Joey, un precioso caballo, es vendido a un granjero borracho cuyo hijo, Albert, en seguida traba amistad con el animal. El padre del chico hace trabajar al caballo hasta la extenuación amenazando a Albert con vender al animal si no es así, por eso Albert le entrena para que trabaje bien y de manera efectiva. Sin embargo, eso no es suficiente. Al estallar la primera guerra mundial, el granjero, que necesita dinero para salvar la precaria situación de la granja, vende al caballo Joey al ejército. Así, Joey, como los soldados que batallan, tendrá que aprender a lidiar con los horrores de la guerra.
Joey y otro caballo llamado Topthorn lideran una terrible carga de caballería hacia las líneas enemigas, que disparan con ametralladoras. Joey es capturado por los alemanes y por un tiempo goza del cariñoso cuidado de Emilie, una joven francesa, y su padre. Pero pronto volverá al frente donde, de nuevo junto a Topthorn, debe cargar con maquinaria de guerra pesada. El esfuerzo de arrastrar el arma por el fango es tan extenuante que Topthorn muere en el intento.
A partir de entonces, Joey vaga en tierra de nadie, de regreso a la trinchera británica pero, aun y reencontrarse con Albert, Joey sigue en peligro: su vida es amenazada por el tétano y el abuelo de Emilie debe pujar por él para evitar que el caballo acabe en el matadero. El abuelo de la muchacha había jurado a su nieta, en el lecho de muerte, que recuperaría al animal pero, percatándose del amor de Albert por Joey se lo vende al muchacho por un penique con la condición de que lo cuide con amor durante toda la vida.
Steven Spielberg leyó la novela, vio el espectáculo teatral londinense y se quedó prendado de esta historia sobre el caballo Joey que se ve envuelto en una cruel guerra que no entiende y de la que quisiera escapar cuanto antes.
Spielberg compró los derechos cinematográficos y él mismo se ha encargado de dirigir la adaptación cinematográfica de la novela, que Dreamworks tiene previsto estrenar en Navidades.