Reseña: Las violetas del Círculo Sherlock, de Mariano F. Urresti

Sergio Olmos, escritor de éxito, se encuentra en una casita de Sussex mientras intenta infructuosamente plasmar en el disco duro de su ordenador una novela en la que narre qué hizo Sherlock Holmes durante los años en los que todo el mundo creyó que había muerto. Y es que Olmos es un experto en las historias que sobre el detective más famoso de la historia escribiera en su día Sir Arthur Conan Doyle.

Una nota recibida mientras se encuentra visitando el museo dedicado a Holmes en Londres, relacionada con un brutal asesinato en su ciudad natal, hará que Olmos regrese apresuradamente a España y se reencuentre con un pasado que hace mucho que dejó atrás. Un pasado en el que destaca el Círculo Sherlock, una sociedad de la que formó parte en su época universitaria, cuyos miembros eran todos grandes admiradores de las novelas y relatos protagonizados por el gran detective.

Las muertes se suceden, y pronto queda claro que el asesino imita minuciosamente los crímenes que Jack el Destripador cometió en 1888 y que, al mismo tiempo, conoce a la perfección las aventuras holmesianas. Antes de cada asesinato, Olmos recibirá un sobre que contendrá invariablemente una referencia a alguna de las historias de Doyle y cinco pétalos de violeta. ¿Quién está desafiando a Olmos en tan macabro juego intelectual? Y, lo que es más importante, ¿podrá evitar el escritor que el criminal acabe con la vida del mismo número de mujeres que mató Jack en su día?

Todo el mundo conoce tanto a Sherlock Holmes como a Jack el Destripador. Hay quien piensa, incluso,  que el primero existió en realidad, algo que ha dado pie a cierto “juego” al que muchos autores (tanto estudiosos de los textos de Doyle como continuadores del autor escocés) se han prestado a lo largo de los años, y que ha generado numerosas obras de interés. Lo cierto es que, entre los lectores de las sesenta aventuras protagonizadas por Holmes, hay un buen número de aficionados que las consideran algo que trasciende a la mera literatura de evasión. Estos sherlockfilos, holmesianos o como quiera llamárseles, encontrarán en las páginas de Las violetas del Círculo Sherlock un auténtico festín que, sin duda, paladearán con deleite. Y si se es, además, un ripperólogo (denominación que se aplica a los expertos en los crímenes del infame Destripador), el disfrute de esta obra alcanzará cotas sublimes.

Mariano Fernández Urresti, autor de numerosos (y recomendables) libros sobre enigmas históricos, nos ofrece en esta magnífica novela una trama absorbente, salpicada de referencias al pasado que nos permiten conocer un poco mejor a los interesantes personajes que la protagonizan, y que funciona al mismo tiempo como lección magistral, tanto sobre las aventuras de Sherlock Holmes como sobre los crímenes del Destripador. Urresti se vale de los artículos periodísticos que va publicando un antiguo miembro del Círculo, y de un informe que los integrantes de dicha sociedad redactaron en su día, para describir pormenorizadamente todo aquello que rodeó en su día los atroces asesinatos cometidos en Whitechapel. El autor santanderino nos sumerge desde la primera página en un universo particular, plagado de infinidad de referencias (como los nombres de muchos de los personajes, cargados de significado), que encandilará a cualquier lector aficionado a la buena narrativa de misterio y que, sin duda alguna, ocupará un lugar destacado en la biblioteca de todo buen seguidor de las andanzas de Holmes y su inseparable Watson.

En la mía, desde luego, ya lo ocupa.

Reseña: Un lugar incierto, de Fred Vargas

Si eres seguidor/a de Fred Vargas esta reseña quizás no te interese, más que nada por que este libro o lo habrás leído o lo tendrás pendiente de leer, por lo que sólo puedo decirte lo mismo que te decía tu madre, cuando en tu cumpleaños, te cocinaba tu plato preferido y te avisaba a la mesa para comer… Si no sabes nada de Fred Vargas o no has leído nada de ella, porque es un seudónimo que utiliza una mujer que es zooarqueóloga, historiadora, ecologista y francesa, (es decir, todo lo contrario de lo que se supone que debería ser un escritor de género negro), quizás deberías seguir leyendo esta reseña.

