Jack Cady (1932-2004) sería un perfecto desconocido en nuestro país si no llega ser por dos relatos: La noche que enterramos al Perro Rutero, ganador del premio Nébula, y Una deuda de marinero la cual forma parte de la antología Mares tenebrosos cuyo responsable es José María Nebreda, el mismo que traduce y nos vuelve a presenta a este interesante autor con el primer título de la nueva y esperemos fructífera colección de literatura de terror contemporáneo llamada Insomnia, dentro de la editorial Valdemar. La guardia de Jonás es un libro atado, como un fuerte nudo marinero, a una experiencia vital que suponemos marcó de manera brutal al autor, el cual estuvo trabajando como guarda costero en su juventud y cuyas vivencias son de clara inspiración en esta obra. El propio Cady nos dice que durante largos años tuvo en su mente la idea de terminar esta novela y que no lo hizo hasta que no se consideró lo suficientemente conocedor del mundo de los barcos, puertos y marineros como para hacer el merecedor homenaje en forma de historia sobresaliente.
La guardia de Jonás narra las distintas andanzas y desventuras de un grupo de marineros en la “Adrián”, una lancha costera encargada del rescate de barcos de todo tipo en las frías aguas del estado de Maine. A lo largo de los meses que van transcurriendo hacia el temible invierno, poco a poco se van presentando a cada uno de los marineros de la embarcación; y como si fuésemos novatos enrolados vamos conociendo, desde nombres, cargos, tareas y responsabilidades, pasando por sus caracteres y personalidades, hasta finalmente la revelación de los más bajos instintos como el miedo o la violencia de cada uno de los compañeros de barco…como las grandes historias o los grandes viajes, en el primer capítulo nos presentan a marineros de un relato, y casi al final descubrimos auténticos personajes perfectamente reales con los que el lector acaba teniendo un alto grado de compromiso, el mismo que se tendría cuando por la tarea que se les encomienda, el error de uno puede dar lugar a la muerte de otros.
La prosa de Jack Cady nos zambulle de una sola vez con el ambiente de la pérfida mar tanto por su vocabulario como por un estilo tan poético como impetuoso a la hora de describir la fuerza de la naturaleza, la tormenta, las olas, el frío, el fuego, el hielo…esa clarísima seña de identidad del que ha vivido los peligros del mar y a su vez se ha sentido parte de él, tanto en su experiencia como por el ánimo de contar un relato, en el más puro estilo hogdsoniano.
No creo que haya una novela que narre mejor la experiencia y modo de vida de un guardia costero ni tampoco la cantidad de peligros naturales que tiene que afrontar, ni la importancia del trabajo en equipo en mitad de la nada con los efectos de una tormenta, el hielo o un mar impetuoso cuando se intenta rescatar una embarcación desaparecida.
Debo decir que no se trata básicamente de una historia de horror sobrenatural, el elemento fantástico está ahí, hay elementos que lo muestran claramente (Jensen, el “Hester C.”) aunque concretizado en eso que comúnmente llamamos mal de ojo, y que en todas las historias, tanto reales como ficticias, juega un papel fundamental en las desventuras y desgracias de un viaje en el que otros compañeros perdieron la vida.
Jonás no es sólo un fantasma, es una maldición, un estado de ánimo, una puerta hacia lo desconocido que trae funestas consecuencias y que los miembros de la tripulación poco a poco se irán contagiando de él y cada uno responderá al mismo de distinta manera.
Lo primero que resalta al comenzar a pasar páginas es el elaborado, tanto estéticamente como a nivel de vocabulario, lenguaje en la prosa de Cady. No es un libro que se pueda leer en dos tardes, es de aquellos que exigen centrarse en el ambiente que describe. El objetivo, que cumple sobradamente, es la pura inmersión ambiental, fundamental cuando casi toda la novela transcurre en una lancha de unos cuantos metros…se agradece el dibujo al principio del texto del tipo de lancha con cada una de sus partes y las notas del traductor, ni escasas ni pesadas, respecto a términos que salvo que seas profesional de ese mundo, no se van a conocer.
Cady es un escritor con fuerte influencia de grandes clásicos. Se nota tanto en el estilo muy elaborado y de elevada prosa, a nivel tanto estético como metafórico, (recuerda a Meville o Conrad); además de tener la maestría de hacernos sentir el mar como un insondable espacio tan ominoso como imprevisible, con una total credibilidad: los personajes nunca dan la impresión de ser creaciones literarias sino nobles y experimentados hombres que alguna vez sacrificaron su trabajo y su vida tan atípico, peligroso y poco cómodo como apasionante
Valdemar vuelve a regalarnos otra joya desconocida, un libro para leer pausadamente y disfrutarlo, con un fuerte aroma a clásico y con una temática o ambiente que nos mantiene a lo largo de sus páginas en ese temor de sobrevivir en mitad de una tormenta marítima y el placer de vivir una vida que nunca tendremos sino es a través de las páginas de un escritor que la vivió.