Ralph Barby, químico de profesión, escribió casi mil novelas, muchas de ellas para las colecciones de terror (Selección Terror de Bruguera y Escalofríos de Terror de la Editorial Olimpic quizá sean más populares). A diferencia de sus compañeros, en las novelas de Barby lo sobrenatural tenía mucha importancia, mientras que otros autores buscaban un final más racional (que en ocasiones estropeaba el relato). Ralph Barby ha recibido numerosos premios (Hucha de Plata, Ateneo de Valladolid…), ha colaborado con la Biblioteca del Congreso de Washington en EEUU, alguna de sus novelas se ha llevado al cine (como Cinco mil dólares de recompensa) y ha participado en varias recopilaciones de cuentos. Esta entrevista es un homenaje a la carrera de Ralph Barby y a todos aquellos escritores que escribieron novelas en las colecciones de terror, nuestras favoritas.
Ralph Barby es el pseudónimo que utilizaste en las casi mil novelas que escribiste para las editoriales Bruguera, Olimpic, Rollan, etc. Una americanización de tu nombre real: Rafael Barberán. ¿Tuviste problemas con tu pseudónimo y la censura en las editoriales?
Sí, es una anglosajonización de mi propio nombre. El cambio de nombre en los artistas es muy habitual, Pablo Neruda no se llamaba así, tampoco Kirk Douglas, ni muchos cantantes o el propio El Greco como pintor. Es normal en los EEUU tener un nombre profesional y yo me siento muy orgulloso de Ralph Barby. También es cierto que en la época en que se comenzó a escribir con este pseudónimo eran las editoras las que no querían nombres españoles, podía parecer que teníamos menos imaginación o menos profesionalidad como novelistas, pero una vez puesto el pseudónimo, muy bien, lo llevo bordado en jerséis y también lo tengo en un sello de oro. Respecto al pseudónimo, ningún problema con la censura, sí los hubo con temas o parrafadas, cosas de la época.
Ralph Barby también debe parte de su obra a Àngels Gimeno, persona con la que compartes la autoría de estas novelas, ¿no es así? ¿Podrías contarnos más acerca de ella y de su aportación?
Àngels es mi compañera, mi colega, mi todo desde antes de comenzar a escribir. Ella fue quien me pidió que escribiera y yo, por aquel tiempo, no sabía ni escribir a máquina. Àngels me impuso los ejercicios de mecanografía y gracias a eso escribo con los diez deditos. Àngels también escribe y edita sus propias novelas. Yo soy más bruto. De estilo, léxico, gramática y ortografía sabe más que yo, y soy incapaz de mejorar sus escritos. Por decirlo con una metáfora, soy un diamante en bruto que ella pule, talla y convierte en un brillante. En la obra de Ralph Barby la colaboración entre ambos ha sido estrecha, total y permanente.
De todas aquellas novelas, ¿cuál recuerdas con mayor cariño?
Quiero a todas las novelas, todas son nuestras hijas, ahora bien, si he de elegir algún título, me decanto por “Viaje al Horror” (Extra-Selección Terror), “Un pájaro llamado Leonard” o “Yo compré un castillo”. Evité escribir sobre vampiros y hombres lobos, porque era lo más fácil y lo que iban a hacer los demás novelistas, de todos modos escribí alguna obra para demostrar que no había ningún problema en ello.
En tus novelas la ambientación, los personajes, el erotismo, etc, recuerdan a muchas de las películas de terror de la época, ¿no te parece? ¿Cómo te influía el cine de la época en tus novelas?
Supongo que el cine sí ha ejercido una gran influencia en forma de expresión literaria, por ello el lector puede “ver” lo que yo describo.
¿Y cuáles son tus películas de cine fantástico favoritas?
Dejadme que suspire antes de responder… Soy un adicto a las películas interesantes y en fantasía me han gustado muchas, las de gore ninguna. Supongo que de niño me impresionaron muchas, Psicosis está bien hecha, El Exorcista también y la última que he visto, El Laberinto del Fauno, es una buena obra que mezcla la fantasía con la política (un excelente cóctel).
