Un intento de mostrar la progresión de vida, de diferentes caminos, de un futuro incierto, de un mundo sin elección; en ello se convierte cada capitulo de Los Muertos Vivientes.
Cuando comenzaron esta aventura, Robert Kirkman y Tony Moore apenas eran un par de veinteañeros que habían dado sus primeros pasos en el mundillo del cómic. Años después, aunque Tony Moore había conseguido hacerse un nombre en la industria destacando por meritos propios en Fear Agent o Los Exterminadores, es Kirkman quien se ha convertido en una estrella. Comenzando por sus dos grandes éxitos Los Muertos Vivientes e Invencible y terminando por la multitud de trabajos que ha hecho para Marvel.
No hay duda que es uno de los guionistas del momento.
En este volumen de Los Muertos Vivientes (Tomo 2: Muchos kilómetros a las espaldas), se viven cantidad de sensaciones: Lori cree haber perdido a su marido y comete una locura que le traerá oscuras consecuencias pues Rick ha vuelto a su lado. Empieza a formarse un grupo de supervivientes cuya salvación ante la desolación es una caravana.
Atraviesan carreteras secundarias, pueblos vacíos, encuentran letreros amargos como TODOS MUERTOS, NO ENTRAR. La caravana sigue siendo su piragua en el río de aguas turbulentas que poco a poco se hace mar. Encuentran a un granjero, padre de familia, que esconde un terrible secreto en sus aposentos. Al final, deciden dejar atrás la esquizofrenia que se engrandece en la soledad y llegan a un lugar nuevo. Vacío pero al menos un fortín.
Un oasis en el infierno.
