Reseña: La isla, de Richard Laymon

El joven Rupert Conway se dispone a pasar unas vacaciones de ensueño en las Bahamas, acompañando a su novia y a la familia de esta. Cuando el yate en el que viaja explota inexplicablemente, el grupo se queda varado en una isla paradisíaca y se resigna a esperar pacientemente el rescate. Para el hiperhormonado Rupert, la aventura cuenta con el aliciente de disfrutar contemplando tanto a la madre de su novia como a una de sus dos hermanastras, ambas mujeres muy hermosas que despiertan en el muchacho sentimientos inconfesables. Sin embargo, lo que parecía ser un inconveniente poco preocupante, pronto se convertirá en una terrible pesadilla. El amanecer del segundo día trae consigo el descubrimiento del cadáver de uno de los otros dos hombres que, junto a Rupert, forman parte del grupo. A esa muerte seguirá otra, y el adolescente tendrá que hacer frente junto a las mujeres al sanguinario asesino que parece decidido a eliminarles uno tras otro. ¿O será él el único que deberá temer por su vida, habida cuenta de que solo parece interesarle acabar con los hombres atrapados en la isla? Rupert decidirá consignar en forma de diario todo cuanto suceda en la isla, y entre sus páginas plasmará sus pensamientos más íntimos, así como los momentos de horror y los numerosos acontecimientos inesperados que irán teniendo lugar, en un crescendo que culminará en un clímax no apto para lectores con estómagos sensibles.

La narración en forma de diario nos limita a un único punto de vista, así que siempre es de desear que la voz en primera persona que nos conducirá a lo largo de toda la historia sea lo más interesante posible. La del joven Conway lo es, si bien se trata de un personaje que, probablemente, será más del agrado de los lectores que de las lectoras. Y es que, a pesar de la desesperada situación en la que se encuentra, parece ser que no hay nada demasiado terrible para que no pueda narrarse con un toque erótico o, en determinados momentos, rotundamente pornográfico.

Rupert no puede evitar escribir constantemente sobre las sensaciones y deseos que despiertan en el las mujeres que le rodean, aportando constantemente un elemento sexual a su narración (algo que, por otra parte, es marca de fábrica de Laymon). Así, incluso en la descripción de las escenas más truculentas, la tremendamente activa libido del joven cronista siempre se las arreglará para deslizar imágenes subidas de tono.

Suele admitirse como vox populi que los editores de literatura de terror acostumbran a ir a lo seguro. Un paseo por  la sección dedicada al género en cualquier librería nos sirve para constatar que, a día de hoy, el Horror se compone principalmente de novelas de temática zombi o vampírica. Por eso hay que agradecer apuestas arriesgadas como la que ha realizado La Factoría de Ideas publicando una obra del siempre controvertido Richard Laymon.

La editorial ya nos ofreció hace algunos años El espectáculo del vampiro, una de las últimos libros de Laymon, galardonado con el prestigioso premio Bram Stoker en 2001, así que confío en que vuelvan a poner al alcance de los lectores alguna otra de sus obras antes o después. Sería fantástico que, por ejemplo, reeditaran su opera prima El sótano y, si las ventas lo permitieran, sus secuelas (todavía inéditas en castellano). Porque no solo de King, Koontz o Barker vive el aficionado al horror, ¿no os parece?

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