Reseña: Rumbo a Marte, de Joe Haldeman

Carmen Dula y su familia han sido elegidos para realizar el viaje de sus vidas. Su destino: el planeta rojo, donde en principio pasarán cinco años (a los que hay que sumar el año aproximado que durarán los trayectos de ida y vuelta).

La pequeña comunidad humana que habita Marte ofrecerá a la joven Carmen luces y sombras: allí encontrará el amor, y también hará una enemiga implacable que tratará de hacerle la vida imposible. No obstante, su hallazgo principal se producirá de modo fortuito, cuando tras un aparatoso accidente sea rescatada por una criatura alienígena. Será entonces cuando la humanidad descubra que ellos no han sido los primeros en poner un pie en el planeta. Pero, ¿quiénes son estos “marcianos”? Y, sobre todo, ¿cuál es la verdadera razón por la que, milenios atrás, unos seres misteriosos (a los que se refieren como “los otros”) les instalaron en Marte?

Rumbo a Marte aglutina en poco más de trescientas páginas gran cantidad de elementos de interés, e incluso se permite el lujo de cambiar por completo el tono de la historia, pasando de lo que parecía ser la narración de los avatares post adolescentes de Carmen a ofrecer una interesante variante del típico “primer contacto”.

Homenajeando al gran Arthur C. Clarke al principio de la novela (con la descripción de un elevador espacial al estilo del ideado en su día por el autor de Cita con Rama), Haldeman salpica la trama con elementos afines a la ciencia-ficción de corte hard, pero sin excesos. Carmen es en todo momento el eje de la trama, y las relaciones que mantiene con el resto de los humanos y, sobre todo, con su salvador en Marte (al que bautiza como Rojo) avanzan paralelas al interesante misterio que rodea el origen de los “marcianos” y su relación con la humanidad.

La brevedad de la novela hace que se lea con rapidez y, si bien tiene un final que podríamos denominar “cerrado”, se trata de la primera entrega de una trilogía cuya segunda parte (Starbound) también editará próximamente La Factoría de Ideas. Espero poder saciar en breve mi curiosidad sobre por qué derroteros tiene pensado conducirnos Haldeman en el próximo libro. Confío en que resulten, al menos, tan entretenidos e interesantes como los presentados en Rumbo a Marte.

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