A estas alturas de la película Fred Vargas es lo que se dice un best seller, una líder en ventas en varios países, incluida España. Y lo mejor es que lo es por su calidad literaria, porque, aparte de escribir muy bien, tiene un estilo propio dentro del difícil género -en cuestión de innovación-, que es el género negro. Pero decir sólo que Fred Vargas escribe novela policíaca es como echarle un dedo de Borgoña a una lata de refresco de limón, es decir, ser injusto y muy corto.

En las novelas de Fred Vargas, en concreto en la serie del comisario Adamsberg, no hay muchos disparos (aunque sí mucha sangre) y whisky barato, lo que hay es una agudeza extraordinaria a la hora de describir personajes a través de sus acciones y diálogos, transformándolos de meros arquetipos del género negro a personas reales, con sus virtudes, complejos y defectos. Vargas, a diferencia de otros grandes autores, extrapola la trama y la impregna de la vida interior de los protagonistas que van evolucionando, capítulo tras capítulo y libro tras libro, y de lo que les va ocurriendo a lo largo de la historia. Vargas trata con un cariño femenino que comprende tanto una vista psicológica precisa como un bisturí como un vocabulario lleno de referencias culturales, forenses, gastronómicas (hay mucho vino francés) e históricas que no hace más que enganchar al lector, un lector al que le exige una suma atención en los detalles, tanto para comprender la trama como para entender a los protagonistas de la misma, con los que acaba familiarizándose tanto que pasan a ser como de la familia, tanto si son malos como buenos.

Reconozco que me topé con esta autora curiosamente buscando, aparte de novelas policíacas, como siempre hago, libros de temática gótica o de terror, y descubrí la serie del comisario Adamsberg por más de un comentario que se refería a esta serie con que en cada libro trataba sobre fantasmas, hombres lobo, vampiros, la peste… Explicar en este sentido que Vargas utiliza estos temas como transfondo que atrapa al lector y que sirve de ambiente para luego desarrollar los mecanismos de la historia, como dije antes, un aroma tétrico que envuelve una trama compleja llena de referencias de historia medieval y cultura francesas.

En Un lugar incierto, todo esto está magistralmente plasmado, el gancho no podría ser más bizarro, una colección de zapatos alienados en la puerta del cementerio londinense de Highgate, con la peculiaridad que dentro de ellos están sus respectivos pies cercenados. Con este comienzo surge para Adamsberg una aventura que le hará viajar a un pueblo perdido de Serbia y así investigar una maldición relacionada con un asesino inmortal y, paralelamente en Francia, encargarse del truculento asesinato de un ricachón cuyo cuerpo ha sido reducido a sangre y trozitos. El comisario se debanará los sesos y se jugará el tipo descubriendo en sus andanzas algo que determinará su vida a partir de ese momento.

No quiero desvelar nada más de la trama, todo lo demás son  personajes extraordinarios y mil detalles a tomar en cuenta, y por supuesto con un final lógico que, otra proeza de Vargas, ensambla la leyenda y lo sobrenatural con el razonamiento deductivo y la mecánica forense como una buena novela policíaca.

Un lugar incierto es una novela muy buena, De esas que cuando la terminas te deja feliz y satisfecho; como novela de intriga excelente, tanto por una prosa de altura, como una trama adictiva como el hecho de haber conocido a un personaje como Adamsberg que seguro que en adelante hará que te enganches a la serie.

Reseña: El jardín impío, de Juan Miguel Fernández

Una joven a la que su marido no presta la atención que merece se vuelca en el cuidado de su jardín para ocupar sus horas de soledad. Cuando consigue un ejemplar de una planta mítica (la más hermosa que podía encontrarse en los famosos jardines colgantes de Babilonia), se inicia para Rosa un lento descenso a la locura. La planta requiere ser regada diariamente con sangre, y es la humana la que garantizaría su máximo esplendor.

Una aciaga noche se desata la tragedia, y el jardín de Rosa acaba recibiendo por primera vez una ofrenda sangrienta de origen humano. Será entonces cuando el lugar comience a transformarse hasta convertirse en un terrible jardín impío con una sed insaciable. Cuando, con el tiempo, el suministro de sangre decaiga, la maligna planta encontrará la manera de procurarse alimento, desatando una plaga terrible que masacrará la tranquila población de Villa Nova.

