Reseña: La isla de hormigón, de J.G. Ballard

Como ser humano imperfecto que soy, aún me quedan clásicos, o mejor dicho, grandes novelas por leer. Eso puede ser bueno o malo, según la perspectiva de la vida (sí, de la vida) que tengas. Con muchas ganas me lancé sobre la destacada por todos La isla de hormigón de J.G. Ballard y doy gracias por no haber salido defraudado. Aunque no indemne, pues este libro me ha hecho daño. Ya “he pasado” por otras historias del maestro inglés pero con La isla de hormigón se me ha caído el alma al suelo, pues como escritor que soy, me siento mal porque es de esos libros que me hubiera gustado escribir. Para colmo, es una novela breve lo que significa que es doblemente buena, además de intensa. Cuenta lo justo para sacar una magnífica historia adelante.

La isla de hormigón narra la historia de Robert Maitland, un arquitecto de 35 años que un día al salir del trabajo sufre un espectacular accidente en la autopista y su coche vuela sobre las vías hasta caer en una extensión de cemento abandonada. Una isla de cemento en la que debido a la hora punta en la que ocurre el suceso, se hace imposible salir de allí sin ser atropellado. Gravemente herido, Maitland lo intenta, pero se le hace imposible salir por sus propios medios de allí. Se encuentra abandonado y nadie tiene el detalle de parar a recogerlo, y eso que algunos coches pasan a escasos metros de él a una velocidad endiablada. En ese pozo de incertidumbre y agonía, tiene tiempo entre el delirio, de recapitular sobre una vida -mala vida-, en la que anda perdido desde hace tiempo. Curiosamente, como ahora. Maitland es un hombre adinerado que en poco tiempo lo ha perdido todo. Está atrapado y se ha convertido en un Robinson sin recursos. Le quedan sus pensamientos. De los que pretende hacer uso para no volverse loco ante un mundo tan poco considerado.

J.G. Ballard es un autor prolífico cuyas historias han envejecido tremendamente bien. Con su obra llegó a crear un estilo propio en las que trató diferentes formas de ver la vida, o mejor dicho, el paso del tiempo. La lectura de sus obras es bastante recomendable para el asiduo lector de ficción. No estoy descubriendo nada a nadie. Pero la reedición que nos presenta la editorial en su recién estrenado sello RBA Fantástica de cubierta plateada, se hace indispensable por dos sencillas razones: Contenido y Continente.

Ballard nos dota de un trasfondo duro con La isla de hormigón. Pasa el tiempo rápido cuando nos va bien, se ralentiza cuando lo pasamos mal. Ballard lo sabía, narró la historia de Maitland para que nos percatáramos y lo tuviéramos en cuenta siempre. Al fin al cabo, ¿qué somos la gente de ciudad sino náufragos en una isla de hormigón? Cierto maestro, si lo piensas fríamente, estamos solos.

Muy solos.

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