Los miembros de la familia Van Kieren no son felices. Emma, la madre, trabaja en una librería infantil donde apenas entran clientes. Frank, el padre, tiene un empleo que le desagrada y al cual dedica demasiadas horas al día. Ada, la primogénita, es una adolescente insegura que no soporta a su madre (por lo mucho que se parecen, mal que le pese) y que ignora qué hacer con su vida. Y Max, el pequeño de la casa, es un preadolescente dotado de una gran inteligencia pero incapaz de enfrentarse a la realidad que le rodea, razón por la cual prefiere sumergirse en la lectura de un buen libro.
Cuando una noche los Van Kieren acuden a la presentación de un libro de Stephenie Meyer (sic) erróneamente disfrazados como monstruos clásicos, el malentendido deviene en una furibunda discusión. Y, entonces, una anciana bruja decide maldecir a la familia, haciendo que se transformen en las terroríficas criaturas cuya apariencia imitaban. Así, Emma se transforma en vampira, Frank en el monstruo de Frankenstein, Ada en una momia y Max en un hombre lobo.
Ahora el objetivo común de los cuatro es encontrar a la bruja y conseguir que revierta el hechizo. Una ardua tarea que les llevará de viaje por medio mundo, acompañados por Cheyenne (la anciana y experimentada empleada de Emma en la librería) y Jacqueline (la abusona compañera de clase de la que Max está perdidamente enamorado). A lo largo del camino, se encontrarán con verdaderos monstruos (Godzilla incluido) y descubrirán muchas cosas sobre sí mismos.
Hacía tiempo que un libro no me hacía reír, algo que pocos autores consiguen y que reconozco que no es fácil. Pero David Safier ha logrado que devorase esta novela con una sonrisa permanente en los labios, y que se me escapase más de una sonora carcajada. No sólo la narración (repartida entre los diversos protagonistas, cada uno con una voz propia claramente distinguible) es brillante, con su abundancia de referencias y guiños constantes al lector. Además, los geniales dibujos (que ilustran los parlamentos de un Frank con severas dificultades para comunicarse de modo convencional) aportan un plus de comicidad muy de agradecer.
Una familia feliz funciona, aparte de como una magnífica novela de humor, como metáfora de la desintegración de una típica familia media dominada por la monotonía y los constantes enfrentamientos intergeneracionales. Así, la odisea de los Van Kieren es un viaje cuyo objetivo no es tan sólo recuperar la normalidad, sino que también servirá para que se den cuenta del valor de lo que tienen y, quizá, acaben por apreciarlo como se merece.
David Safier consiguió hace unos pocos años un éxito abrumador con Maldito karma, novela a la que siguieron Jesús me quiere y Yo, mí, me… contigo, todas magníficamente editadas en castellano por Seix Barral. Fiel a su cita anual, Safier nos ofrece ahora Una familia feliz, una obra que hará las delicias de sus seguidores y que es la excusa perfecta para que quienes todavía no conozcan sus libros (como un servidor, mea culpa) se maravillen ante un talento para la narración humorística que no tiene nada que envidiar a autores de la talla de Terry Pratchett o Christopher Moore.