De todas las novelas de temática zombi que he leído hasta la fecha (y ya son unas cuantas), El jardín impío ofrece la que creo es la razón más original para justificar la existencia de los muertos vivientes. Aquí los revividos existen con dos propósitos bien claros: alimentar a su “madre” vegetal, llevando al jardín donde se encuentra los despojos de sus víctimas, y hacer que la misma vea expandidos sus dominios, actuando como sembradores de pesadilla. Esta fusión de zombis y horror vegetal es, ya digo, sumamente original y aterradora.

A lo largo de esta primera novela de Juan Miguel Fernández (algo me dice que no será la última), asistiremos a los avatares de unos pocos supervivientes al horror desatado en Villa Nova, una población que acabará siendo aislada por el ejército para evitar que la plaga que la asola se extienda al resto del país. Sitiados en diversos lugares, los protagonistas de El jardín impío vivirán su particular pesadilla debatiéndose entre el miedo a abandonar sus refugios y la necesidad de escapar antes de que los servidores de la diabólica planta consigan acabar con ellos.

Con escenas no aptas para estómagos sensibles y momentos de gran tensión salpicando sus páginas, esta opera prima destaca entre las obras protagonizadas por muertos vivientes como una nueva muestra de que, con ingenio, todavía se pueden contar historias tremendamente innovadoras.

Reseña: Yo y mi chimenea, de Herman Melville

Herman Melville fue un novelista estadounidense que llegó a ser una de las principales figuras de la historia de la literatura gracias a una ballena blanca llamada Moby Dick. Ediciones Barataria ha tenido a bien publicar una nueva obra de este gran autor del que pocas historias más conocíamos que la obra que le hizo inmortal.

Yo y mi chimenea cuenta la historia de un viejo granjero que tiende a fumar en pipa las buenas tardes de sol, aunque lo hace encerrado en su casa. Prefiere hacerlo frente a su chimenea de la cual parece imposible separarlo. Es un hombre poco amigo del trabajo, de los cambios, de las modernidades, es un bohemio, un soñador. Sin embargo, un día se ve importunado por sus vecinos para que de una vez por todas derribe esa inmensa y vil chimenea que parece estar gobernando la mayor parte de aquel oscuro hogar. Su mujer, sus hijas, los vecinos, los arquitectos y constructores piden ayuda, tienen que intentar convencerlo. Pero el viejo tiene sus razones para quedarse. Unas razones muy «poderosas» para evitarlo…

Estamos ante una genial novela corta  llena de humor, que centra su objetivo en muchas de las cualidades de las que nos servimos cuando nos vamos haciendo mayores. Habla de un viejo granjero, de sus cabezonerías, pero también habla de nosotros. Porque todos somos parte de ese personaje. Herman Melville así lo refleja en sus palabras. En una historia narrada de forma magistral como sólo un grande de la literatura sabe hacerlo.

La obra es una nueva traducción en una bonita y llamativa edición de bolsillo. Incluye El pudín del pobre y las migajas del rico, otro relato que también hará las delicias del lector. De todo ello se encarga Ediciones Barataria que con su particular labor nos rescata aquellas joyitas de autor que nunca creíamos ver traducidas a nuestro idioma. Historias que no se olvidan.

Reseña: Vikingo. Hermano de sangre, de Tim Severin

El joven Thorgils Leifsson, viajero incansable y profundamente devoto al dios Odín en un mundo cada vez más dominado por el culto al “Cristo blanco”, regresa para narrarnos la segunda parte de sus azarosas memorias. Tras recalar en Londres al final de Vikingo: El hijo de Odín, nuestro protagonista entabla una arriesgada relación con la hermosa Aelfgifu, esposa del poderoso rey Canute. Obviamente, tal relación puede acarrear serios problemas tanto a Thorgils como a su amada, así que se verá obligado a partir de nuevo para alejarse de los numerosos peligros que le acechan en la corte inglesa.

Sus viajes le llevarán a Noruega, a Islandia y a la magnifica Constantinopla, entre otros destinos. A lo largo de su periplo se convertirá en hermano de sangre de un famoso proscrito, Grettir el Fuerte (personaje posiblemente ficticio, pero que cuenta con su propia saga, escrita en 1324), convivirá con un pueblo nómada en las más desoladas tierras del norte, combatirá junto a los temibles jomsvikingos y, en definitiva, acrecentará sus conocimientos (tanto prácticos como de orden espiritual) mientras su ingenio y su suerte (o, quizás, se trate de la intervención de Odín) le permiten sobrevivir en un mundo plagado de amenazas.

