunque con ello tenga que enfrentarse nada más y nada menos que a la cúpula de la mafia en Nueva York. Westlake elabora una novela corta, que se lee en dos tardes (o en una noche de insomnio, según), en la que Parker es el elemento activo y todos los demás los reactivos, y lo hace con un estilo escueto y directo, con diálogos frescos en el que las descripciones son las indispensables para el desarrollo de las acciones y acontecimientos, tal como si fuese el guión de una película; como ejemplo, los flashbacks están milimétricamente colocados para mantener el interés y darle redondez a la historia en la que, mientras leemos, descendemos como si estuviésemos en una canoa rio abajo hacia el fatal desenlace.

A diferencia de Jim Thompson, Westlake no profundiza en la psique del protagonista para que en cierta forma nos sintamos identificados con su oscura alma; de hecho Parker está narrado en tercera persona, lo que apoya el distanciamiento del lector hacia él y su carácter, sin embargo no deja de ser un personaje por el que sentimos cierta comprensión en sus acciones basadas en un mínimo pero respetado código moral, (Parker no es un asesino, sólo roba bancos), y lo podamos asimilar como un superego de nuestro macho humillado. Pero hay que dejar claro que aquí no hay cuestionamientos morales ni una compleja trama llena de pistas, es un hombre que le han jodido y va a ir como una apisonadora a su objetivo. Además tenemos varios ingredientes típicos del género: corrupción, crítica del sistema, violencia física, psíquica y sexual y el dinero como «leit motiv».

La novela se lee del tirón y está claramente planteada desde su final como el inicio de una serie, lo que no significa que no pueda disfrutarse como obra independiente, es más que aconsejable, porque si te gusta la novela negra, Westlake es uno de los indispensables y este libro es una oportunidad para que lo descubras.

2 comments

  1. Interrobang dice:

    He de deciros que suscribo totalmente la recomendación de leer toda la obra de Westlake firmada con su nombre o con cualquiera de sus seudonimos (gesto nada caprichoso sino obligado por imposición editorial). Y a los amantes del cómic recomendar la esplendida adaptación de las primeras novelas de Parker a cargo de Darwyn Cooke.
    Slds.

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