Reseña: Chernóbil-La Zona, de Natacha Bustos y Francisco Sánchez

Me gusta pensar que todavía hay gente como yo, gente que piensa que los recuerdos mantienen vivos a los que se fueron, y por tanto, que los recuerdos vuelven a encender la llama de nuestro miedo, y por tanto, que rememoran de lo que fue capaz el ser humano y… de lo mayoritariamente capaz de hacer el mal que somos si perdemos el poder de recordar…

Han pasado veinticinco años de la catástrofe nuclear de Chernóbil. Hace ya un cuarto de siglo, en un lugar remoto de Ucrania, un fallo en el sistema de refrigeración de la central nuclear provocó una explosión radioactiva que llegó a cubrir con los días varios países de Europa. Chernóbil sigue siendo, pese a la trágica coincidencia en su aniversario con el reciente accidente en la central japonesa de Fukushima, el accidente nuclear más grave de la historia. La zona de exclusión abarca un radio de 30 kilómetros alrededor de la central y es como si allí, aquel 26 de abril de 1986 se hubiera detenido el tiempo, especialmente en la ciudad de Pripiat, donde vivían los trabajadores de la central y sus familias.

Chernóbil-La Zona cuenta la historia de algunos personajes y cómo vivieron el fatídico día, antes y después, con sus familias. El horror. Una pequeña ciudad próspera cambiaba de la noche a la mañana, a un lugar desolador y del que todos querían. Una tierra maldita para los próximos 100.000 años. Glénat acaba de publicar el cómic de Natacha Bustos y Francisco Sánchez para que no lo olvidemos. Para que un rincón de nuestro recuerdos permanezca ilustrado como consejo, como advertencia, de lo que una vez se hizo con una pequeña porción de nuestra madre tierra. Un cómic que cuenta tres casos relacionados entre sí de personas que se vieron afectadas por la tragedia. Personajes que no son reales, pero que cuentan la historia verdadera de muchas de esas personas. Gente sencilla, humilde, con sus sueños y esperanzas. Que aún lo viven en sus propias carnes.

Francisco Sánchez viajó a la zona para documentarse. Destacan también las buenísimas ilustraciones de Natacha Bustos. Al final del tomo se anexa algunos datos tomados como investigación previa que ponen los pelos de punta. Una lectura más que recomendada si quieres saber un poquito más de la tragedia que asoló la conciencia de todos los europeos de finales del siglo XX.

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