Hace algo menos de un año tuve la ocasión de reseñar la primera novela de esta trilogía firmada por Tim Severin (cuya tercera entrega, El hombre del rey, La Factoría tiene previsto publicar próximamente). Concluía mi reseña expresando mi convencimiento de que las nuevas aventuras de Thorgils Leifsson serían, cuanto menos, tan entretenidas como las anteriores. Me agrada confirmar que no me equivocaba en absoluto.

Una vez más, Severin hace gala de una habilidad envidiable para contar una historia salpicada de momentos de acción, magia y tensión narrativa, al tiempo que desliza una importante cantidad de información sobre las costumbres de los diversos pueblos que se asoman entre las páginas de sus novelas. Mientras el joven Leifsson va descubriendo el mundo, los lectores podemos compartir su asombro y asimilar todo aquello que ve con naturalidad y sencillez. Y, al contrario que otros autores que necesitan cientos y cientos de páginas para abrumarnos con sus conocimientos, el autor de Vikingo: Hermano de sangre es capaz de presentar mil y un avatares de su protagonista en poco más de trescientas intensas páginas.

Una novela recomendable para todo amante de la buena narrativa histórica de corte aventurero y, en especial, para los aficionados a la fascinante cultura escandinava.

Reseña: Mi primer Luís Mateo Díez, el niño de plata

Tenemos ya obritas para leer con nuestros hijos como El pequeño Hoplita, de Pérez Reverte, Fonchito y la luna, de Vargas Llosa, Ven a buscarme, de Javier Marías, El camino del cole, de Eduardo Mendoza, El detective Lucas Borsalino, de Juan Marsé o el que nos ocupa hoy: Mi primer Luís Mateo Díez, El  niño de plata.

El 2 de abril se celebró el Día Internacional del Libro Infantil. Aprovechando la fecha, Editorial Alfaguara acaba de lanzar dos nuevos títulos de la colección dirigida por Arturo Pérez Reverte, una colección compuesta por historias originales escritas por grandes nombres de la literatura de adultos para los más pequeños, acompañadas todas ellas por un cuidado trabajo de ilustración.

En Mi primer Luis Mateo Díez conocerás al Niño de Plata, un ser fantástico venido de muy lejos y cuyo platillo volante ha ido a caer en el jardín de los pequeños Tino y Pina. Los dos hermanos se preguntan qué hacer pues jamás han visto nada igual. El Niño de Plata les da miedo, aunque éste les sonríe y parece desvalido. Cuando Tino y Pina se llenan de valor y bajan al jardín, a partir de entonces, ya nada será igual en sus vidas.

Luis Mateo Díez es un escritor y académico español. Nació en León y, entre 1963 y 1968, participó en la redacción de la revista poética Claraboya. Su primer libro de cuentos, Memorial de hierbas. Publicó luego cantidad de novelas y con La ruina del cielo (2000) obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Es miembro de la Real Academia Española. Mi primer Luis Mateo Díez, ha sido ilustrado por Teresa Ramos, cuyos dibujos enmarcan una gran obrita y llenan de colores pastel el temerario acontecimiento nocturno que vivirán Tino y Pina.

Alfaguara sigue pensando en los padres. Padres con el ardiente deseo de inculcar a sus hijos la buena literatura cuanto antes mejor. Necesitamos que la imaginación se abra y sea de una vez por todas original en nuestros hijos. Ni que decir tiene, que estos libros ayudan a que ese deseo se haga realidad.

Reseña: Puerto humano, de John Ajvide Lindqvist

Anders regresa a la isla de Domarö dos años después de la inexplicable desaparición de su hija Maja, desaparición que acabó con su matrimonio y le sumió en una espiral de autodestrucción alimentada por el tabaco y el alcohol. Poco a poco, determinados acontecimientos le harán pensar que Maja no está muerta, sino perdida en algún lugar del que no puede escapar sola. Así, al igual que cualquier padre en su lugar, Anders estará dispueso a hacer cualquier cosa para recuperar a su hija… aunque ello suponga enfrentarse al horrible secreto que se pierde en los orígenes de Domarö.

