Tenía ganas, muchísimas ganas de leer este clásico. Algunas veces por A, y otras por B, nunca lo hice…, hasta ahora.
Puedo decir también, que mis ansias por leerlo se acrecentaron después de que mi vida, por causas personales, estrechara relaciones con Cuba; puesto que allí se desarrollan los hechos de la novela y porque en la Habana pasó el autor buena parte de su vida.
Se dice que esta historia la basó Hemingway en un hecho real que llegó a sus oídos.
La novela es corta, bastante corta; aún así, en ella podremos vivir todo tipo de sensaciones que nos mantendrán con el alma en vilo. Hemingway supo transmitir con sus palabras una ola, un maremágnum de sentimientos, que van desde la desesperanza, la soledad, la voluntad, el pesimismo, el optimismo, el peligro, hasta el compañerismo. No en vano le concedieron el Pulitzer y el Premio Nobel a este gran autor.
En las páginas de la novela describe con sencillez, pero con fuerza, la historia de Santiago. Un anciano pescador que ya ha vivido sus mejores días, y que lleva más de ochenta días sin pescar. La gente ya le cree acabado, rehúyen su compañía porque opinan que la mala suerte le acompaña. Sólo un joven, Manolín, el muchacho, que aprendió a pescar con él, y que le tiene un afecto muy especial, parece preocuparse por el viejo y ayudarle.
Una mañana, Santiago coge su barca y se adentra en la mar, a la que respeta y admira a partes iguales. Será entonces cuando comience una verdadera aventura, llena de soledad y de peligros, que durará varios días, más de los que él jamás pensó, y en la que se verá que el hombre nada puede hacer contra los avatares del destino.
Hemingway traza, con pocas pinceladas, en qué consiste el arte de la pesca, como él lo llamaba.
Y hace que, de una historia que no podría dar mucho de sí por la simpleza de su argumento, se nos encoja el corazón de tal manera que pasemos las páginas con vertiginosa rapidez.
Si a eso le sumamos el plus de la descripción tan detallada que el escritor hace de la sociedad cubana de la época, nos encontramos ante una novela que debería ser de obligada lectura para todo el mundo.
Desde New York, reseñas literarias, os invitamos a adentraros en la historia de Santiago, aquel pescador cubano que llevaba más de ochenta días sin pescar un pez.