¿Y cuáles son los escritores que han influido en tu carrera?
Leí gran cantidad de novelas populares de todos los géneros cuando era un niño, caminaba por mitad de amplias calzadas de Barcelona, los coches me sorteaban y yo iba absorto leyendo camino de la escuela. Cuando comencé a escribir, ya no leí ni una sola novela más de mis colegas, de esta forma no podía quedar influenciado por nadie y el resultado era yo mismo. Mi cultura literaria es heterodoxa, por ello soy más libre de pensamiento, pero no voy ahora a ponerme pedante y a nombrar a los grandes escritores que han podido influenciarme.
Hemos intentado quedarnos con una de tus novelas y la elección ha sido Roja y Diabólica (Bruguera, 1984). Nos encantó especialmente el último párrafo que decía: Amigo lector, si en alguna ocasión encuentras la bola de cristal roja, la verdadera, la que encierra los ojos de Satán, o descubres el lugar donde se halla el Necronomicón, por favor, escríbeme. ¿Te interesan este tipo de temas o era parte de la ambientación de la novela? ¿Qué es lo más curioso que te ha pasado?
He escrito muchas historias por el oficio de novelista, pero no pocas con el misterio del subconsciente como ya he dicho y las de Terror, todas, no me preguntes por qué. Si cojo una novela de Ralph Barby y me pongo a leerla, para mí es nueva, me sorprende, me gusta. Si Àngels me da una sinopsis de una novela para que la rescriba, sin yo leer esa novela, la vuelvo a escribir y me sale casi fotocopiada, misterios de la mente. Admito que mentalmente soy algo especial, ni mejor ni peor pero sí algo especial. Cuando estoy en lugares digamos que singulares, escenarios de historias acaecidas, capto sensaciones y en otro momento me surgen historias referentes a ese sitio. ¿Anécdotas? Muchas. La vida de Àngels y mía siempre ha sido como profesionales de la narrativa, nos llevamos hasta la máquina de escribir para el viaje de bodas, había tiempo para todo y los editores siempre estaban pidiendo originales. Por los años ochenta vendíamos cerca de veinte mil ejemplares semanales y algunas novelas incluso eran reediciones con las mismas tiradas.
Otro de los atractivos de estas novelas eran los dibujos de las portadas. ¿Cómo eran elegidos?
No tenía más contacto con los dibujantes portadistas que, mediante tres líneas escritas, decirles más o menos qué podían poner en la portada, pero no siempre me hacían caso.
Por último, ¿podrías enviar un saludo a tus fans?
Lloviznaba, hacía frío aquella tarde de febrero en que las minúsculas y sucias gotas de lluvia empañaban el amplio cristal del escaparate de la tienda esotérica de la calle Princesa de Barcelona. Cuando creí ver la bola de vidrio rojo sobre un paño de negro terciopelo, ¿era la que estaba buscando o acaso fue la que vi en una mugrienta tienda del Portobello londinense? Puede que ni la una ni la otra, recuerdo que al caminar por la acera junto al muro del cementerio del Père Lachaise en París, con las manos bien hundidas en los bolsillos del abrigo para evitar que la gélida neblina anquilosara mis dedos, noté algo especial, sí, algo que se metió en mis venas y acidificó mi sangre que aceleró el flujo al pasar por mi mente. Mis ojos se fijaron en una mujer alta con larga falda de gitana que le llegaba hasta los viejos zapatos, no le vi el rostro, andaba aprisa, más por alejarse que por llegar pronto a alguna parte. Una bolsa de piel de serraje oscuro, casi negro, con flecos, colgaba de su hombro izquierdo, algo pesado y redondo parecía moverse allí dentro. ¿Sería la bola roja que yo deseaba encontrar?
Queridos lectores, si alguna vez la encontráis, hacédmelo saber, mientras recibid un cordial saludo de Ralph Barby.
(Entrevista publicada originalmente en el fanzine Infernaliana, dedicado al cine fantástico y de terror)
Comentarios
Dejar un comentario Trackback