El núcleo de Puerto humano es, efectivamente, la historia de Anders, de su pérdida y de sus esfuerzos por superarla. Pero hay mucho más en esta novela, plagada de multitud de personajes cuyos avatares resultan tanto o más interesantes que los del padre de Maja. Tenemos a Anna-Greta, abuela de Anders y conocedora de los misterios que envuelven su isla natal; también está Simon, antiguo ilusionista y pareja de Anna-Greta, guardián asimismo de un extraordinario secreto relacionado con la verdadera magia; y no hay que olvidar a los diversos habitantes de Domarö, ni a los amigos de juventud de Anders ni, por supuesto, a Cecilia, la madre de Maja. Todos ellos conforman un mosaico fascinante, plagado de subtramas dentro de la narración principal que transcurren tanto en el presente como en el pasado.

John Ajvide Lindqvist debutó en 2004 con Déjame entrar, magnífica novela que dio lugar a dos igualmente excelentes adaptaciones cinematográficas. Tras ofrecernos su particular versión del subgénero zombi en Descansa en paz, el autor sueco nos sorprende ahora con una obra de difícil clasificación, pero de una calidad extraordinaria. La tragedia de Anders y su descenso a los infiernos conmueven desde un primer momento y, afortunadamente, vienen atenuados por las diversas historias secundarias que, poco a poco, van perfilando el misterio que rodea a la aparentemente idílica Domarö.

A pesar de los aspectos ciertamente extraños que pueblan Puerto humano, no es hasta la mitad aproximada de la novela cuando Lindqvist da un giro radical e inesperado a la narración, convirtiendo una historia de misterio en un relato terrorífico con momentos tremendamente agobiantes. Pero da igual lo que el autor nos cuente: cada página del libro se disfruta intensamente y deja bien patente que el talento del que dio muestras sobradas en sus anteriores obras no ha hecho sino aumentar con los años.

En la contraportada de la novela, Peter Viktorsson afirma: “Cualquier persona capaz de apreciar una buena historia debería leer Puerto humano”. No podría estar más de acuerdo, ya que no me cabe duda de que nos encontramos ante uno de los libros más destacables entre los publicados en el primer trimestre de 2012.

Una obra, en definitiva, llena de magia de principio a fin.

Reseña: La torre prohibida, de Ángel Gutiérrez y David Zurdo

Hoy vengo a presentaros el libro ganador del Premio Minotauro 2012, La torre prohibida, de Ángel Gutiérrez y David Zurdo, ambos ingenieros técnicos, han escrito juntos otras cinco novelas, traducidas a diez idiomas y editadas en diecisiete países: El legado de Jesús. Diario secreto de Da Vinci, Hada de Noche, 616. Todo es Infierno, El Sótano y 97 Segundos.

En La torre prohibida, tras sufrir un accidente que casi acaba con su vida y que le ha provocado una pérdida total de la memoria, Jack Winger ingresa en una clínica de reposo para recuperarse de las graves secuelas. Allí le explicarán que era periodista de sucesos, que nadie le ha visitado en el hospital y que todos los internos padecen amnesia. Lo que nadie le contará es que todos los enfermos sufren pesadillas recurrentes, sueños terribles que se repiten cada noche. Ni que a veces el enfermero jefe se lleva a un interno al bosque pero vuelve solo, ni que existe una torre cuya entrada permanece oculta y a la que no les está permitido entrar… Con la ayuda de Julia, una joven paciente cuya pesadilla es, si cabe, más terrible que la suya, Jack descubrirá que hay lugares en los que es mejor no internarse, y que algunos secretos deberían permanecer ocultos para siempre.

De las cosas que más me han gustado del libro es la atmósfera de extrañeza constante que recorre casi la totalidad del mismo, llena de giros inesperados. La historia se articula en dos realidades temporales bien diferenciadas, las cuales se unifican en un desenlace muy original que hará las delicias de cualquier lector ávido de sorpresas. Esta estructura clásica permite avanzar de manera simultánea en ambas tramas, con lo que se consigue que pequeños detalles de una historia repercuta de manera natural en la otra, sin forzar situaciones ni nada similar.

