Como he mencionado en otras reseñas de Hellboy y AIDP, el universo creado por Mignola para ellos es, de los más fascinantes de cómics independientes de Marvel y DC que podéis encontrar hoy en día. Todo aquel que lo haya leído lo sabe. El que no, algunos mirarán con recelo y aunque no se atrevan, algún día caerán. Y cuando sean valientes, ya no habrá vuelta atrás. Tendrán una nueva colección de cómics, un nuevo universo que coleccionar, que tener en tu biblioteca, porque la calidad de esto rebosa por los cuatro costados.
Personajes memorables como el profesor Bruttenholm, Anders, Hellboy en su infancia, o la sabia atractiva y «sexy thing» doctora Rieu, son sólo una muestra de lo que vais a encontrar en AIDP 1948.
Este tomo publicado por Norma Editorial, a la cual hay que agradecer que los aficionados podamos llevar día a día esta serie de publicaciones en nuestro país; recopila la miniserie de cinco números AIDP (BPRD en el original) 1948.
Monstruos nacidos de una explosión atómica, aberraciones que parecen proceder de un plano alternativo que matan a civiles y militares en el desolado desierto de Utah. Todas las señales apuntan a un elemento de cristal misterioso descubierto en la zona desértica, dando como origen criaturas siniestras que entran en nuestro mundo con una única misión: matar todo lo que se mueva a su alrededor.
La historia principal se centra en la atracción y la eventual pelea entre el profesor y la doctora Rieu. La atracción entre ambos es inmediata, pero sus respectivos puntos de vista sobre las criaturas extradimensionales, la validez de la “ciencia” de Bruttenholm en opinión de Rieu, y sus ideas sobre lo que está causando la incursión de estas criaturas, abre una brecha entre ellos. Una y otra vez las ideas de ambos chocan, y eso que en sus miradas se puede leer el querer dar un paso más de acercamiento… El profesor Bruttenholm la trata con respeto, y en cierto modo esto es lamentable para él y su idea de ser hombre. Una historia de amor de lo que pudo ser y…
Por otro lado, encontramos a Anders. Un tipo al que se le ha ido la pinza y nada le importa hacer con tal de destruir monstruos. Un trastorno de estrés postraumático grave que se ha vuelto en su contra, y en los que le acompañan para enfrentarse al peligro. Es decir, los grupos de asalto y primer reconocimiento que la AIDP envía a las zonas “infectadas”. La muerte de dos agentes es lo menos que provoca.
Todo se agrava en AIDP 1948 por momentos. Es un cómic que no te deja respirar una vez que entras en la trama, que sucede desde la segunda página. Una maravilla de historia bien contada, como cabría esperar de Mignola y John Arcudi. La mezcla de temores atómicos con el horror de Lovecraft funciona genial. Es agradable encontrar una historia del pasado de un joven profesor Bruttenholm. La historia de amor que pudo cambiarlo todo.
Las ilustraciones de Max Fiumara son excelentes. Coincide con el estilo de Mignola muy bien. Para mí, su mejor compañero a los lápices. Uno de los puntos fuertes de Fiumara radica en el tamaño del panel y la colocación de escenas. Hace un gran trabajo de crear sentido y ritmo. Cuando el joven Hellboy está hablando con su cuidadora, Archie, acerca de una próxima visita con el presidente Truman, todo ello lo convierte en grandes momentos ilustrados. Pero sería desconsiderado no mencionar también los colores de Dave Stewart.
AIDP 1948 es un buen tomo que nadie debería perderse. ¿El secreto? Todo un gran equipo en sincronía. Indispensable, como poco.
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