Los dieciséis relatos que componen esta antología tienen lugar en un hospital psiquiátrico. Sabemos que las personas que conoceremos en las dieciséis habitaciones de este siniestro lugar no están en sus cabales. Quizás el lector pueda pensar que carece de factor sorpresa, pero le aseguro que se equivoca. Aunque existe un hilo conductor entre todos los cuentos, leeremos historias tan originales como espeluznantes, muy bien desarrolladas y conoceremos personajes enigmáticos capaces de ponernos los pelos de punta. ¿Acaso no hay mejor sorpresa que esta? Recorra conmigo las habitaciones de este edificio, no suelte mi mano si siente miedo y tal vez hallemos la salida.
Víctor Piedra, de Carlos L. Hernando
Aunque los cuerpos de las víctimas aún no se han encontrado, Leman Echea está investigando los crímenes que afirma haber cometido Víctor Piedra, un famoso pintor que se encuentra recluido en la habitación número 018.
La cara oculta de Leningrado, de Carolina Cristóbal
Durante la Segunda Guerra Mundial, el teniente Valcárcel es capturado en Leningrado por las tropas rusas. En un hospital de dicha localidad será víctima de los brutales experimentos con el fin de crear un ser perfecto para el combate. Debido a los macabros actos que ha visto y vivido, los médicos creen que ha perdido la cordura, ese es el motivo por el que está internado en la habitación número S-1435.
Una sombra detrás de mí, de Juan Antonio Román
Daniel se encuentra ingresado en la habitación 009. Es acusado de haber matado a varias chicas y a un policía. Un año después le habla por primera vez a su psiquiatra, a quien confiesa que no es el culpable de tales atrocidades, sino una extraña sombra que se oculta detrás de él mientras le susurra la palabra “sangre”.
El ángulo de las tijeras, de Virginia Pérez de la Puente
En la habitación 047 está encerrado Rafael Salgado, acusado de haber matado a su novia Judit. Él asegura que no asesinó a su novia con unas tijeras, sino a su propio padre.
Rewind, de Magnus Dagon
El paciente de la habitación 125 está internado en este lugar por voluntad propia, después de haber sido espectador de unos sucesos extraños que le ocurrieron a su amigo Carlos. Su amigo mató accidentalmente a su hermano mientras jugaban con la pistola de su padre. Después de esto, Carlos fue entregado en adopción y un día encuentra una caja con su nombre con cintas de video vírgenes en su interior. Lo raro es que no hay ni una sola imagen en ellas, en el televisor aparece la nieve, excepto cuando le da a la tecla de rebobinado.
La vida en colores, de Laura López Alfranca
La señora Costa afirma no saber el motivo por el que ha sido encerrada en este hospital psiquiátrico, en la habitación número 407. No lo entiende cuando a ella simplemente lo que le gusta es tejer…
Voces inculpatorias, de Javier Camúñez Díez “Selin”
Sinesio González está pendiente de juicio por el asesinato de Carlos Moragas. El paciente de la habitación 029 afirma oír voces en su interior y estar poseído por el espíritu de una persona a la que confesó que había asesinado. La enfermera Loreto no siente escrúpulos y ve la oportunidad de salir beneficiada de la historia de su paciente.
La puerta abierta, de Laura Luna
La causa por la que Enrique se encuentra recluido en la habitación 214 es el amor. El joven se ha enamorado de su vecina Elena. Todas las noches un ser con dos misteriosos ojos verdes le insta a declararse a su amada, cuando Enrique despierta no sabe si ha sido un sueño demasiado real o simplemente su subconsciente.
El purgatorio, de Karol Scandiu
Jorge Reyes, el conserje del psiquiátrico, tiene su propia habitación. Cierto día aparece una misteriosa caja que contiene, entre otras cosas, el recorte de un periódico donde se narra el escalofriante suceso acontecido en la habitación 222, la antigua sala destinada a los tratamientos de electrochoques y lobotomía. En la actualidad se encuentra clausurada debido a que hace veinte años la enfermera Vera Lucía Quesada cometió unos brutales crímenes con jóvenes muchachas de entre quince y diecisiete años, desde entonces a la 222 se la conoce como el “Purgatorio de Vera”.
El hombre que sabía contar cuentos, de Juan José Hidalgo Díaz
¿Qué le pasa por la cabeza a un hombre capaz de torturar a su víctima mientras le cuenta unos extraños cuentos que carecen de sentido? Para descubrir el enigma tendrás que abrir la puerta de la habitación 803.
Danza en mácula, de Oscar Muñoz Caneiro
Diego, el paciente de la 017, ha visto a su mujer, Elena, hablar con un hombre. A raíz de ese encuentro, Elena no soporta la luz, hasta tal punto que es internada en un psiquiátrico. Cuando Diego decide hacer una visita a aquel misterioso hombre, descubre que es un ilusionista que realiza trucos relacionados con luces y sombras.
Ojos despiertos, de Raelana Dragan
En la habitación 103 se encuentra una paciente con una crisis de identidad. Patricia teme quedarse dormida y pide a su amigo Pablo que la ayude a salir de allí antes de que el eco de unos tacones suene por el pasillo y llegue ella, quienquiera que sea ella.
Medicina experimental, de Irene Comendador
El doctor Matthews está siendo investigado. Se le acusa de manipular la vida de sus pacientes, quienes están convencidos de haber asesinado a sus familiares, aunque nadie podrá entrar en la 108 sin una orden de registro.
Rutina, de José Javier Zamora Llorente
Tras varios años de feliz matrimonio, María, ahora internada en la 117, ve como su vida se va a pique hasta tal punto que necesita la ayuda de un psicólogo para ponerle remedio a su problema.
Fundido en negro, de José Javier Arce Cid
José tiene que documentarse para un trabajo que está realizando y pide al director del centro que le deje quedarse durante un fin de semana en la 237. A condición de ello, el director le dice que será tratado como el resto de internados.
200 baldosas, de Alfonso Zamora Llorente (124)
Luna trabajaba para una importante editorial. Su vida se desmoronó cuando empezó a salir de forma continuada, lo que le llevó a ser una alcohólica y a cometer terribles actos. Por esa razón está aislada en la habitación 124.
Esta es la primera antología que publicó la asociación Esmater (Escritores Madrileños de Terror). Casi todos los participantes son escritores noveles, otros ya conocidos, pero en común les unen las ganas y el buen hacer. Si te gusta el género de terror, no tengo duda de que vas a disfrutar de esta compilación. Yo espero que se construya un nuevo edificio adjunto al hospital, con más habitaciones, nuevos personajes y más historias, porque siempre quedan cuentos por contar y, si son como estos, bienvenidos sean.