Una de las frases más acertadas que se pueden decir de esta historia que mezcla elementos de thriller de terror con elementos sobrenaturales, es que nada es lo que parece, y hasta aquí puedo hablar de La torre prohibida, por miedo a contar algún detalle que arruine las contínuas sorpresas y sensaciones tan buenas que me ha dejado su lectura.

El Premio Minotauro sigue siendo un ejemplo de garantía de calidad, y en este caso, vuelve a constatarse la misma. Enhorabuena de nuevo, a ambos autores y también a la editorial por darnos a conocer libros tan imprescindibles como el que hoy nos ocupa.

Reseña: Nueva York: Hora Z, de Craig Dilouie

Un virus terrible, semejante al de la rabia, se ha cebado en la población de los Estados Unidos, hasta el punto que los numerosos soldados norteamericanos destinados en el extranjero son repatriados con urgencia en un intento de mantener el orden en unas ciudades cada vez más repletas de víctimas de la epidemia. El teniente Todd Bowman y sus hombres tendrán que enfrentarse en Nueva York a miles de “perros rabiosos” (el nombre que reciben los infectados que, tras morir, regresan a la vida como bestias sedientas de sangre) mientras el mundo que conocían se va precipitando velozmente hacia un abismo del que parece imposible que pueda salir. Ahora, las personas que juraron defender son el enemigo: un enemigo numeroso e implacable, que no conoce el miedo y que no se detendrá ante nada.

Como ya he comentado en alguna ocasión, la literatura sobre zombis (o infectados), a pesar de contar con un número cada vez mayor de libros amenazando con saturar las estanterías de las librerías de todo el mundo (y, en consecuencia, abarrotando las del aficionado completista) parece todavía muy lejos de alcanzar el cenit previo al consabido declive. A la inmensa cantidad de historias que pueden narrarse con los muertos vivientes como excusa o hilo conductor, hay que añadir la creciente cantidad de modos distintos en los que una historia, en teoría más que manida, puede sernos narrada de un modo fresco y original.

Aunque imagino que habrá obras similares en el mercado, la novela de Craig Dilouie ha supuesto mi primera lectura de una historia de zombis/infectados en la que la narración presenta un alto componente de terminología militar. Al leer Nueva York: Hora Z me he encontrado con unas descripciones minuciosas del modo de actuar de los que, a juicio de muchos, son los mejores soldados del planeta, y tanto el detallismo como la meticulosidad del autor sorprenden gratamente. Dilouie consigue que nos veamos inmersos en las numerosas (y sangrientas) escaramuzas que tienen lugar en el libro con un realismo abrumador, hasta el punto de que uno casi siente como si de las páginas emanara un penetrante olor a cordita.

Por extraño que parezca, el escritor ni ha sido militar ni procede de un entorno relacionado con el ejército. Según comenta en una entrevista, todos los conocimientos vertidos en Nueva York: Hora Z los obtuvo tras una larga y exhaustiva documentación, en busca de ese realismo que queda claro que ha logrado obtener sobradamente.

Si al magnífico estilo narrativo sumamos un tempo brioso (con momentos de gran tensión) y un buen número de personajes que enseguida se ganan la simpatía (o antipatía, en algún que otro caso) del lector, obtenemos una novela altamente disfrutable que se lee de un tirón. Además, tanto por extensión como por lo cinematográfico (en el mejor sentido) de la forma de narrar del autor, no me sorprendería nada ver una adaptación fílmica del libro cualquier día de estos.

Dilouie retornó al subgénero con The Infection, que tuvo una acogida tan buena como la novela que nos ocupa, y en breve publicará The Killing Floor, secuela de la anterior. Si Nueva York: Hora Z funciona tan bien como preveo en el mercado español, estoy convencido de que no tardaremos mucho en poder disfrutar con una de sus otras obras.

Reseña: El poder del perro, de Don Winslow

No es fácil escribir una pequeña reseña de un libro que te apasiona. La primera impresión que me dio al leer la sinopsis fue la de un thriller al uso, ambientado en la guerra del narcotráfico en México, sin embargo, esta novela es mucho más que eso. Cuando cada cierto tiempo ves truculentas noticias de una matanza en Ciudad Juárez o Tijuana o de cabezas cortadas de policías en medio de la calzada te preguntas porqué Mexico es desde hace décadas uno de los países más violentos del mundo. Las respuestas que te das son: droga, corrupción, pobreza y desigualdad, los intereses políticos…. pero sobre todo, la droga.

