En la reseña que hice hace poco sobre las novelas de Sherlock Holmes ya comenté uno de los mayores males que puede sufrir el ego de un escritor, y ese mal no es otro que el de ser eclipsado, anulado, ante uno de tus propios personajes.

A Sir Arthur Conan Doyle le ocurrió con Holmes y Watson  y, sin duda, aquí nos encontramos de nuevo ante uno de estos casos.

De Drácula se ha hablado tanto a lo largo del tiempo que de la restante producción literaria de Bram Stoker apenas se habla. Y es una pena, porque tiene joyas como las que nuestros amigos de la editorial Letra Celeste nos han traído en esta pequeña antología de relatos, en su mayoría  inéditos, de Stoker, cuya acertada selección ha corrido a cargo de Roberto Cueto.

Lo que me llamó en primer lugar la atención del libro, fue la impactante portada, que no es otra que una reproducción de La esperanza I, de Gustav Klimt.

Dentro de la antología nos encontraremos con los relatos: Muerte entre bastidores, que da nombre a la antología; Las almas gemelas (yo conocía este brutal relato con otro nombre: “los dualistas”); El sueño de las manos ensangrentadas, La profecía gitana, La cadena del destino, El regreso de Abel Behenna y El hombre de Shorrox; Todos los cuentos con una interesante introducción hablándonos de su procedencia y con algunas notas numeradas que podremos consultar en las últimas páginas.

Es, en definitiva, un buen libro para los amantes del género de terror, ya que entre sus páginas, encontrarán desde cuentos de fantasmas al más puro estilo gótico, hasta relatos desarrollados en ambientes marinos que nos pueden hacer pasar tan gratos momentos como lo hicieron Stevenson o, por qué no decirlo, Hodgson.

Muerte entre bastidores y otros cuentos macabros.

Celeste Ediciones; Colección Infernalia (Director Roberto Cueto).

151 Pág.

ISBN: 84-8211-184-1

 

Autor

Bram Stoker (1847-1912)

 Seudónimo de Abraham Stoker, escritor británico. Nacido en Dublín, Irlanda, donde también realizó sus estudios. Funcionario y crítico teatral, hasta que abandonó Irlanda en 1876 para ejercer de secretario y representante del actor inglés sir Henry Irving, con quien dirigió el Lyceum Theatre de Londres. Fue socio de Irving hasta que éste murió en 1905. Escribió numerosos libros, entre ellos Drácula (1897).