Año 48 a. C. La joven Cleopatra, que comparte con su odioso hermano menor Ptolomeo el gobierno de Egipto, ve como su poder va menguando poco a poco a favor del inexperto y cruel rey. Los actos de Ptolomeo, tanto los dirigidos a su pueblo como los destinados a ella misma, harán que Cleopatra decida abandonar su país en busca de apoyos que le permitan expulsar a su hermano del trono. Mientras tanto, en Grecia está a punto de dirimirse el enfrentamiento entre Julio César y Pompeyo, antiguos aliados que defienden dos modos opuestos de entender la república romana. En inferioridad numérica, César confiará en el valor y la lealtad de sus tropas, y contará con que la diosa Fortuna le siga sonriendo como lleva años haciéndolo.
Hay, en mi opinión, dos tipos de escritores de novelas históricas. Por un lado, tenemos a autores que hacen gala de una erudición extrema y vierten en sus obras un torrente de información casi asfixiante, pero que no son capaces de hilar una narración fluida que vertebre tal cúmulo de datos. Por otro lado, tenemos a novelistas capaces de sumergirnos con facilidad en el periodo que describen, al tiempo que dan forma a una relato interesante en el cual personajes reales y ficticios se dan la mano para contar tanto acontecimientos de sobra conocidos como escenas que no encontraremos en los manuales de historia. Tras leer La hija del Nilo puedo asegurar que Javier Negrete pertenece al segundo grupo de escritores.
Poco es lo que se conoce de la niñez y la adolescencia de Cleopatra, y es sobre todo a partir de la guerra fratricida que la enfrentó a Ptolomeo cuando su nombre empieza a aparecer con fuerza en las obras de cronistas como Plutarco. Su alianza con Julio César, que fue más allá de lo estrictamente político, ya que la reina de Egipto fue madre de Cesarión, el único hijo varón de César (o, al menos, esa es la opinión de muchos historiadores), se forjó merced a una serie de circunstancias de las que Negrete da buena cuenta en su novela.
Si hay algo que queda claro es la admiración que el autor madrileño siente por los protagonistas de La hija del Nilo. Su Cleopatra fascina, más que por su belleza, por su tremenda inteligencia y por su amor hacia su pueblo, del que se siente más madre que reina. Y Julio César nos es presentado como un hombre valiente, excelente militar y gran conocedor de la naturaleza humana, capaz de despertar profundas lealtades y de ser clemente con los enemigos que se ganen su respeto.
Alrededor de César y Cleopatra se mueven numerosos personajes secundarios (algunos reales, ficticios otros) que enriquecen la narración y, en ocasiones, consiguen con sus actos eclipsar a los principales. Por poner un par de ejemplos, las proezas en el campo de batalla del hercúleo Casio Esceva, o la inquebrantable lealtad del valeroso Apolodoro, permanecerán durante mucho tiempo en la memoria del lector.
Javier Negrete es un escritor prolífico que ha tocado diversos géneros, especialmente la narrativa fantástica (entre la que destaca su tetralogía La espada de fuego) y la histórica. Y además, es capaz de introducir en una novela ambientada en el siglo primero antes de Cristo un diálogo que homenajea a cierta película cuya acción transcurría en una galaxia muy lejana, de manera tan natural que uno no puede sino quitarse el sombrero y exclamar un sentido “¡bravo!”.
La hija del Nilo es una novela extraordinaria que entusiasmará a los aficionados al convulso periodo que retrata (y especialmente a quienes vieron en su día, como sin duda lo hizo Javier Negrete, esa obra maestra de la televisión que fue Roma), y que pide a gritos una continuación. Esperemos que su autor no nos haga esperar demasiado.