El poder del perro no es la primera novela que trata de este asunto, (Dog soldiers, de Robert Stone o La reina del sur de nuestro Pérez Reverte, por citar dos). Quizás el mérito de Winslow haya sido el de convertir los últimos 30 años de la historia del narcotráfico entre Sudamérica y EEUU en una novela policíaca, tomando personajes reales y cambiando los nombres. A medida que avanza el libro, el autor no deja de dar puñetazos de realidad al lector porque sabe que todo lo que está narrando de la boca de sus protagonistas ha pasado de verdad. Y de hecho está pasando. Son seres que están en el límite entre la vida desenfrenada de coches de lujo, jets privados y mansiones con zoo incluido, o acabar él y toda su familia con un tiro en la cabeza o con una corbata colombiana o algo peor…

Winslow nos zambulle en esta piscina de sangre de la mano del típico personaje de novela negra, Arthur Keller, un policía de la DEA, un americano idealista pero nacido en México y con una tenacidad implacable. Keller quizás sea el único personaje moralmente limpio en la novela, moral que tras décadas de combates, con muchas bajas inocentes, va medrando y va entendiendo que en realidad la miseria y la injusticia existen porque a los que mandan les interesa que exista. Pero lo realmente apasionante de este libro es convertir los cárteles mexicanos en toda una saga a la altura de El padrino. Tres décadas en las que familias y clanes hacen tratos, se traicionan y asesinan, todo por controlar el poder del negocio de la droga. El poder del perro, un perro cuyo amo final, y todos lo sabemos en el fondo, no es más que el Tío Sam y su mano ejecutora, la CIA.

La novela se desarrolla desde la óptica de varios personajes, algunos de ellos con la gran necesidad de redimirse, de salir de ese mundo infecto sanos y salvos (la prostituta, el asesino a sueldo irlandés…), otros auténticos empresarios de la maldad (Adán Barrera, Sal Scachi…) cuyo único fin es la supervivencia en una selva de tigres hambrientos: El poder del perro es una novela coral, con personajes realmente inolvidables. Winslow tiene una prosa ágil y a la vez detallada y muy cinematográfica. Hay escenas y diálogos que recuerdan a Tarantino, a Michael Mann, a Peckinpah o a Scorsese, con algunas frases lapidarias. Veo una influencia entre la meticulosidad de trama de Hammett y el delirio de Barry Gliford. Winslow sabe enganchar, escribe droga pura, nos mete un primer chute fuerte y nos sumerge cogidos por los huevos en un universo tan cruel y salvaje que solo la realidad lo puede igualar, y eso es lo verdaderamente terrorífico. Y advierto que hay escenas crudas y crueles, muy crueles.

Tras este libro he leído todo lo publicado por Winslow (salvo Satori) y pese a que son novelas entretenidas y bien escritas (El invierno de Frankie Machine), ninguna de ellas le llega a la suela de los zapatos a El poder del perro, considerada por algunos críticos como “la gran novela americana del narcotráfico mexicano”. Pero no quiero decir con esto no que no sea un thriller, empieza como un thriller y termina como un thriller, con unos últimos capítulos que me tuvieron con la adrenalina subida, de hecho uno de los grandes méritos de este libro es que el nivel no decae durante sus más de 700 páginas, y eso es muy, pero que  muy difícil de conseguir.

Winslow ha rechazado en más de una ocasión vender los derechos para hacer la película. En mi opinión sería imposible sintetizar todo lo que ofrece el libro en un largometraje, lo ideal sería una serie de la HBO (curiosamente he descubierto en Facebook una página que la reclama), y más después del éxito de la estupenda Breaking Bad. Podría ser una especie de Boardwalk empire del cartel mexicano o una The wire del mundo de la policía corrupta mexicana, la DEA y la mafia de la droga….en fin, seguiremos soñando.

Si buscas sensaciones fuertes, grandes personajes, saber como funcionan los cárteles de la droga en México y en definitiva leer un libro que te engancha y absorbe, esta es tu novela. Si sólo buscas un buen thriller ardiente como un plato de chile tras tanta nieve policíaca nórdica también. En definitiva, El poder del perro ha sido el mejor thriller que he leído en mucho tiempo. Sin duda, me sigue apasionando. No dejo de pensar en ella.

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