El volumen 16 de la colección Super Humor destinado a Superlópez recoge las historias El gran desahuciador, La guerra de las latas y La montaña de diamantes. Si echamos la vista atrás y leemos la reseña del volumen 15 que hice hace ya un tiempo, comprobamos que lo que yo consideraba una bajada de nivel acusado en los últimos años, lejana ya la época de grandes historias protagonizadas por este supermán español, había resucitado de nuevo, sobre todo gracias a la aparición del Supergrupo de nuevo, y eso me había permitido cerrar aquel volumen con la esperanza de que volviera el nivel de los viejos tiempos.
Vale, aquí tenemos el volumen 16. Seguimos sin alcanzar cotas de oro (El supergrupo, Los cabecicubos, Al centro de la tierra, El tesoro de Ciucoatl, Los ladrones de ozono, El castillo de arena o, sobre todo, El señor de los chupetes) pero, definitivamente, Jan ha recuperado la forma. Las tres historietas que se incluyen en este dieciseisavo volumen son pura diversión y contienen pequeñas dosis de aquello que hizo grande a Superlópez en sus comienzos.
El gran desahuciador, por ejemplo, es la típica historia de alienígenas con un plan diabólico para hacerse con el control de nuestro planeta. Superlópez, por supuesto, será el encargado de hacerles frente. Y entremedias de la historia, una clara crítica a las políticas del gobiernos en los años de crisis (que por cierto, los políticos en cuestión aparecen aquí, aunque… bueno, ese giro os lo dejo a vosotros), referencias al drama de los desahucios, y un tono crítico y ligeramente rebelde que siempre ha aparecido en las historias de Jan y que permiten una segunda, y más adulta, lectura del tebeo.
La guerra de las latas nos devuelve al Supergrupo. En realidad la historia es bastante simple, ligeramente sosa de hecho, pero con el Supergrupo de por medio es evidente que va a ser divertida. Y lo es. Y vuelve a haber extraterrestres, en este caso sin planes de dominio y bastante más colaborativos, y peculiares. Y por el medio, como segunda lectura, una crítica a lo que las políticas de austeridad han provocado en el sistema sanitario. Porque Jan es un maestro en hacer estas cosas.
Que por cierto, el por qué del título, La guerra de las latas, tarda en llegar. La historia discurre por unos derroteros que, llegado un momento, hacen que te preguntes por el título, porque de hecho no resulta comprensible. Pero Jan se guarda en la manga un giro en la historia, una recta final.
La última historia de este volumen, La montaña de diamantes, es una pequeña joya. De trasfondo, la problemática de los diamantes de sangre. Aquí Superlópez es casi un secundario, puesto que la historia tiene tantos bandos luchando por hacerse con el control de la montaña en cuestión, de los diamantes en cuestión, que nuestro superhéroe es apenas uno más. Y sin embargo, eso no afecta a su calidad. Es probablemente la historia que más me ha gustado de las tres.
Y desde luego, me deja con muchas ganas de comprar el siguiente volumen, que acaba de salir, para comprobar que esta senda de ascenso cualitativo no explota y se mantiene. Porque a mí, por lo menos, me ha hecho recuperar la fe en Superlópez.