Hoy, en Crónicas Literarias, tenemos el gran placer de entrevistar a Rafa Marín, autor de Lágrimas de luz, la serie La leyenda del navegante y piel de fantasma, entre muchos otros. Intentemos conocerle un poco más y aprender de sus palabras.
Ya parece un poco tonto decirte que nos hable sobre usted—pues pocos no sabrán quién es— pero, por favor, díganos quién es Rafa Marín, a qué se dedica, a qué dedica su tiempo libre…
Soy una especie de hombre orquesta, demasiado inquieto para lo que es aconsejable. Escribo, traduzco, doy clases, organizo cursillos, llevo adelante un cine-club escolar, canto en los karaokes… No tengo tiempo libre, algo que empieza a pesarme porque ya no tengo veinte años.
Usted comenzó su labor de escritor en los años en los que estudiaba la carrera de Filología Inglesa. ¿Cree que tuvo algo que ver o fue por otros motivos que se decidiese a entrar en ese mundo?
Empecé a escribir mucho antes. De adolescente. Y antes de entrar en la Universidad ya había escrito relatos y publicado varios de ellos. Yo quería ser periodista, aunque no sé si habría sido capaz, porque todos mis amigos periodistas dicen que no es como se lo imaginaban antes de ejercer. Cuando estaba en cuarto de carrera, eso sí, escribí Lágrimas de luz, que fue mi primera novela.
Se atrevió a lanzar su propio fanzine. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Qué podíamos encontrar en él?
Era 1977 y sacamos una revista literaria, “Jaramago”, que a todos los efectos era un fanzine contracultural, aunque nosotros no lo sabíamos. Todo eso lo conté en uno de mis libros, El anillo en el agua. En el 78 saqué un fanzine de cómics, “McClure”, que sólo duró un número. En ambos títulos se notaba la bisoñez y la ilusión, y quizá alguna claves de lo que luego iba a ser mi “carrera” literaria.
Dicen que todos los comienzos son duros… ¿Cómo fueron los de usted?
Todo es duro, no solo el comienzo. Cuando tienes veinte años y te quieres comer el mundo, las bofetadas duelen menos, precisamente porque descubrir el mundo tiene algo de mágico y maravilloso que compensa todo lo demás. Yo siempre quise ser escritor, pero también tuve muy claro que la carrera de escritor es un proceso de maduración que puede tardar años, y que más que el éxito comercial, lo importante era la satisfacción personal.
Además de escritor y profesor, también es guionista de cómics. ¿Se quedaría con una profesión o no podría vivir sin ninguna de las tres?
Me gustan mucho los cómics, pero me cansa mucho hacer guiones de cómic. Me agota, me pone nervioso, no me produce la satisfacción que me produce escribir un libro. Si pudiera elegir… es que no puedo elegir. El mercado del libro no me permite dedicarme a escribir a tiempo completo, el de la historieta tampoco, mi trabajo de profesor me divierte…
Como novelista y traductor ha recibido un gran número de galardones. ¿Qué se siente al saber que se valora su trabajo?
No he recibido tantos premios, en ninguna de las dos facetas. Tampoco creo demasiado en los premios: como tantos otros escritores sin suerte, creo que los premios están amañados de partida.
¿Qué le aporta a usted la escritura? ¿Y la literatura?
Todo. No sabría vivir sin ser escritor, como hubo un tiempo en que no sabía vivir sin ser lector. Al escribir uno se aclara el mundo, se lo explica a sí mismo, deja constancia de su paso por todo esto. Y, de momento, te ahorras el psiquiatra, que no es moco de pavo.
¿Es un camino difícil y a veces poco grato ser escritor?
Desde mi experiencia, sí. Muy difícil y muy poco grato… al menos del mundo editorial para afuera. De mí para mí mismo es una experiencia que me revalida como persona, que me hace sentir vivo. Y único.
¿Lo que usted escribe es realmente ciencia ficción? Yo opino —desde mi humilde experiencia— que su literatura es ecléctica. ¿Usted qué piensa?
