Sentir añoranza por esas buenas historias que jamás fueron publicadas, es una de mis debilidades. Sobre todo, cuando hablamos de historias de grandes autores de los que siempre queríamos más. En mi opinión, aquellos argumentos que nunca vieron la luz, eran como niños sin hogar, personitas de un futuro nada predecible.
Con los años, te enteras de que hay bastantes. Muchas historias de autores que se quedaron en el cajón. Argumentos de los que sólo llegas a tener conocimientos cuando el autor fallece, o con suerte, cuando el autor ya no puede sobrepasar más el éxito en sus carreras. Pero bueno, al fin y al cabo, dar con ellas es lo que cuenta. Porque como ocurre con Cuento de arena, lo que se quedó en el cajón, era pura
dinamita.
Norma Editorial ha tenido la genial idea de traernos algo grande de uno de los más grandes. Cuento de arena, el llamado «guión perdido» de Jim Henson y Jerry Juhl, es algo asombroso, una historia que acumulaba polvo en el desván y que los devaneos del destino hicieron que llegara a Ramón K. Pérez para transmutarlo en cómic. Lo ha hecho maravillosamente bien, lo ha convertido en un libro lleno de sensaciones. Con solo abrirlo, las ilustraciones te transportan directamente a un mundo que activa tus capacidades sensitivas y hace que viajes a un lugar donde todo vale.
Amigos, el libro del que os estoy hablando es una verdadera joya. Jim Henson, para el que no lo sepa, porque hay de todo en esta vida, es el creador, o mejor dicho, el amo y señor de la infancia, de muchos de nosotros. Creó series televisivas como Los Teleñecos (The Muppets), Barrio Sésamo o Fraggle Rock. Inventó el personaje de la Rana Gustavo o la señorita Peggy, entre muchos otros, a partir de toallas viejas y rascadas pelotas de tenis. En el cine hizo largometrajes con los que nos transportó a mundos que jamás antes pudiésemos imaginar. Hablo de Cristal Oscuro o la obra de arte, Dentro del laberinto. Fue un señor que empezó desde abajo, como los buenos. Fue titiritero hasta que consiguió llegar hasta donde él quería: Los niños. Entre estos trabajos dio con un buen guionista para sus obras. Jerry Juhl. De donde surgió el guión perdido, Cuento de Arena.

Tristemente, esta historia quedó olvidada en un cajón, como os he dicho, hasta que un día, la hija de Henson, mientras trabajaba en las oficinas de su padre encontró el manuscrito y lo guardó. Por supuesto, lo leyó. Cuenta que no entendió nada. El argumento iba de un tipo que huye, que tiene cantidad de encuentros oníricos, pero que del que no sabes nada, ni adonde va, ni de donde viene… Era una historia verdaderamente incomprensible. Estuvo a punto de mandar la historia al cubo de la basura. Sin embargo, no lo hizo. Ella no era muy entendida en el tema por entonces, pero algo le decía que este guión debía ver la luz. De alguna forma, debía ver la luz, se dijo. Años más tarde, la inquieta Lisa Henson se puso en contacto con Ramón K. Pérez, un dibujante canadiense que dio forma y color al manuscrito. Y ahora ya lo tenemos en nuestras librerías.
Debo deciros que sorprende. Como mínimo, estaréis deseando comentarlo con alguien que lo haya leído. Y os morderéis la lengua (siendo buenos) si hay alguien delante que no. Es lo que me ocurre a mí ahora. Cuento de Arena es una carrera, una trama sin trama, un sueño (aunque pongo la mano en el fuego por aseverar que una pesadilla), una aventura surrealista. De las manos de uno de esos pocos genios que ha dado la historia.
Estamos hablando de una obra que ha impactado a muchos. Cuento de Arena obtuvo el Premio Eisner 2012 (el mayor premio que se le puede dar a un cómic) a la mejor obra, mejor artista y mejor diseño. Toma ya. Y ahora, en España lo publica Norma Editorial. ¿Tengo que decir que es indispensable tenerlo?