Algunos pensaréis que sólo hablamos bien de los libros que leemos, sin embargo, la idea es muy fácil: somos muy selectivos con lo que va a transitar por delante de nuestros ojos, hay que serlo, arriesgar, es normalmente una pérdida de tiempo. Y como dijo alguien «La vida es corta y los libros son muchos». Ha sido alucinante este viaje. Jamás pensé que me pudiera aficionar tanto al género negro con el paso de los años. ¿Me hago viejuno? No. Lo he pensado bien. Y es que aún hay resquicios en mi cerebro. Mi mente parecía reclamarlo pues recordé que desde mi más tierna infancia, todas las historias que escribía gozaban siempre de un mismo detective, un misterio (normalmente asesinato) y algo de hechos inexplicables también. Es curioso, porque por entonces no tenía la base que tenía ahora. Ni mucho menos había leído aún a Dashiell Hammett y Raymond Chandler, los dos grandes maestros del género que parecen estar a décadas del resto. No obstante, sí que leía a Agatha Christie, Hitchcock e incluso algo de Ellery Queen. Pero es que Hammett y Chandler sí que reposaban en las estanterías de mi padre y yo los miraba de reojo cada vez que entraba en casa. Generalmente a esa edad nadie quiere que le digan lo que debe leer, y ahora, como pasa siempre, odio aquel tiempo perdido. Aunque me reconforta que este hecho suela ser la tónica de muchos y «nunca es tarde» está a la vuelta de la esquina.
Todos los cuentos, de Raymond Chandler es un diamante en bruto en papel. Muchas de las historias de las que incluye fueron imposibles de encontrar durante bastante tiempo. Ahora es tan fácil como hacerse con la magnífica edición que RBA-Serie Negra ha lanzado y que (algo que no sorprende a nadie) ya va por su tercera edición. Todos los cuentos, es un tochaco de los que cualquier buen coleccionista desea tener en su biblioteca, esa que yo llamo The Indispensables. Contiene 25 relatos, algunos de ellos novelas cortas en los que se vislumbra como Chandler iba afinando su arte y confeccionó el submundo de los bajos fondos. Aquí yacen los policías corruptos, los menos malos, los soplones, los que mantienen el chantaje como modo de vida, mujeres esbeltas con dotes, rubias, pelirrojas, peligrosas que saben usar su sexo para seguir adelante en la vida. Juego, pero sobre todo, alcohol y humo, mucho humo entre palabras. 25 relatos reunidos con un precedente y magnífico prólogo del Premio Nadal y Planeta 2012, Lorenzo Silva.
A ver, esto es muy simple, a los que gozan con el género negro de toda la vida no tengo que aconsejarles nada. Ellos ya saben del valor de esta obra. Pero siento la necesidad de aconsejar su lectura a los demás. A los principiantes o a los repescados como yo, decirles que leer a Chandler ya se ha vuelto imprescindible para mí. Voy a leer todo de él. Voy tarde. Lo sé. Y en temas literarios, no soy precisamente un jovencito mirando a su alrededor como quién pisa por primera vez La Gran Manzana. Desde ya, adopto el género negro. Desde ya digo sí a la buena literatura, a los magníficos diálogos (tan geniales como reales) que Chandler sabía crear. Porque leer a un maestro siempre es sinónimo de sonrisa. Es como asistir a una de las mejores lecciones de aprendizaje en una University de lujo.
En Todos los cuentos, de Raymond Chandler vais a encontrar a los más sagaces investigadores privados como Marlowe, Mallory, John Dalmas, Ted Carmady, Pete Anglich o Sam Delaguerra. Tipos duros que no se achantan ante el diálogo, unos competentes en el cuerpo a cuerpo pero también otros que prefieren huir y darlas a la vuelta. A ninguno de ellos les gusta la sociedad en la que viven, odian la hipocresía, la corrupción, pero viéndoles el rostro, viviendo sus movimientos y oyendo las palabras que dicen, es difícil saber que sienten en cada momento. Son estatuas que actúan cuando nadie les ve. Resuelven los casos que tienen entre manos de manera brillante aunque se sienten amigos del destino. Sí, porque muchas de estas historias aparecen en sus vidas sin comerlo ni beberlo. Sus clientes son a menudo víctimas de chantajistas, damas fatales en apuros, hombres que quieren que busquen a sus esposas o a incluso algunos quieren que ejerzan como sus guardaespaldas. De la mezcla de todos estos cuentos surgió el mejor Philip Marlowe. Sí, el que dio paso a posteriores novelas. Esa sensación tengo al haber leído Todos los cuentos: Este tomo es como un casting del autor para encontrar al mejor personaje, aquel con el que se desenvolvía mejor y que debutara como personaje principal y protagonista de sus posteriores novelas. En Un asesino en la lluvia y en Telón vemos el esquema de El sueño eterno (1939), su primera novela, su primer exitazo. Prueba con la chica y El jade del mandarín son el origen de Adiós, muñeca. Lo mismo sucede con Los blues de Bay City y La dama del lago, cuyo título conservó para esta novela. Además, hay cantidad de personajes que vuelven a salir en el futuro en otras obras. Un recurso literario que fue copiado por cantidad de autores.
Todos los cuentos, es como un manual de cómo crear buenas historias. Un maratón de buenos argumentos, semillas recién sembradas de grandes títulos por venir. Chandler muestra en cada una de ellas la tragedia del individuo, del hombre de su tiempo, no muy distante del nuestro. El cine terminó de dar magia a estos escritos.
Todos los cuentos, de Raymond Chandler es algo grande, un meteorito caído en nuestras librerías. Encima cuenta con algo que me encanta. Las portadas en las que aparece un arma, me encantan. Aún están a tiempo de cogerlo, o al menos rozarlo con sus dedos antes de que llegue el gobierno.
Como siempre gran reseña.Como iniciado en la novela negra ,género que estoy descubriendo poco a poco ,me interesaran recomendaciones tanto de la serie negra de RBA como de la colección Roja-Negra de Mondadori,te lo agradezco ,saludos
Gracias José María.