Odio las etiquetas, y no me gusta nada que se me considera escritor “de” ciencia ficción. Sólo he escrito dos novelas de ciencia ficción de 25 libros que tengo publicados. Yo soy un escritor mestizo que toca muchos palos: la fantasía, la historia, el género detectivesco, el costumbrista, la memoria literaria y sentimental…
¿Es usted de los que en cada palabra oculta algo más que unas letras? ¿Piensa mucho lo que quiere decir?
Antes sí, muchísimo. Ahora he descubierto el placer de dejarme llevar, de que algo (no sé qué) se apodere de mí mientras escribo y me sorprenda. Hay novelas que he escrito y no recuerdo haber estado ahí devanándome los sesos: Detective sin licencia, Juglar, Los espejos turbios… Algunos amigos escritores dicen que eso es “escribir en estado de gracia”. Pues sea.
Evidentemente, eso se consigue después de muchos años de oficio. Nada queda al azar, sino todo lo contrario. A veces, en el proceso de escritura, noto cómo me voy lanzando cabos sueltos que luego recogeré o no a medida que vaya cerrando la novela. Es divertido, pero da un poco de miedo también.
¿Cuál es su método de trabajo? ¿Anota en alguna libreta lo que se le ocurre, tal como personajes, enredos, etc? ¿O usted es como yo y retiene en su cabeza todo lo que quiere luego plasmar sobre el papel?
No, no anoto nada. Lo confío todo a la memoria. Quizá sea un error, pero pienso que si lo que has pensado antes de escribir no lo retienes, es que no merecía la pena. Lo malo es que uno escribe algunas novelas muchos años después de haberlas ideado… y nunca sé entonces si lo que he olvidado habría sido mejor o no de lo que acaba escrito.
Si tuviera que quedarse con algo que usted hubiese escrito, ¿qué sería?
Cada libro es hijo tuyo, y los quieres más o menos por igual. Siendo además tan distintos unos de otros, no sabría con cuál de mis facetas quedarme. Diremos la frase típica: con lo próximo que escriba.
Si le propusiesen escribir algo distinto a lo que ha escrito hasta ahora, ¿qué decidiría?
Me temo que mi posición en el ranking no me convierte en escritor al que le propongan nada, sino al revés: siempre he escrito lo que he querido, y luego lo he presentado a las editoriales. Como mezclo temáticas y juego mucho con los estilos, no sé qué me falta por hacer a estas alturas.
¿Cómo ve usted el panorama literario en España?
Mal, claro. Como juego en tercera división, no puedo verlo de otra forma. Las editoriales te publican, y con suerte a los tres meses de tu libro ya no se acuerda nadie. Se publica mucho, se traduce muchísimo, y no tengo muy claro que se pretenda publicar calidad. Pero, claro, es su dinero.
¿Se encuentra actualmente sumergido en algún proyecto?
Llevo meses enfrascado en la traducción de una novela larguísima que me impide dedicar los meses de verano a terminar la novela que tengo a la mitad desde el verano pasado. Así que me siento fatal conmigo mismo.
Para finalizar, Rafa, nos gustaría que ofreciese algún consejo a aquellos que intentan hacerse un hueco en este mundillo.
Leer mucho, romper muchos papeles al escribir, no hacer caso de los amigos (sobre todo si esos amigos son escritores en ciernes también y van a jugar al deporte de moda, hacer críticas laudatorias por internet a la espera de que cuando a ellos les toque tú también les pongas bien el libro). Leer en castellano, preferentemente. No olvidar que la literatura es un arte, no chicle. Y no desesperarse.
Muchas gracias por su tiempo y sus respuestas. Desde Crónicas, esperamos que continúe escribiendo y que todo le vaya muy bien en sus andanzas.
Ole.
Qué razón tiene con lo de practicar el deporte de moda.
Coincido con todo lo dicho excepto cuando presume de su confianza en la memoria. Yo he llegado a dejar a un cliente con la palabra en la boca porque necesitaba apuntar una idea en mi librito de notas.
Por cierto. Lágrimas de Luz es una novela imprescindible. Gracias por parir algo así.