Tenía muchas ganas de hincarle el diente a esta novela, me habían hablado mucho y muy bien de ella, la verdad. Así que tras devorarla en una sola noche (no es muy extensa) puedo hablaros por fin de este canto a la reflexión. Porque sí, porque eso es al fin y al cabo.
Un canto a la vida en sí mismo, donde se nos narra la historia de Dani. Dani es detective, se dedica a encontrar niños perdidos, porque él de pequeño también se perdió, aunque no físicamente. Su mente adolescente era un batiburrillo de sentimientos a punto de explotar, nada en la vida parece sonreírle, no había sol en su horizonte, solo nubarrones que amenazaban con tormenta, y al final… se perdió.
Aunque la historia comienza con un Dani adulto, cuarentón. Tras una discusión con su pareja que termina en ruptura decide aceptar el caso de un pequeño niño desaparecido en la isla de Capri. Todo apunta al secuestro de un pederasta, y para alejarse de su amada, el detective decide volver a una isla que tiene mucho en común con su pasado. Cuando él era un niño, estaba perdido y conoció a cierto hombre y cierto saco de boxear.
Durante la narración, Espinosa nos presenta a una serie de personajes que enseñarán lecciones muy valiosas al pequeño y adulto Dani, lecciones que le servirían para afrontar la vida, el amor o la muerte, la amistad y la felicidad. Aunque hay un orden cronológico corriente, el autor va y viene en el tiempo “caprichosamente” para mantener con cierta curiosidad al lector. No por la intriga del secuestro del pequeño de Capri, sino para profundizar más en la vida y los aprendizajes del propio Dani.
Albert Espinosa usa una prosa sencilla, capítulos muy cortos (con títulos originales y reflexivos) y habla de tú a tú al lector. Es un amigo contándote una buena historia. Como dije al principio, la novela se bebe, no solo porque no sea muy extensa sino porque entra bien, como un buen vino que te deja una resaca de sentimientos de cuidado. El resto de personajes, el señor Martín o George, rezuman sabiduría y son de los que permanecen en la memoria por un tiempo, así como alguna de las reflexiones con las que nos ha querido obsequiar el autor.
Cierro la reseña comentando que el libro lleva más de catorce ediciones, y que Albert (también guionista) consiguió hace poco que Spielberg se interesara por uno de sus trabajos, comprándole los derechos y haciendo la adaptación americana.
Felicidades.